Leccion 1, Tema 1
En Progreso

II. La justificación es por gracia, no por la ley (4.9-17)

Ahora surge una importante pregunta: «Si la salvación es por fe, ¿qué sucede con la ley? ¿Qué hay con el pacto que Dios hizo con Abraham? Pablo responde señalando que la fe de Abraham y su salvación data de ¡catorce años antes de ser circuncidado! La circuncisión fue el sello del pacto, el rito que hacía del niño judío una parte del sistema de la ley. Sin embargo, Abraham, el «padre» de los judíos, ¡fue en efecto un gentil (o sea, incircunciso) cuando fue salvado! La circuncisión fue sólo una señal externa de una relación espiritual, como lo es el bautismo hoy. Ninguna ceremonia física puede producir cambios espirituales; no obstante, los judíos de los días de Pablo (como muchos «religiosos» de hoy) confiaban en las ceremonias (las señales externas) e ignoraban la fe salvadora que se les demandaba. Abraham es verdaderamente el «padre» de todos los creyentes, todos los que pertenecen a la «familia de la fe» (véase Gl 3.7, 29). Como Pablo destacó en Romanos 2.27–29, no todos los «judíos» son en realidad «el Israel de Dios».

En los versículos 13–17 Pablo contrasta la ley y la gracia, así como en los versículos 1–8 contrastó la fe y las obras. La palabra clave aquí es «promesa» (vv. 13, 14, 16). La promesa de Dios a Abraham de que sería «heredero del mundo» (v. 13: indicando el glorioso reino bajo el gobierno de la Simiente Prometida: Cristo) no se dio en conexión con la ley o la circuncisión, sino por la sola gracia de Dios. Léase de nuevo Génesis 15 y nótese cómo Abraham estaba «al final de su cuerda» cuando Dios intervino y le dio su promesa de gracia. ¡Todo lo que tenía que hacer era creer a Dios! La ley nunca fue dada para salvar a nadie; la ley nada más trae ira y revela el pecado. Anula por completo la gracia, así como las obras abrogarían la fe; las dos cosas no pueden existir juntas (vv. 14–15). ¿Cómo podía Abraham salvarse por una ley que aún no se había dado? Pablo concluye en el versículo 16 que la justificación viene por gracia, por medio de la fe; y así todas las personas, judíos o gentiles, pueden ser salvos. Abraham no sólo es el padre de los judíos, sino que es el «padre de todos nosotros», todos los que seguimos en sus pasos de fe. (Léase Gl 3.)

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