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Matrimonio y Familia

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  1. PRESENTACIÓN

    Sílabo
  2. LECCIONES
    01) El origen de la familia. Dr. Ed Wheat
    4 Temas
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    1 Cuestionario
  3. 02) La sexualidad en el matrimonio. Herbert J. Miles
    4 Temas
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    1 Cuestionario
  4. 03) La familia contemporánea. Howard Hendricks
    4 Temas
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    1 Cuestionario
  5. 04) La comunicación en el matrimonio. Guillermo D. Taylor
    3 Temas
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    1 Cuestionario
  6. 05) La disciplina en el hogar. Guillermo D. Taylor
    6 Temas
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    1 Cuestionario
  7. 06) Las finanzas en el hogar. Novios, solteros, ancianos y separados.
    7 Temas
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    1 Cuestionario
  8. EVALUACIÓN
    Calificaciones
Leccion 9, Tema 1
En Progreso

MISIÓN EVANGELIZADORA DE LA FAMILIA. Elvira Zukowski de Ramírez

En momentos en que muchas familias están en crisis o se ven amenazadas con su desintegración, los cristianos debemos redescubrir la responsabilidad que Dios asignó a este grupo humano para su feliz funcionamiento. Esta responsabilidad, que consiste en formar en cada integrante de la familia un cristiano genuino, no es otra cosa que la misión evangelizadora de la familia. El propósito de esta nota es precisamente reflexionar sobre el significado y las implicaciones de ese ministerio familiar.

Vemos ya desde el Antiguo Testamento que el propósito de Dios era que la familia fuera el principal foco evangelizador para sus integrantes. El mandamiento expresado en Deuteronomio 6:6 y 7 («Estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón y las repetirás a tus hijos…») no es sólo un mandato de enseñar una serie de reglas a nuestros hijos. Es eso, pero también mucho más. Si la ley de Dios estuviere en el corazón de los padres, como señala el v. 6, entonces la trasmisión será de corazón a corazón. La imagen de pasar algo de corazón a corazón nos sugiere que se trata de la transmisión de bienes espirituales a los hijos, lo cual es mucho más que la repetición verbal de un precepto.

El hecho de pertenecer a una familia cristiana no es garantía absoluta de que sus miembros serán definitivamente cristianos. Al llegar a la adultez cada hijo será libre para renovar su compromiso con Cristo de un modo más significativo o para escoger el camino que considere mejor. Pero también es cierto que pertenecer a la familia cristiana automáticamente nos coloca en una posición especial en el camino de la fe. Esta es la enseñanza de 1 Corintios 7:14: «Porque el marido es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.»

La presencia de padres cristianos en la familia confiere el carácter de «santos» a los hijos. Esto no significa que ellos estén exentos de un compromiso personal con Dios. Lo que aquí se enfatiza es que un hogar cristiano cumple un ministerio impactante sobre sus hijos. Al respecto se ha dicho en el Congreso Mundial de Evangelización: «Hay una gran diferencia entre un hogar cristiano y uno que no lo es; entre los hijos de los creyentes y los hijos de los incrédulos.» Es innegable que los hijos de hogares cristianos ya están en cierta manera iniciados en el camino de Jesucristo. Sus decisiones posteriores los reafirmarán o los alejarán.

Frente al fuerte énfasis que se ha puesto en una evangelización individualista es necesario reforzar el concepto de evangelización en familia. Esto no significa despersonalizar el encuentro con Cristo. Por el contrario, reconocemos que el compromiso personal con Dios es esencial para cada cristiano. Sin embargo, también reconocemos que si Dios nos creó y nos colocó en un contexto familiar para vivir, también quiere redimirnos juntamente con toda nuestra familia. Hechos 16:31 corrobora este énfasis familiar de la evangelización al decir: «Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo, tú y tu casa». Creemos que el terreno más propicio para fomentar el compromiso personal es precisamente la evangelización de la familia en su plenitud.

Entre los elementos de que dispone un hogar cristiano para cumplir su ministerio de evangelización podemos considerar:

  1. Clima afectivo

Existe una realidad que está tan presente en cada hogar como el aire que se respira y es la atmósfera creada por los que integran la familia. El carácter, los sentimientos, los principios y valores imperantes, el tipo de relaciones constituyen esta atmósfera que abarca a toda la familia y le da un carácter particular. Esta realidad es una vía por la cual la familia es evangelizada de un modo no menos fuerte que por la enseñanza consciente. No se trata de una actividad formal o planeada, sino de un impacto natural de la vida familiar sobre la de cada persona.

La familia es más sagrada que el estado, y los hombres fueron creados no para la tierra y el tiempo, sino para el cielo y la eternidad.

—Pío IX

Cuando se trata de una familia cristiana, ésta tiene (como cualquier otra) su atmósfera distintiva. Y es la calidad de esta atmósfera la que va a influir positiva o negativamente en su misión evangelizadora. Es cierto que el clima afectivo es creado por todos los integrantes del grupo familiar, pero la primera responsabilidad de imprimirle un carácter favorable para el desarrollo cristiano de los hijos recae generalmente sobre los padres.

El evangelio en la vida familiar se manifiesta básicamente en las relaciones interpersonales. Cuando estas relaciones están en crisis (por egoísmo, malentendidos, presiones externas u otros factores) es el poder de Cristo el que interviene reconciliando y restaurando esas relaciones.

La familia necesita un tiempo devocional para leer la Palabra y orar juntos. Pero más que estas actividades, lo que impacta en la vida cristiana en familia es el tipo de actitudes con que se relacionan diariamente sus miembros, o sea, el clima que se vive continuamente. Si las actitudes por lo general son tensas y no se produce la reconciliación, el momento devocional puede ser una experiencia frustrante y aun contraproducente.

Todas las situaciones del hogar enseñan el evangelio de un modo más contundente que cualquier tratado o curso sobre vida cristiana. Es en la vida familiar donde el niño descubre las respuestas a sus preguntas religiosas. Es en el modo en que es tratado por sus padres que percibe el amor de Dios hacia él. La manera en que los padres afrontan y resuelven los conflictos de pareja, las actitudes frente a las crisis económicas o afectivas, la valoración de las personas y de las cosas, la actitud positiva o negativa frente a la vida; son vivencias que se fijarán en cada hijo de un modo espontáneo pero definitivo.

  1. Enseñanza

La familia es la principal responsable por la educación cristiana de los hijos. Esta educación debe incluir todas las verdades bíblicas como la de que Dios en su Hijo Jesús mostró su gran amor al ser humano, que Él espera la respuesta del hombre, y que la persona que vive sin Dios necesita ser convertida por el poder del Espíritu Santo.

Cualquier verdad bíblica puede y debe ser enseñada a personas de todas las edades. El problema aparece cuando se practica la enseñanza con torpeza por desconocer principios básicos como la evolución mental y afectiva de las personas que atraviesan por diferentes edades. Una teología mal entendida consideraría a los niños como adultos en miniatura, esperando de su conducta una perfección que al mismo adulto le es imposible alcanzar. Esta insensibilidad lleva a conocer la conducta de un niño que miente aun cuando esté en la etapa en que la realidad y la imaginación se superponen. La misma falla se comete cuando se juzga mal a un adolescente que vive altibajos emocionales, típicos de su edad. «Una sana teología reconoce que Dios no demanda el mismo comportamiento a personas de diferentes edades. Dios no espera que los niños actúen como adultos; simplemente los acepta como niños que son y con la fidelidad que se puede esperar de un niño.»

Es indispensable que la educación evangelizadora en familia provea oportunidades para respuestas de cada uno de sus integrantes. La enseñanza de la Palabra de Dios siempre requiere una respuesta del hombre. El que enseña a su familia la Palabra de Dios y no busca intencionalmente respuestas personales, actúa como el labrador que echa la semilla y nunca vuelve a buscar el fruto.

Tan importante como dar lugar a respuestas o reacciones es también dejar claro en qué consiste cualquier tipo de decisión con la que se confronta a las personas. Sólo es válido aquel evangelismo que explica con claridad las implicaciones de cualquier respuesta de compromiso que asumirá la persona.

El tipo de respuesta dependerá de las diferentes edades, de las necesidades de cada persona y del mensaje de Dios que se haya presentado. No debemos esperar respuestas estereotipadas, pues Dios es el que hace la obra en las personas y Él puede actuar de modos no previstos por nosotros.

Basándonos en 2 Timoteo 3:15 («… desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús»), debemos reconocer que la enseñanza de la Palabra conduce a la salvación, se trate o no de una apelación al arrepentimiento y la fe. Por tanto podemos decir que «estamos evangelizando al enseñar las Escrituras y estimulando cualquier tipo de compromiso que requiera el pasaje enseñado.»

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