Día 3: ¿Dónde está Dios en mi maternidad? (La Sunamita)
Devocionales
Bienvenido nuevamente a nuestro hogar, he preparado una habitación para usted y su siervo. A lo que Eliseo responde: Muy agradecido, ¿hay algo que pudiera hacer por usted en gratitud? Giezi interrumpe al profeta y comparte el deseo de esta mujer de convertirse en madre. ¡Para el próximo año en esta fecha estarás abrazando tu hijo tan deseado! Ante la expresión de duda de la Sunamita, Eliseo reafirmó la promesa de vida en su vientre y la bendijo. Han pasado unos años y se revela que este niño estaba junto a su padre cuando sintió un inesperado y fuerte dolor de cabeza. Llevado a los brazos de su madre, este niño, pierde la vida.
Creo, que ha este momento del relato, necesitamos una explicación de Dios. ¿Cómo es posible que el niño muriera? ¿Dónde está Dios en la maternidad de la Sunamita? Sé, que al igual que yo, estás en una crisis pensando que esta mujer perdió a lo más sagrado. Murió su apreciado hijo. Fue en sus brazos que muere, qué momento tan difícil para esta madre. La Sunamita pensó que el Dios del profeta la había abandonado. Salió de su casa desesperada buscando respuestas. ¿Qué había sucedido? ¿Porqué Dios se olvido de su maternidad?
¿Has pensado que Dios se olvido de ti? Quizás sí, pudiéramos pensar que nuestras crisis maternales no son tan importantes para Dios. Que nuestro clamor por nuestros hijos no llegarán al cielo. Si has pensado algo similar, te entiendo, lo he pensado también. Pero la historia continúa.
Todo fue confuso, pero ninguno de los que estaban presentes se daban por vencido. Todos estaban a la expectativa del milagro que ocurriría en el niño. Su madre destrozada llena de dolor. ¿Y Eliseo? Eliseo orando pidiendo a Dios un milagro de vida. Hasta que unos estornudos irrumpieron en la habitación. “Mujer, te devuelvo tu hijo, lo entrego en tus brazos con vida”. ¡Algo asombroso acababa de suceder en la maternidad de esta amable mujer! Su hijo había vuelto a la vida.
Reflexionemos: Dios nunca se olvidó de la desesperación de la Sunamita. Dios trajo consuelo y respuesta. Recogió cada lágrima convirtiéndolas en alegría y salvación. Hermosa mamá, quiero recordar a tu débil corazón que Dios nunca se olvidará de ti. Él está atento a tu clamor. Dios está en tu maternidad. Siempre.
Lectura Bíblica
"En cierta ocasión, una mujer importante de Sunén invitó a Eliseo a comer en su casa. Y cada vez que Eliseo pasaba por allí, la mujer le insistía que se quedara a comer. A su marido le dijo: «¿Sabes de qué me he dado cuenta? ¡Pues de que este hombre que siempre pasa por nuestra casa es un santo varón de Dios! Debiéramos hacerle un pequeño aposento en la azotea, y poner allí una cama y una mesa, y una silla y un candelero, para que cuando pase por aquí pueda quedarse con nosotros.» Un día en que Eliseo pasó por allí, se quedó a dormir en ese aposento, pero le dijo a Guejazí, su criado: «Llama a la sunamita.» Guejazí la llamó, y cuando ella se presentó ante Eliseo, este, dirigiéndose a Guejazí, dijo: «Esta mujer ha sido muy amable con nosotros. Pregúntale qué quiere que haga yo en su favor. ¿Necesita que hable por ella al rey, o al general del ejército?» Y la mujer respondió: «En medio de mi pueblo, yo vivo como una reina.» Pero Eliseo insistió: «Entonces, ¿qué podemos hacer por ella?» Y Guejazí respondió: «Su marido ya es anciano, y ella no tiene hijos todavía.» Eliseo le ordenó entonces a su criado que la llamara. Guejazí la llamó y, cuando ella se detuvo en la puerta, Eliseo le dijo: «Dentro de un año, por estos días, tendrás un hijo en tus brazos.» Pero ella protestó: «¡No, mi señor, varón de Dios! ¡No te burles de esta sierva tuya!» Sin embargo, la mujer concibió y un año después, por el tiempo que Eliseo le había dicho, dio a luz un hijo. Y el niño creció. Pero un día que fue a ver a su padre, que andaba con los segadores, de pronto gritó: «¡Padre, mi cabeza! ¡Me duele la cabeza!» Enseguida el padre ordenó a uno de sus criados que lo llevara con su madre. El criado así lo hizo. Pero al mediodía, mientras el niño estaba sentado en el regazo de su madre, murió. Entonces ella subió al aposento del varón de Dios, lo puso sobre la cama, y cerrando la puerta salió de allí. Luego fue a llamar a su marido, y le dijo: «Te ruego que me prestes a uno de los criados y una de tus asnas. Quiero ir corriendo a ver al varón de Dios, para que regrese.» Pero su marido objetó: «¿Y para qué vas a verlo hoy? Si no es nueva luna, ni día de reposo.» Pero ella simplemente se despidió. Mandó aparejar el asna, y le dijo al criado: «¡En marcha! ¡Tú nos diriges! ¡Pero no me detengas en el camino, a menos que yo te lo ordene!» Y así, la mujer partió y se fue al monte Carmelo, donde estaba el varón de Dios. Y cuando este la vio a la distancia, le dijo a su criado Guejazí: «Aquí viene la sunamita. Hazme el favor de ir corriendo a recibirla, y pregúntale cómo está ella, y su marido y su hijo.» Ella respondió que estaba bien, pero en cuanto llegó al monte, donde estaba el varón de Dios, se arrojó a sus pies. Guejazí se acercó y trató de levantarla, pero el varón de Dios le dijo: «Déjala, que se encuentra muy amargada. Pero el Señor no me ha dicho qué es lo que pasa, sino que me ha encubierto el motivo.» Entonces ella dijo: «¿Acaso yo le pedí un hijo a mi señor? ¿No dije, más bien, que no te burlaras de mí?» Entonces Eliseo le dijo a Guejazí: «Cíñete la ropa, toma mi bastón, y ponte en marcha. Si te encuentras con alguien, no lo saludes, y si alguien te saluda, no le respondas. Al llegar, pon mi bastón sobre el rostro del niño.» Pero la madre del niño le dijo: «Juro por el Señor, y por tu vida, que no voy a dejarte aquí.» Entonces Eliseo se levantó y la siguió. Guejazí, que se había adelantado, llegó y puso el bastón sobre el rostro del niño; pero el niño no había dado señales de vida, así que Guejazí se había vuelto para encontrarse con Eliseo, y cuando lo encontró le dijo: «El niño no despierta.» Cuando Eliseo llegó a la casa, el niño yacía tendido sobre la cama, sin vida. Entonces Eliseo entró y cerró la puerta tras de sí, y oró al Señor. Luego, subió a la cama y se tendió sobre el niño, juntando boca con boca, ojos con ojos, y manos con manos. Así, se mantuvo tendido sobre el niño, hasta que el cuerpo del niño comenzó a entrar en calor. Luego Eliseo se levantó y comenzó a pasearse de un lado a otro de la casa, y después volvió a subirse a la cama, y se tendió otra vez sobre el niño; en ese momento el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos. Entonces Eliseo llamó a Guejazí, y le ordenó que llamara a la sunamita. Guejazí la llamó y, cuando ella entró, Eliseo le dijo: «Toma tu hijo.» La mujer entró y, sin levantar el rostro, se arrojó a los pies de Eliseo. Después de eso, tomó a su hijo y se fue." 2 Reyes 4:8-37 RVC
"Y Marta le dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero también sé ahora que todo lo que le pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.» Marta le dijo: «Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final.» Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?»" San Juan 11:21-26 RVC
Buenos dias !!!! Bendiciones a todos !!!!
Como hijas de nuestro Padre Celestial, y como hijas de Eva, todas somos madres y siempre lo hemos sido. Cada una tiene la responsabilidad de amar y guiar a la nueva generación. ¿Cómo aprenderán nuestras jóvenes a vivir como hijas de Dios si no ven lo que visten, ven y leen las mujeres de Dios; en qué pasamos el tiempo y enfrascamos nuestras mentes; cómo hacemos frente a la tentación y a la incertidumbre; dónde hallamos el verdadero regocijo, y por qué la modestia y la feminidad son características de la mujer recta? ¿Cómo aprenderán nuestros jovenes a apreciar a las mujeres de Dios si no les mostramos la virtud de nuestras virtudes?
Cada una de nosotras tiene la importante obligación de ser ejemplo de mujer recta, pues nuestros jóvenes pueden no verlo en ninguna otra parte.
Miremos a nuestro alrededor. ¿Quién necesita de nosotras y de nuestra influencia? Si en verdad queremos ejercer una influencia, lo lograremos al ser madres de aquellos a quienes hayamos dado a luz, o no y a quienes estemos dispuestas a enseñar con paciencia y amor. Si permanecemos cerca de nuestros jóvenes, es decir, si los amamos, en la mayoría de los casos se quedarán a nuestro lado, es decir, permitirán que los guiemos………………