Día 4: Soy una madre débil. (María, madre de Jesús)

Devocionales

Hijo, ¿saldrás otra vez? Madre ha llegado el tiempo, debo proclamar la verdad. Por lo menos podrías llevarte un poco de comida y agua. Claro, mamá. De esa manera, la madre de Jesús le despidió en la puerta extendiendo a su hijo amado un cálido y fuerte abrazo. Ella sabía que había comenzado el camino que lo llevaría a Su gran victoria. A la distancia le vio irse, cayó de rodillas y habló al Dios Padre; ¿porqué no puedo estar un tiempo más con él? Recuerda Padre Amado, soy una madre débil. 

No sé qué Dios pudo haber respondido a esa débil madre que conocía que su hijo cumpliría un propósito eterno. Probablemente Dios secó sus lágrimas y besó con ternura su cabeza, trayendo consuelo al corazón que ya debía desprenderse de su hijo Jesús. No debió ser fácil para María entregar su hijo a la mayor causa de vida, la salvación para toda la humanidad. María, madre débil, no paraba de orar y llorar por su hijo, pues conocía el futuro que le aguardaba. Ella sabía que su hijo sería su salvador y que para salvarla lo perdería.

Imagino la escena en la que Jesús caminaba hacia el Gólgota, el lugar que sería testigo de su muerte. Quizás, Jesús no alcanzaba a ver a su madre en medio de la multitud, pero ella no perdía su paso. Siempre estuvo cerca. No podía perderse ese momento tan terrible y a la vez glorioso. Su hijo iba camino a ofrecer su vida para regalar a todos la salvación. Ella, su madre débil, no dejaba de ver a su pequeño Jesús caminando a un lugar que con crueldad acabaría con su vida. 

Jesús, su hijo, bajó su rostro desfigurado logrando mirar a su madre llorosa y sin consuelo. Lleno de amor susurró “gracias madre por tu amor, tu entrega y sacrificio. Hoy cumpliré mi verdadero propósito, el eterno. Hoy obtendrás tu salvación. Yo no estaré lejos madre, te espero en el paraíso eterno”. Luego se escuchó un largo suspiro que terminó con el temblor que sacudió toda la región.

Reflexionemos: La maternidad de María fue extraordinaria y desde el inicio sabía que su hijo tenía un propósito mayor. Cada lágrima de profundo dolor nos hablaron alto de su abnegado amor. Ella sabía que nos salvaría, pero para salvarnos perdería a su amado Jesús.

Lectura Bíblica

"Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando Jesús vio a su madre, y vio también presente al discípulo a quien él amaba, le dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Y al discípulo le dijo: «Ahí tienes a tu madre.» Y a partir de ese momento el discípulo la recibió en su casa." San Juan 19:25-27 RVC
"En ese momento Jesús clamó a gran voz, y dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.» Y después de haber dicho esto, expiró." San Lucas 23:46 RVC
"Cuando Jesús probó el vinagre, dijo: «Consumado es»; luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu." San Juan 19:30 RVC
"Pero Jesús, después de clamar nuevamente a gran voz, entregó el espíritu. En ese momento el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se partieron" San Mateo 27:50-51 RVC

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Simplifica

Tenemos vidas complicadas. Cada vez es más desafiante acomodar nuestros tiempos en una agenda repleta de compromisos. Cada vez nos cuesta más cumplir con las responsabilidades, agradar a todos. Cada vez es más difícil llegar a horario y parecería que las horas pasan más rápido.

Lo que más me sorprende es que en medio de esta pandemia, parecería que estamos más ocupados que antes.

Comentarios

  1. Quedarás encinta y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. —Aquí tienes a la sierva del Señor —contestó María—. Que él haga conmigo como me has dicho. Con esto, el ángel la dejó.

    Lucas 1:31‭, ‬38 

    Que podamos ser de carácter dócil, como María.Y aceptar Su voluntad, que siempre es buena, agradable y perfecta.