Contradicciones
Entre tanto, cada uno decĆa a su compaƱero: Ā«Venid y echemos suertes, para que sepamos quiĆ©n es el culpable de que nos haya venido este malĀ». Echaron, pues, suertes, y la suerte cayó sobre JonĆ”s. Entonces ellos le dijeron: ExplĆcanos ahora por quĆ© nos ha venido este mal. ĀæQuĆ© oficio tienes y de dónde vienes? ĀæCuĆ”l es tu tierra y de quĆ© pueblo eres? Ćl les respondió: Soy hebreo y temo a JehovĆ”, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra.( JonĆ”s 1.7ā9)
Como vimos en el devocional de ayer, cuando Dios quiere hablarnos, lo puede hacer usando cualquier instrumento que Ć©l escoja. Aun en una cosa tan mundana como el echar suertes, el SeƱor puede dirigir todas las cosas para que salgan conforme a su perfecta voluntad. Los marineros, totalmente carentes de discernimiento, llegaron a la Ā«conclusiónĀ» de que el mal que vivĆan era por culpa de JonĆ”s y lo interrogaron acerca de su situación.
Quisiera detenerme un instante en la respuesta de JonĆ”s: Ā«Soy hebreo, y temo a JehovĆ”, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierraĀ». El diccionario bĆblico define la palabra Ā«temorĀ» como una actitud de respeto, reverencia y adoración. El tĆ©rmino se usa para describir una postura de sumisión a una figura que tiene mayor autoridad que la de uno mismo. Por esta razón, el temor normalmente va de la mano de la obediencia, porque cuando este ser superior habla, sus palabras tienen un peso que las ubica por encima de cualquier consideración personal.
Se pueden decir muchas cosas de JonĆ”s. Hay una cosa, sin embargo, que podemos afirmar sin temor a equivocarnos: no era, Ā”ni por casualidad!, un hombre que temĆa a Dios. En su declaración, no solamente dice que lo teme, sino que reconoce que Ć©l hizo el mar y la tierra.
¿Cómo puede un hombre, que afirma que Dios es el creador de todas las cosas, estar arriba de un barco intentando huir de la presencia del que hizo el mismo mar en el cual navega? ”Es absurdo!
La declaración de JonĆ”s revela la clĆ”sica contradicción que existe entre las palabras y los hechos de quienes creen solamente con la cabeza. El profeta, como buen israelita, tenĆa todas las respuestas correctas memorizadas. QuizĆ”s hasta se las compartĆa a sus vecinos o compaƱeros de trabajo y se las enseƱaba a sus hijos. Proclamaba su compromiso con estas verdades, pero su vida mostraba que en su corazón habĆa otros principios en juego.
Muchas veces nosotros tambiĆ©n hemos transitado por este camino, afirmando el valor de las verdades eternas de Dios, pero viviendo conforme a nuestros principios personales. Esta incongruencia, en los mĆ”s sensibles, siempre va acompaƱada de cierta vergüenza. Al igual que el apóstol Santiago, exclamamos: Ā«Hermanos mĆos, esto no debe ser asĆĀ» (3.10).
Para pensar:
ĀæCuĆ”les son las Ć”reas de su experiencia espiritual donde nota que sus palabras no coinciden con sus actos? ĀæQuĆ© pasos puede tomar para acortar la distancia entre lo que dice y lo hace? Tome un momento y pĆdale al SeƱor que Ć©l trabaje en su vida para que lo que cree con la mente se instale tambiĆ©n en su corazón.
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.
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