Correr Livianos
Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojƩmonos tambiƩn de todo peso y del pecado que tan fƔcilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. (Hebreos 12.1) (LBLA)
La analogĆa que estĆ” usando el autor de Hebreos para ayudarnos a entender las dinĆ”micas de la vida cristiana, es la de una maratón, una carrera excesivamente larga que tiene una distancia de unos 42 km. Deja varias recomendaciones acerca de cuĆ”l es la forma en que mejor se puede correr esta carrera. En el devocional de hoy queremos concentrarnos en la exhortación a despojarnos Ā«de todo pesoĀ».
Si usted tuviera la oportunidad de correr en una maratón, o de ver la filmación de una carrera, podrĆa comprobar que los corredores profesionales corren con un mĆnimo de peso. Su ropa es de material ultraliviano. Su calzado ha sido especialmente diseƱado para esta prueba, y pesa apenas 250 gramos. Algunos corredores hasta corren descalzos, para evitar el peso del calzado. Pocos atletas profesionales cargan con algĆŗn elemento adicional durante la carrera. La razón para una actitud tan radical en cuanto al equipamiento es clara: si usted va a correr una distancia tan larga, no va a querer cargar con mĆ”s que lo absolutamente esencial para llegar a la meta. Todo peso adicional se volverĆ” como piedra a medida que avanzan los kilómetros. En la antigua Grecia, los corredores corrĆan desnudos.
Cuando Cristo le dio instrucciones a los discĆpulos, antes de enviarles a predicar de dos en dos, tambiĆ©n les exhortó a que viajen livianos: Ā«No llevĆ©is oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni alforja para el camino, ni dos tĆŗnicas, ni calzado, ni bordón, porque el obrero es digno de su alimentoĀ» (Mt 10.9ā10). Los desanimó a la tendencia natural del hombre de asegurarse, con la acumulación de cosas, su bienestar personal. En su lugar, les dijo que debĆan llevar poco para el viaje y confiar en que el buen Padre celestial proveerĆa en el camino todo lo necesario para sustentarlos.
En nuestro versĆculo de hoy, el autor usa la misma palabra para Ā«pesoĀ» que se emplea para la mujer embarazada. La mujer, cuando ya ha entrado en un estado avanzado de embarazo, se mueve con lentitud e incomodidad. El tamaƱo de su vientre impide que sea Ć”gil o rĆ”pida. La ilustración es excelente para entender a quĆ© se refiere cuando nos exhorta a Ā«despojarnos de todo pesoĀ». Nos estĆ” animando a desechar todo bagaje adicional, todas aquellas cosas que estorban y entorpecen nuestro andar en Cristo. Hay muchas cosas que nos son lĆcitas, pero que tambiĆ©n agregan complicaciones a nuestra vida.
El obrero sabio sabe distinguir entre las cosas que son realmente necesarias para su ministerio, y las cosas que son interesantes pero que, eventualmente, serƔn un estorbo para la tarea por delante. TendrƔ que usar disciplina para escoger lo bueno, y darle la espalda a cosas que otros consideran indispensables. Con el ojo puesto siempre en la meta, serƔ disciplinado en mantenerse libre de todo lo que lo atrape innecesariamente.
Para pensar:
El desafĆo aquĆ no estĆ” en escoger entre lo bueno y lo malo, sino entre lo necesario y lo innecesario. Algo bueno, puede ser innecesario para el cumplimiento de nuestra vocación, tornĆ”ndose un peso extra que nos estorbarĆ” en la carrera.
Tomado con licencia de:
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.
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