El pecado de sodoma
Vivo yo, dice JehovĆ”, el SeƱor, que tu hermana Sodoma y sus hijas no han hecho como hiciste tĆŗ y tus hijas. Esta fue la maldad de Sodoma, tu hermana: soberbia, pan de sobra y abundancia de ocio tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del necesitado. (Ezequiel 16.48ā49)
Resulta de mucho provecho leer los comentarios que hacen diferentes autores de la Biblia sobre eventos históricos. Muchas veces añaden a nuestra perspectiva alguna dimensión que no encontramos en el relato original de los eventos. Tal es el caso del Salmo 78, por ejemplo, que nos provee un comentario sobre la salida de los israelitas de Egipto y su conflictivo paso por el desierto. Del mismo modo, en el texto de hoy, encontramos un interesante comentario sobre la destrucción de Sodoma, que complementa el relato original de Génesis.
Si yo pudiera preguntarle a una persona dentro del Ć”mbito de la iglesia cuĆ”l fue la razón por la que Dios destruyó las ciudades de Sodoma y Gomorra, estoy seguro que la mayorĆa me darĆa una respuesta similar: El SeƱor terminó con aquellos dos poblados por causa del profundo deterioro moral en el que habĆan caĆdo, con prĆ”cticas sexuales que aĆŗn hoy resultan detestables.
Esta decadencia es lo que estaba a la vista, pero el profeta Ezequiel ni siquiera la menciona en el texto de nuestro devocional. Creo que la razón es clara: las prĆ”cticas abominables en que habĆan caĆdo no eran la causa de su problema, sino el sĆntoma. Es decir, la entrega desenfrenada a una vida de placer era el resultado de otras falencias mucho mĆ”s serias, las cuales estĆ”n mencionadas en este pasaje. El profeta identifica cuatro aspectos de la vida de los habitantes de aquellas ciudades, que nos dan interesantes pistas acerca de la esencia del problema que enfrentaban.
En primer lugar, afirma que ellos tuvieron abundancia de pan. Hemos de entender por esto que Dios los bendijo abundantemente con bienes materiales; gustaron de la prosperidad como fruto del trabajo de sus manos. Junto a la prosperidad, sin embargo, llegaron dos actitudes tĆpicas de los que mucho tienen: la soberbia y el ocio. El orgullo es el resultado de creer que lo que hemos conseguido ha sido por la astucia y las habilidades propias. No existe ningĆŗn reconocimiento de la bondadosa provisión del AltĆsimo en ese estado de bienestar que disfrutamos. El ocio resulta cuando se tienen tantas riquezas que ya no hace falta trabajar para seguir ganĆ”ndose el pan de cada dĆa. La persona comienza a buscar la forma de divertirse, gastando la abundancia que posee.
Ezequiel seƱala que no siguieron el camino que Dios desea para aquellos que han alcanzado la prosperidad, que es bendecir a los que no tienen. Los habitantes de Sodoma no se ocuparon del afligido ni del necesitado. De este modo, queda al descubierto el verdadero problema de ellos: no supieron administrar con sabidurĆa todo lo bueno que habĆan recibido de la mano del SeƱor. Habiendo rechazado la inversión en otros, se volcaron hacia una vida de egoĆsmo absoluto.
Para pensar:
Dios nunca bendice exclusivamente para nuestro bienestar. Lo que recibimos tiene un destino comunitario, y deber servir para bendecir la vida de muchos. Esta es la esencia de nuestro llamado.
Tomado con licencia de:
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.0000
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