Fomentar el cambio
Aquel mismo dĆa el faraón dio esta orden a los cuadrilleros encargados de las labores del pueblo y a sus capataces: De aquĆ en adelante no darĆ©is paja al pueblo para hacer ladrillo, como hasta ahora; que vayan ellos y recojan por sĆ mismos la paja. Les impondrĆ©is la misma tarea de ladrillo que hacĆan antes, y no les disminuirĆ©is nada, pues estĆ”n ociosos. Por eso claman diciendo: Ā«Vamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro DiosĀ». (Ćxodo 5.6ā8)
La respuesta del faraón al pedido de MoisĆ©s y Aarón no fue para nada alentadora. Ā”Todo lo contrario! No solamente los expulsó del palacio, sino que tambiĆ©n impuso una carga de trabajo absolutamente insoportable sobre los israelitas, quienes ya trabajaban en condiciones de gran dificultad. Ahora, debĆan producir la misma cantidad de ladrillos que antes, pero los egipcios ya no les proveerĆan la materia prima para hacerlo. Como era de prever, la reacción del pueblo hacia MoisĆ©s y Aarón se tradujo en un airado reproche. Las cosas ya habĆan estado mal antes de que llegaran estos dos para interceder por ellos. Ahora, sin embargo, estarĆan en una situación diez veces peor que la anterior. Frente a la condena unĆ”nime los dos lĆderes quedaron completamente aislados.
Quien estudia con cierto detenimiento la historia del pueblo de Israel durante este perĆodo, incluyendo su infortunado paso por el desierto, no puede dejar de observar las veces que los israelitas creyeron que hubieran estado mejor en Egipto. Frente a cada dificultad y obstĆ”culo, la gente miraba para atrĆ”s y se acordaba de lo Ā«bienĀ» que habĆan estado en la tierra de su esclavitud.
Si tenemos en cuenta esta inclinación en ellos, podemos entender por qué el Señor permitió que la situación de los israelitas se deteriorara tan marcadamente luego de la intervención de Moisés y Aarón. Dios estaba preparando a su pueblo para el cambio.
Muchas veces estamos en situaciones muy negativas. Pero una tendencia arraigada en los seres humanos nos lleva a aceptar con resignación nuestras circunstancias. Un dicho popular lo resume todo: «MÔs vale malo conocido que bueno por conocer». Dejamos de luchar y soñar por algo mejor. Nos abandonamos a la vida. Renunciamos hasta a la esperanza del cambio, y bien sabemos que cuando se ha perdido la esperanza, se ha perdido todo.
Ā”Lo increĆble es que aun cuando hemos perdido la esperanza, nuestro Dios sigue luchando por nosotros! Recae sobre Su persona el enorme desafĆo de movilizar a quienes ya no tienen interĆ©s en moverse, ni en salir de su situación. ĀæCómo lo logra, entonces? Interviniendo de tal manera que nuestras circunstancias se deterioren aĆŗn mĆ”s, hasta que el grado de incomodidad se torne intolerable y comencemos a desear el cambio. A veces, Ā”esta es la Ćŗnica manera de movilizar a los que se han hundido en el pozo de la resignación!
Para pensar:
Alguien ha observado que una «dificultad es, con frecuencia, una oportunidad no reconocida». ¿Cómo reacciona usted frente a las dificultades? ¿Qué cosas puede hacer para buscar en ellas las oportunidades que le traen? Propóngase crecer y avanzar en medio de las situaciones de crisis. ”Bien puede ser que el que haya provocado la crisis sea Dios mismo!
Tomado con licencia de:
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.
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