L apresencia de Dios
Manoa supo entonces que era el Ôngel de JehovÔ, pues no se les volvió a aparecer ni a él ni a su mujer. Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque hemos visto a Dios. (Jueces 13.21)
No deja de asombrarme la enorme diferencia que existe entre la respuesta a las manifestaciones divinas que encontramos en la Palabra, y las supuestas manifestaciones que nosotros experimentamos en nuestras reuniones semanales. La respuesta de Manoa, en el texto de hoy, es tĆpica del personaje bĆblico, especialmente en el Antiguo Testamento. Luego de que Dios luchó con Jacob durante toda una noche, el patriarca exclamó, asombrado: Ā«Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi almaĀ» (Gn 32.30). De igual manera, cuando Gedeón entendió que habĆa sido visitado por el Ć”ngel de JehovĆ”, dijo: Ā«Ah, SeƱor JehovĆ”, he visto al Ć”ngel de JehovĆ” cara a cara. Pero JehovĆ” le dijo: La paz sea contigo. No tengas temor, no morirĆ”sĀ» (Jue 6.22). AsĆ tambiĆ©n ocurrió con el apóstol Juan, en Apocalipsis. Cuando contempló al SeƱor, cayó como muerto a sus pies (1.17).
Estos no son mÔs que algunos de los muchos ejemplos que encontramos en la Palabra de personas que tuvieron un encuentro dramÔtico con la persona de Dios. En todos los casos, sin excepción, vemos que el terror se apoderó de ellos.
En nuestro medio prĆ”cticamente no pasa una reunión en la cual no pidamos a Dios que se manifieste, que descienda fuego del cielo o que caiga sobre nosotros el EspĆritu Santo. En aquellos encuentros de alabanza donde la combinación de mĆŗsica y canciones es del gusto particular del que dirige, este proclama que se Ā«sienteĀ» la presencia de Dios, o que el SeƱor estĆ” en medio de nosotros. No obstante, no debemos olvidar que las visitaciones del AltĆsimo en la Palabra siempre fueron recibidas con profundo espanto por aquellos que estaban presentes.
¿Qué es lo que nos distingue a nosotros, para que nuestra experiencia de la presencia de Dios sea tan gratificante y placentera? Creo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que lo que nosotros llamamos «presencia» de Dios no es mÔs que una serie de sensaciones agradables en un momento de ejercicio espiritual. El hecho de que nosotros cataloguemos de espiritual una particular experiencia en nuestras vidas no indica para nada que dicha vivencia tenga matices sobrenaturales.
Las manifestaciones sobrenaturales en la Palabra tienen un carÔcter enteramente diferente a las nuestras. Observamos en la Biblia que, casi sin excepción, las personas que fueron visitadas no estaban buscando una visitación por parte de Dios. Aquellos que recibieron semejante manifestación fueron profundamente conscientes, en ese momento, de su absoluta pequeñez frente a la persona de Dios. No fue una experiencia placentera sino, mÔs bien, un encuentro traumÔtico.
Para pensar:
ĀæNo serĆ” apropiado, entonces, revestirnos de cierta cautela a la hora de acercarnos a Dios? ĀæQuiĆ©n de nosotros realmente entiende su mover? ĀæDe dónde surgen estos expertos que declaran con tanta confianza que Su Ā«presenciaĀ» estĆ” en medio de nosotros? Tanta Ā«familiaridadĀ» con la persona de Dios siempre me deja con cierta sensación de vergüenza. Ā”En cuanto a mĆ, prefiero que no sea tan obvia mi ignorancia!
Tomado con licencia de:
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.0000
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