La esperanza del olvidado
Entonces el faraón envió a llamar a JosĆ©; lo sacaron apresuradamente de la cĆ”rcel, se afeitó, mudó sus vestidos y vino ante el faraón. El faraón dijo a JosĆ©: Yo he tenido un sueƱo, y no hay quien lo interprete; pero he oĆdo decir de ti que oyes sueƱos para interpretarlos. GĆ©nesis 41.14ā15
En los aƱos que Dios me ha concedido servirle en el ministerio de la consejerĆa me he cruzado muchas veces con obreros frustrados, especialmente entre los jóvenes. La historia de cada uno, aunque posee detalles particulares de la persona, siempre posee matices similares. Ā«Yo quisiera estar desarrollando mi ministerio dentro de la iglesia, pero los lĆderes no me dan ningĆŗn tipo de apoyoĀ». En la perspectiva de esta persona, su acceso al ministerio estĆ” bloqueado por aquellos que, por alguna razón, impiden que avance hacia su realización.
Si esta convicción fuera acertada, quisiera hacerle una pregunta: ĀæquĆ© posibilidades habĆa de que JosĆ©, que yacĆa olvidado en una cĆ”rcel egipcia, no siendo mĆ”s que un insignificante esclavo, pudiera avanzar hacia algĆŗn proyecto personal y significativo? Descartemos, de entrada, que pudiera lograr alguna mejora en su situación por su propia acción. NingĆŗn preso tiene posibilidad de mejorar su propia situación, salvo en los insignificantes detalles de la vida misma dentro de la cĆ”rcel. La ayuda que JosĆ© necesitaba tendrĆa que llegar desde afuera, pero ĀæquiĆ©n iba a acodarse de un esclavo hebreo que habĆa sido condenado por tan poderosa persona como Potifar? Ā”JosĆ© habĆa, literalmente, dejado de existir para el mundo!
QuizĆ”s usted capte lo absolutamente inĆŗtil que parece la situación de JosĆ©. AsĆ tambiĆ©n parecen nuestras opciones en la vida cuando vemos que, por dondequiera que deseamos avanzar, nuestro camino parece estar bloqueado. A diferencia de Ć©l, sin embargo, es muy fĆ”cil que nos enfoquemos en aquellos que son los aparentes responsables de nuestra frustración. Comenzamos a albergar en nuestros corazones sentimientos de resentimiento y enojo hacia ellos. De no ser por la actitud mezquina que ellos demuestran, seguramente nosotros podrĆamos estar en una situación mucho mejor que la presente.
PermĆtame expresar en una frase el principio que el texto de hoy nos revela: el que abre y cierra las puertas de la oportunidad es el SeƱor. NingĆŗn hombre puede detener su accionar cuando Ć©l ha decidido ubicar a uno de sus hijos en algĆŗn lugar de responsabilidad dentro de la iglesia, la empresa, o el lugar donde llevamos a cabo nuestra labor cotidiana. PodrĆamos languidecer en una cĆ”rcel, olvidados para el mundo, mas cuando JehovĆ” pone sobre nosotros sus ojos, nadie puede detener el avance de nuestras vidas. No cometa el error de creer que existe alguien sobre la faz de la tierra que posea este mismo poder. Solamente el SeƱor crea las oportunidades que necesitamos para avanzar a la plenitud de sus proyectos.
ĀæCuĆ”l debe ser, entonces, nuestra actitud? No debemos atacar a quienes no tienen la autoridad final de lo que pasa en nuestras vidas. Ellos poseen las mismas limitaciones que nosotros. MĆ”s bien hemos sido llamados a esperar el tiempo de Dios, aquel momento en que llega un mensajero del faraón para llevarnos delante de prĆncipes y gobernadores. Mientras tanto, imitemos a JosĆ©: seamos los Ā«prisionerosĀ» ejemplares en el lugar donde nos encontramos hoy.
Para pensar:
Cuando Dios se detiene, nadie lo puede mover. Cuando Dios se mueve, nadie lo puede detener.
Tomado con licencia de:
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.0000
Comentarios