Medidas radicales
Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y Ć©chalo de ti: mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser arrojado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sĆ”calo y Ć©chalo de ti: mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego. (Mateo 18.8ā10)
La Palabra nos da al menos dos claros procedimientos para resolver el tema del pecado en nuestras vidas. Uno de ellos se refiere a lo que podrĆamos llamar Ā«pecados ocasionalesĀ». Estos pecados son comunes a todas las personas y en los mismos ocasionalmente tambiĆ©n caemos nosotros. Quien estĆ” espiritualmente atento a lo que estĆ” pasando en su vida podrĆ” detectar el nacimiento de un pensamiento que invita al pecado. El apóstol Pablo afirma que para andar en obediencia es necesario tomar estos pensamientos cautivos. Es decir, debemos Ā«arrestarĀ» el pensamiento mientras aĆŗn se estĆ” formando y colocarlo a los pies de Cristo, reafirmando que estamos bajo Su seƱorĆo.
El texto de hoy se refiere a una segunda categorĆa de pecados, aquellos que podrĆamos llamar pecados Ā«habitualesĀ». Estos son los pecados que ya se han instalado en forma permanente en nuestras vidas. Nos encontramos atrapados en un cĆrculo vicioso que no produce ninguna solución definitiva a nuestro problema. Caemos en pecado, lo confesamos, hacemos votos de nunca mĆ”s cometer ese pecado, pero al poco tiempo estamos otra vez en la misma situación.
Cristo es radical con este tipo de situaciones. Nos dice que donde ya no existe la posibilidad de vencer por medio del dominio propio, porque el dominio propio es muy débil en determinada Ôrea, entonces debemos adoptar una postura mÔs tajante. Debemos extirpar de nuestras vidas aquella actividad, circunstancia o situación que continúa alimentando un hÔbito pecaminoso.
PermĆtame ilustrar esto. Supongamos que a un joven le apasiona el fĆŗtbol. Cada vez que juega, sin embargo, pierde los estribos y entra en comportamientos de agresión violenta contra sus hermanos. Ya ha confesado muchas veces su pecado, como tambiĆ©n pedido perdón a los involucrados. Pero siempre vuelve a caer. ĀæCuĆ”l es la solución que propone Cristo? Que deje de jugar al fĆŗtbol hasta que pueda adquirir el dominio propio para jugar sin deshonrar al SeƱor.
La misma realidad podrĆa aplicarse al que mira mucha televisión, o al que es muy discutidor o a la persona que no puede controlar sus gastos. En cada caso, el camino de la resistencia no darĆ” resultados. Lo que hace falta es un remedio mĆ”s radical. Evitar la situación particular que nos lleva a caer una y otra vez en ese pecado.
El pecado no es asunto para tomar con liviandad. Cuando no se lo corrige, va empañando nuestra visión y endureciendo nuestro corazón para, eventualmente, como señala el apóstol Santiago, producir en nosotros la muerte (1.15). Para semejante mal solamente servirÔn decisiones que dan un corte definitivo al problema. Es mejor perderse algunas cosas en esta tierra y tener amplia entrada en los cielos.
Para pensar:
«Es mejor morirse de hambre que ir a pedirle comida al diablo». TomÔs Watson.
Tomado con licencia de:
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.
Comentarios