Oraciones de emergencia

Pero JehovÔ tenía dispuesto un gran pez para que se tragara a JonÔs, y JonÔs estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches. Entonces oró JonÔs a JehovÔ, su Dios, desde el vientre del pez. (JonÔs 1.17, 2.1)

Muchos de nosotros tenemos una vida de oración que podría bien estar acompañada de un cartel que diga: «”úsese solamente en casos de emergencia!» Son estas las oraciones que se elevan cuando la crisis ha llegado a tal estado que ya no nos queda otra salida que mirar hacia los cielos y clamar que Dios intervenga. En su misericordia, él muchas veces responde, pero nosotros no recibimos otra cosa que eso: una respuesta a nuestro problema.

Pensar en la oración en estos términos es tener una perspectiva muy limitada acerca de este aspecto sagrado de la vida espiritual. Es, sin embargo, un concepto arraigado en nosotros. El resultado es que nuestras oraciones se asemejan a la lista que elaboramos cuando vamos de compras. Elevamos nuestros pedidos al cielo y luego seguimos por nuestro camino.

Ā«La verdadera oraciónĀ», decĆ­a el gran San AgustĆ­n, Ā«no es otra cosa que el amorĀ». Sobre este tema Richard Foster, en su libro La oración, escribe: Ā«Hoy el corazón de Dios es una herida abierta de amor. Ɖl se duele por nuestra distancia y nuestras preocupaciones. Se lamenta que no nos acercamos a Ć©l. Se lamenta porque nos hemos olvidado de Ć©l. Llora por nuestra obsesión con lo mucho. Anhela nuestra presenciaĀ».

Estas frases nos acercan a lo que es la verdadera naturaleza de la oración. ĀæPiensa que la Ćŗnica razón por la que JesĆŗs se apartaba con frecuencia a lugares solitarios era para pedir cosas de Dios? Claro que no, Āæverdad? Necesitaba disfrutar de esa amistad transformadora que resulta de los momentos de intimidad con el Padre, y que son mediados por la oración. Seguramente por esta razón los discĆ­pulos se acercaron y le pidieron que les enseƱara a orar (Lc 11.1–11). No es que no sabĆ­an elevar peticiones a Dios, sino que carecĆ­an de entendimiento acerca del verdadero misterio que llamamos oración. DiscernĆ­an en Cristo una dimensión espiritual en la vida de Ć©l, que faltaba en ellos.

”Qué fÔcil es para nosotros, sumergidos en la vorÔgine del ministerio, convertir la oración en una lista de peticiones para sacarnos de apuros! El Señor, sin embargo, nos invita a ingresar a otra clase de experiencia. Por esta razón Jesús decía que, cuando oramos, debemos encerrarnos en nuestro cuarto interior (Mt 6.6). Nadie cierra la puerta de su habitación si tiene intención de salir al minuto de haber entrado. MÔs bien, Cristo vislumbraba un tiempo de intimidad con el Padre en el cuÔl el resultado principal era que él nos transformaba a nosotros por medio de nuestras oraciones. ”Todos necesitamos caminar por este camino!

Para pensar:

¿Se anima a hacer suya esta oración?: «Oh mi Dios, Trinidad que adoro, ayúdame a desentenderme por entero de mí mismo, para instalarme en ti, inmóvil y pacífico, como si mi alma residiera ya en la eternidad. Que nada pueda perturbar mi paz ni desligarme de ti, Oh mi Inmutable, y que a cada minuto me hunda mÔs profundamente en tu Misterio. Amén.» I. Larrañaga.

Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.

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