Servicio sin preferencias

Luego puso agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla con que estaba ceñido. (Juan 13.5 )

QuizĆ”s en algĆŗn momento de su vida usted se ha sentido avergonzado por algĆŗn acto de servicio por parte de alguna persona cercana a usted. Se sentĆ­a avergonzado porque usted consideraba que no era digno de lo que estaba recibiendo. Si este es su caso, podrĆ” entender cómo se habrĆ”n sentido los discĆ­pulos en el momento en que JesĆŗs se inclinó y comenzó a lavarles los pies. Imagine lo incómodos que se habrĆ”n sentido al ver al Maestro realizando un servicio que normalmente estaba en manos del mĆ”s despreciado miembro de la casa, el sirviente. Una vez mĆ”s, Cristo los descolocaba con comportamientos absolutamente diferentes a los parĆ”metros conocidos en la Ć©poca. 

No es en este acto, sin embargo, que me quiero detener. La reflexión de hoy gira alrededor de algo que estĆ” implĆ­cito en el texto. Cristo ya sabĆ­a quiĆ©n era el que lo iba a traicionar. Sin embargo, al lavarle los pies a los discĆ­pulos, Juan no nos dice que salteó a Judas. Con el mismo cariƱo y la misma ternura, le lavó los pies a cada uno de sus discĆ­pulos, incluyendo al que lo iba a traicionar. 

Es en este gesto que vemos la mĆ”s profunda expresión del amor del Hijo de Dios. Nos cuesta amar y servir a las personas que no nos caen bien. Amar y servir a los que nos hacen mal, es una sublime expresión del poder que tiene la gracia de Dios para derretir sentimientos de rencor o amargura hacia nuestros enemigos. 

En este gesto Cristo ilustraba los parĆ”metros establecidos por la Palabra de Dios para toda manifestación de amor. Ɖl mismo habĆ­a enseƱado: Ā«Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen, para que seĆ”is hijos de vuestro Padre que estĆ” en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustosĀ» (Mt 5.44–45). Su acto de servicio revela la verdadera dimensión del compromiso con las personas que estaba formando.Ā 

Existe entonces, en esta escena, un principio importante para nuestras vidas como lĆ­deres. En la mayorĆ­a de las congregaciones siempre hay un grupo de personas que se resisten a nuestro ministerio. Una de las mejores maneras de asegurarnos que sus actitudes no produzcan profundos sentimientos de amargura en nosotros es escogiendo el camino del amor, expresado en gestos de servicio hacia ellos. Es posible que nuestro servicio no modifique sus actitudes. No obstante, una cosa es segura: serĆ” imposible para nosotros seguir albergando en nuestros corazones sentimientos de odio o rencor hacia estas personas. El servicio que realizamos irĆ” purificando nuestro espĆ­ritu y limpiando toda impureza, para que pueda habitar plenamente en nosotros el amor de Dios. Bendiga a los que le hacen mal, y observe cómo la gracia de Dios se manifiesta poderosamente en su propia vida. 

Para pensar:

«Así que, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber, pues haciendo esto, harÔs que le arda la cara de vergüenza» (Ro 12.21). 

Tomado con licencia de:

Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.

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