Sorprendido por Cristo
Por tanto, dejando las enseƱanzas elementales acerca de Cristo, avancemos hacia la madurez. Hebreos 6.1 (LBLA)
Para el judĆo en tiempos de Cristo, de los personajes despreciables que podĆan ser parte de la sociedad en que vivĆa, ninguno era tan odioso como el publicano. El cobrador de impuestos tenĆa tres caracterĆsticas por las cuales era particularmente repugnante: 1) colaboraba con el enemigo que ocupaba Israel, 2) permanentemente estaba en contacto con los gentiles y 3) era notablemente corrupto en la administración de las riquezas. Zaqueo, en su rol de jefe de publicanos, no solamente cobraba impuestos, sino que tambiĆ©n recibĆa un porcentaje de la recaudación de sus empleados.
Imagine lo que debe haber sido la existencia de este hombre. Cuando caminaba por las calles muy pocos le saludarĆan; muchos le insultaban. Sus hijos no tenĆan derecho a ningĆŗn tipo de educación. En casos de litigio no podĆa acceder a una defensa legal por ser considerado un no-ciudadano. Le estaba prohibido entrar y participar de la actividades de la sinagoga. Sus vecinos seguramente lo ignoraban. Donde quiera que fuera tendrĆa abundantes evidencias de que era considerado un enemigo pĆŗblico.
Cuando pienso en Zaqueo subido al Ôrbol, no puedo evitar la imagen de miles de aficionados que se agolpan a la entrada del pabellón donde se hace la entrega de los premios Oscar. Cada uno de ellos espera poder ver, fugazmente, a sus actores o actrices favoritos. Ese es su sueño y por ello estÔn dispuestos a tolerar horas de espera y la incomodidad de estar parados junto a una multitud de otros con aspiraciones similares. Al llegar los famosos, pueden verlos durante los breves quince segundos que tardan en bajar del automóvil y entrar al edificio.
Si pudiĆ©ramos hablar con cualquiera de estos aficionados, ninguno de ellos nos dirĆa que tienen esperanza en que alguno de estos personajes se detenga para saludarlos. Para los famosos, las personas de la multitud Ā”no existen! No tienen el menor interĆ©s en conocerlos. EstĆ”n muy intoxicados con su propia grandeza como para mirar hacia los costados. AsĆ tambiĆ©n Zaqueo -a quien absolutamente nadie prestaba atención- no tenĆa mĆ”s esperanza que simplemente ver a JesĆŗs; jamĆ”s imaginó que JesĆŗs se podĆa fijar en Ć©l. Si al nivel del piso nadie lo miraba, Ā”mucho menos subido a un Ć”rbol!
Imagine, entonces, cuĆ”l debe haber sido el impacto en su vida cuando JesĆŗs se detuvo y le habló por su nombre, escogiendo su casa como el lugar para detenerse a descansar. ĀæHa de sorprendernos que Zaqueo se haya convertido? Ni en sus mĆ”s alocados sueƱos se le podrĆa haber ocurrido a este varón que JesĆŗs lo mirarĆa. Ā”Y ni hablar de la posibilidad de ser visitado por Ć©l! AsĆ es nuestro Dios. Ćl supera nuestros mĆ”s alocados sueƱos, irrumpiendo en nuestras vidas de la manera mĆ”s increĆble y prodigiosa. Su accionar es insólito. Ā”Y quĆ© maravillosa sensación de asombro sentimos cuando nos sorprende!
Para pensar:
Ā«Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho mĆ”s abundantemente de lo que pedimos o entendemos, segĆŗn el poder que actĆŗa en nosotros, a Ć©l sea gloria en la iglesia en Cristo JesĆŗs por todas las edades, por los siglos de los siglos. AmĆ©nĀ». (Ef 3.20ā21).
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.
Comentarios