Totalmente inadecuados

Ɖl creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas naciones, conforme a lo que se le habĆ­a dicho: Ā«AsĆ­ serĆ” tu descendenciaĀ». Y su fe no se debilitó al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien aƱos), o la esterilidad de la matriz de Sara. (Romanos 4.18–19)

Siempre resulta difícil para nosotros percibir la verdadera dimensión de las pruebas que enfrentaron los grandes héroes de la fe. En parte esto se debe a que no poseemos mucha capacidad de captar el sufrimiento de aquellos que estÔn a nuestro alrededor. Pero tampoco nos ayuda saber cómo termina la historia, por lo que nos parece que su resolución es mÔs sencilla de lo que en realidad fue.

El texto de hoy nos da una buena idea de la lucha que enfrentaba el patriarca. El Señor había prometido darle un hijo, ademÔs de anunciarle que llegaría a ser padre de muchas naciones. Abraham, sin embargo, habitaba dentro de un cuerpo sumamente deteriorado. Quienes tenemos ya unos cuantos años de vida no necesitamos que otros nos den testimonio de esto. Basta con que nos miremos un momento en el espejo para encontrar evidencias del paso del tiempo. Como si esto no fuera suficiente, a diario sentimos las limitaciones físicas que vienen con el avance de los años. Nos agitamos con mayor facilidad. Tenemos que cuidarnos al levantar pesos, para no tener algún tirón en la espalda. Las comidas ya no nos sientan tan bien como en las épocas de nuestra juventud, cuando comíamos sin límite todo lo que se nos antojaba. Cuando intentamos leer la letra chica en el periódico, recordamos que nuestros ojos ya no enfocan con la facilidad de otros tiempos. Es decir, el paso del tiempo ha dejado sus huellas.

Por esta razón, cuando Abraham recibió la promesa de Dios de que iba a engendrar un hijo, no podía evitar mirar sus propias limitaciones para lograr este feliz acontecimiento. Al paso de los años se sumaba una vida de frustrados intentos para que Sara quedara embarazada. Hasta nos puede llegar a parecer que la propuesta de Dios es cruel y burlona. Debemos, sin embargo, recordar que este es el modo con que mÔs frecuentemente obra el Señor. Parece deleitarse en escoger hombres y mujeres que no encuentran en sí mismos absolutamente nada que los inspire a creer que son las personas idóneas para la tarea. No pocos sospechan que el Señor ha cometido con ellos un grave error. ¿Cómo, por ejemplo, se puede escoger a un tartamudo para realizar una delicada tarea diplomÔtica ante una figura tan poderosa como la del faraón?

No existe ningún error en el llamado, mi amado. Es por causa de nuestras debilidades que usted y yo hemos sido escogidos para servir a nuestro Dios, para que estemos obligados a depender enteramente de su gracia. Sentirse inadecuado, aunque produce sensaciones de temor y duda en nosotros, es la mejor condición para avanzar exitosamente en los proyectos de Dios. Debemos, entonces, imitar la fe de Abraham, que no tomó en cuenta su propia condición para juzgar la propuesta de JehovÔ. Y le fue contado por justicia.

Para pensar:

¿Cómo reacciona cuando se siente inadecuado para la tarea? ¿Cómo puede convertir sus debilidades en escalones para el progreso?

Tomado con licencia de:

Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.0000

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