Venderse al enemigo
Los hebreos que desde tiempo antes habĆan estado con los filisteos, y que desde los alrededores habĆan subido con ellos al campamento, se pusieron tambiĆ©n del lado de los israelitas que estaban con SaĆŗl y con JonatĆ”n. (1 Samuel 14.21)
El capĆtulo 14 del primer libro de Samuel relata la extraordinaria hazaƱa de JonatĆ”n, el cual subió contra los filisteos solamente acompaƱado por su paje de armas. El SeƱor premió su valentĆa con tan increĆble victoria que movilizó a SaĆŗl y a las tropas que estaban con Ć©l, que habĆan estado paralizadas por la indecisión. La iniciativa del joven guerrero desencadenó una serie de sucesos, uno de los cuales detalla el texto de hoy: los israelitas que se habĆan vendido al enemigo decidieron volver a unir sus vidas a la de sus compatriotas.
ĀæQuĆ© hacĆan estos hombres colaborando con los filisteos? ĀæCómo podĆan haberse pasado a las filas de aquellos que constituĆan un tormento permanente para el pueblo de Dios? Para entender la razón de su decisión necesitamos saber que Israel se encontraba en una situación bastante desesperante. Los filisteos, que tenĆan el monopolio en la fabricación de espadas, habĆan subido para batallar contra ellos. Entre los seiscientos hombres que acompaƱaban al desafortunado rey SaĆŗl habĆa solamente dos espadas, las cuales estaban en manos del rey y su hijo. ĀæCómo podĆan estos hacerle frente a un ejĆ©rcito fuertemente armado? Algunos de los hebreos, viendo que estaban perdidos, decidieron echar su suerte con los que seguramente iban a triunfar, los filisteos. De ninguna manera querĆan estar del lado de los perdedores.
Esta decisión revela el profundo deseo de las personas de formar parte del grupo de los que triunfan en la vida. El Ć©xito casi siempre viene de la mano del respeto y el reconocimiento de los que estĆ”n a nuestro alrededor y, por haber crecido en un mundo caĆdo, esto satisface el intenso anhelo de ser aceptados por los demĆ”s. El problema es que este deseo nos puede llevar a buscar la aprobación sin medir el precio que haya que pagar, aun hasta el punto de Ā«vender nuestra alma por un plato de lentejasĀ».
Cómo lĆderes debemos estar en guardia contra el deseo de agradar a los demĆ”s. En ocasiones estamos tan desesperados porque nuestro proyecto prospere, nuestra congregación crezca o nuestro programa logre buena asistencia, que estamos dispuestos a echar mano a cualquier mĆ©todo a fin de alcanzar esa meta. Sin percatarnos, podemos comenzar a negociar con los principios de un ministerio aceptable a los ojos de Dios. Aun podemos llegar a cruzar a las filas del enemigo, incorporando las tĆ©cnicas, las filosofĆas y los principios que aseguran el Ć©xito en el mundo. De allĆ que muchos pastores se mueven mĆ”s como gerentes que como siervos. Nosotros, sin embargo, hemos sido llamados a estar firmes en los principios del reino. Nuestra suerte estĆ” echada con Jesucristo, y no debemos claudicar, aun si pareciera que el enemigo nos tiene cercados. Las verdades de Dios no son negociables y Ć©l respalda la vida de aquellos que se mantienen firmes inclusive cuando la mayorĆa se haya vendido al enemigo. Ā”Aun asĆ, seguimos siendo mayorĆa!
Para pensar:
«”Bienaventurado el hombre que puso en JehovĆ” su confianza y no mira a los soberbios ni a los que se desvĆan tras la mentira!Ā» (Sal 40.4).
Tomado con licencia de:
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.0000
Comentarios