Cómo la cooperación transforma y hace la diferencia en las personas

imagen que muestra unas manos en señal de cooperación y ayuda mutua del liderazgo

Vivimos en un Mundo Súper Competitivo

Diferenciarse de otros parece ser la clave para triunfar. En el afán por alcanzar el éxito y mostrar resultados, somos llevados a usar métodos y técnicas que pueden servir inicialmente, pero que después traen consecuencias no tan satisfactorias. Podemos llegar a olvidar los principios y valores con los que iniciamos nuestro ministerio y sacrificarlos en el altar de la competencia. Es ahí precisamente cuando olvidamos los recursos espirituales que tenemos a disposición y nos alejamos del camino de la bendición.

Una carrera de Largo Plazo

Cuando comencé a servir a Dios hace muchos años, pensaba que se trataba de una carrera de velocidad, algo así como una de 100 metros. Luego me di cuenta de que era más parecido a una maratón, y que la construcción de redes de cooperación y alianzas de colaboración eran mucho más redituables a largo plazo.

El reino de Dios no fue diseñado con una filosofía de pensamiento competitivo. Está orientado a la ayuda mutua y al trabajo en conjunto. La ventaja es más bien colaborativa y no competitiva. No triunfamos cuando otros se van de la carrera, sino cuando podemos unir esfuerzos y ser parte de una misión común.

¿Qué Pasa Cuando Falta la Confianza?

Quizás te preguntes: ¿Qué pasa cuando los otros no piensan lo mismo? ¿Qué ocurre cuando hay desconfianza y no existe el mismo sentir en los demás? Construir confianza y ponernos de acuerdo en el proceso del servicio ministerial es un verdadero desafío, pero vale la pena el esfuerzo. No es fácil, pero podemos ver el impacto y el avance en el mundo espiritual cuando elegimos hacer las cosas a la manera de Dios.

El dilema está en decidir si seguimos haciendo las cosas solos o comenzamos a confiar en otros para construir amistad y colaboración. Quizás haya que derribar prejuicios, como pensar que al dejar de estar solos mostraremos debilidad o perderemos fuerzas. También enfrentaremos preconceptos, como considerar una pérdida de tiempo las actividades en unidad con otros.

PARA VER RESULTADOS SUPERIORES A LOS QUE HEMOS VISTO, SIN DUDAS TENEMOS QUE LOGRAR SINERGIAS EN NUESTRA MANERA DE LLEVAR ADELANTE EL TRABAJO MINISTERIAL.

Uno de los miedos más comunes es pensar que perderemos nuestra identidad al unirnos con otros, que seremos todos iguales, o que nuestro esfuerzo pasará desapercibido. Incluso tememos que otros en el grupo se aprovechen de nosotros.

La metáfora del cuerpo

La metáfora bíblica del cuerpo y los diferentes miembros que se ayudan mutuamente nos enseña que Dios no piensa en quitar la individualidad de sus hijos, sino en la complementariedad, no en la competencia. Olvidar las enseñanzas de Jesús sobre este tema sería un error tremendo. En el reino de Dios no se trata de medir la conveniencia personal, ya que el crecimiento solo viene del Señor. «Un reino dividido no prevalecerá», dijo el Maestro.

Hoy deberíamos pensar que nuestra unidad en Cristo es más importante que cualquier otra cosa a los ojos de Dios, más que nuestras propias estrategias y modelos de éxito ministerial. Quizás debamos reevaluar nuestros objetivos y metas y realinearlos con el modelo de cooperación que las Escrituras presentan con maravillosa sabiduría.

Sinergia: Una Clave del Reino

La palabra «sinergia» en griego significa cooperación. Es la acción de coordinación de dos o más partes cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales. Para ver resultados superiores a los que hemos visto, sin dudas debemos lograr sinergias en nuestra manera de llevar adelante el trabajo ministerial.

La época de los llaneros solitarios hace rato llegó a su fin. Los nuevos modelos son más horizontales y se estructuran en redes —networking— y conexiones sinérgicas. Mirar a la Iglesia y su trabajo en la sociedad con una visión de red genera mayores dividendos espirituales.

Decidirnos por la Cooperación

Decidirnos por la confianza y la cooperación es siempre más productivo y satisfactorio. Llegamos más saludables y fuertes al final del camino. El desafío y la responsabilidad que tenemos son demasiado grandes para menospreciarlos. Si abandonamos la desconfianza, bajamos nuestras defensas y nos ponemos de acuerdo en definir objetivos comunes, con seguridad cosecharemos abundantemente.

Veremos los frutos de aplicar los principios eternos del reino de Dios.

El peligro del aislamiento

El aislamiento y la soledad en la obra son muy nocivos. Nos impiden aprovechar las virtudes y aprendizajes que nuestros pares nos pueden transmitir. Nos alejan de los recursos que Dios quiere brindarnos para mejorar nuestra tarea y optimizar resultados.

Hay una enorme riqueza en el Cuerpo de Cristo. Dividir la obra de Dios la debilita al no poder usar todos los recursos a disposición. No sería inteligente aislarnos y pensar solo en competir para tener éxito en el ministerio.

EL AISLAMIENTO Y LA SOLEDAD EN LA OBRA SON MUY NOCIVOS. NO NOS DEJAN APROVECHAR LAS VIRTUDES Y LOS APRENDIZAJES QUE NUESTROS PARES NOS PUEDEN TRANSMITIR.

Un llamado a la unidad

Nuestra misión es mucho más grande que nosotros mismos: somos llamados a unirnos en el espíritu y ponernos de acuerdo para crecer y alcanzar juntos a las nuevas generaciones.


Adaptado y tomado con licencia de la revista LIDER 625, edición 14, VOLUNTARIOS: El factor que acelera o retrasa tu ministerio. Pág. 10-12.

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Comentarios

  1. Excelente artículo del Pr Cristian Hooft, y también una confirmación a mis oraciones para este nuevo año.

    SINERGIA, esa es la palabra clave para avanzar juntos en el Reino de Dios, y extender la obra del Señor hasta la último de la tierra. 🙏🏻🙌🏻