El valor de la disciplina
Desecha las fĆ”bulas profanas y de viejas. EjercĆtate para la piedad. (1 Timoteo 4.7)
Existe una tendencia en nosotros a hablar mÔs de lo que practicamos. Creemos que hablar de lo importante que es tener una vida de oración es casi lo mismo que orar. Creemos que exhortar y animar a los hermanos a que compartan su fe con otros, es lo mismo que hacerlo. Creemos que exaltar las virtudes del estudio cuidadoso de la Palabra, es lo mismo que tomar tiempo para meditar en ella. Y ¿quién mÔs expuesto a este peligro que nosotros los pastores, los que nos dedicamos a la enseñanza y a la proclamación de las verdades eternas de Dios?
Pablo reconocĆa esta debilidad en los lĆderes, especialmente entre los mĆ”s jóvenes. Por eso, anima a Timoteo a que su vida cristiana no consista en palabras. Esta exhortación, que parece haber preocupado seriamente al apóstol, la reitera siete veces en sus dos cartas al joven pastor. Su mensaje es claro: Ā«no te enredes en las muchas palabras, porque Ā”la vida espiritual no pasa por ese lado!Ā» El apóstol ya habĆa seƱalado en su primera carta a los Corintos que Ā«el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poderĀ» (4.20).
¿Qué alternativa le propone? El de la disciplina.
Es interesante notar que la palabra que usa es la misma de la cual nosotros derivamos el tĆ©rmino Ā«gimnasiaĀ». En otras palabras, Pablo estĆ” animando a Timoteo a que haga gimnasia para mantenerse en buen estado en su vida espiritual. La gimnasia de la que habla, claro, no es de ejercicio fĆsico, aunque aclara que esta tambiĆ©n tiene provecho. La gimnasia que Ć©l propone, sin embargo, es la de aquellas disciplinas que abren la puerta para mayor intimidad con Dios: la adoración, la lectura, la oración, el ayuno, la soledad, el silencio, etc.
Muchos de nosotros tenemos vidas disciplinadas. Pero nuestra disciplina estÔ mal dirigida. La gastamos en gran cantidad de actividades públicas porque son las que, en última instancia, mayores satisfacciones nos dan. Estas actividades, no obstante, no abren nuestras vidas al trato profundo del Señor. Es lo que hacemos cuando estamos solos, que marca la diferencia de lo que somos cuando estamos en público.
La excelencia en cualquier emprendimiento en esta vida tiene un precio. El mĆŗsico que aspira a ser extraordinario, no puede descansar meramente en su talento. Debe pasar horas y horas practicando todos los dĆas. El deportista que aspira a llegar a lo mĆ”s alto del podio, debe dedicar largas horas al entrenamiento todos los dĆas. De la misma manera, los que aspiramos a lograr un grado de excelencia en nuestra vida espiritual debemos estar dispuestos a hacer los ejercicios necesarios para cultivarla.
Para pensar:
Dice el evangelista que Cristo tenĆa por costumbre Ā«apartarse a lugares solitarios para orarĀ». ĀæPodrĆa hacerse la misma observación de su vida? ĀæSi tuviera que medir su pasión por la vida espiritual, que puntaje se darĆa? ĀæCuĆ”les son las dificultades y obstĆ”culos que mĆ”s han interferido con su deseo de hacer Ā«gimnasiaĀ» en su vida espiritual? ĀæQuĆ© pasos concretos puede tomar para crecer en este aspecto de su vida?
Tomado con licencia de:
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.
Comentarios