¿Hace falta otra conferencia acerca de la familia?
No tengo nada en contra de las conferencias… pero
No tengo nada en contra de las conferencias, y sí, probablemente me conociste compartiendo alguna.
¿Por qué entonces el título de este artículo? Porque los eventos son estrategias, y para que sean eficaces demandan que hagamos una pregunta que pareciera resultarle esquiva a muchos líderes: ¿son realmente la mejor estrategia para lograr lo que deseamos?
Claro, hay matices. A veces el problema no está en que la estrategia sea un evento, sino en la ejecución de esa estrategia y en cuán parecidos resultan todos los eventos cristianos, sin importar cuál sea el público al que supuestamente están enfocados ni cuál sea su propósito.
Problemas en la ejecución de eventos
A través de los años me cansé de ir a eventos a los que me invitaban para hablar de liderazgo a líderes, porque al llegar me daba cuenta que el grueso de los participantes no eran líderes, y que los otros invitados no estaban hablando de liderazgo sino compartiendo lo mismo que compartirían un domingo en cualquier reunión normal de iglesia.
También participé en congresos de jóvenes llenos de señoras en el público, mientras los adolescentes me pedían con desesperación que les hablara a ellos y no a las señoras o a la familia del anfitrión en la primera fila.
¿Por qué tenemos tanta inercia al hacer eventos?
Y a la vez, ¿por qué tratamos de arreglar todo con eventos y conferencias?
¿Será que hay estrategias mejores para ayudar a las familias que simplemente hacer otra conferencia acerca de la familia?
“Predicarle al coro” y la urgencia del antes
Quizás escuchaste la frase “predicarle al coro”: dar un sermón evangelístico a creyentes. Eso mismo siento al escuchar algunas conferencias sobre la familia dadas por supuestos expertos solo porque repiten mucho la palabra “familia” en sus títulos.
¿Realmente necesitamos un evento con invitados internacionales para decir que la familia es importante? Nadie llega sin saberlo. No está mal recordarlo, pero lo urgente es otra cosa: encontrar mejores estrategias para salvar a las familias antes de que estén en crisis.
El “antes” es fundamental, porque cuando las familias ya están en crisis, una conferencia difícilmente solucione conflictos.
Entonces, ¿qué tal si vamos más atrás y nos metemos en el proceso de formación de las futuras familias?

¿Cómo y cuándo se forman nuevas familias?
La gran crisis contemporánea no es solo la de familias ensambladas, sino la creciente falta de matrimonios para sostener familias.
Ejemplo: en México, en el año 2000 hubo 707.422 bodas. En 2018, con mayor población, apenas 501.298. Es una caída del 35,48 % en los matrimonios. Una crisis de familia que no se resuelve con otra conferencia clásica.
Envidia santa es lo que necesitan las nuevas generaciones. Ellos deben querer anhelar lo que los matrimonios cristianos tenemos porque ese es el gran punto de partida para proteger a las futuras familias.
¿Por qué no quieren casarse?
Las nuevas generaciones saben que los matrimonios disminuyen y los divorcios aumentan.
En México, en el 2000 hubo 52.358 divorcios; en 2018 fueron 156.556.
Esto genera temor y desconfianza. Muchos jóvenes creen que si tantos se divorcian, ellos también lo harán.
Un ejemplo personal: una líder juvenil me confesó que no quería casarse porque su mamá, hermanas y hasta su prima de su edad ya se habían divorciado. El miedo la paralizaba.
Con mi esposa decidimos acompañarla de cerca, dejarla ver cómo vivíamos nuestro matrimonio. Meses después me dijo que quería casarse, porque al vernos le dio “envidia”. Esa envidia santa es la que necesitan las nuevas generaciones: matrimonios y familias cuyo ejemplo sea digno de ser imitado.

La estrategia de Dios: modelos, no eventos
La mayor crisis no son los divorcios o las brechas generacionales, sino el vacío de modelos.
Muchos niños y jóvenes nunca han visto de cerca un matrimonio sólido que los inspire a soñar con uno propio.
La estrategia de Dios, como en la salvación, es encarnada: tiene que ver con personas, no con eventos; con mentores y modelos cercanos, no con slogans.
Más poder en los ejemplos que en las conferencias
No estoy en contra de las conferencias, pero los modelos son más poderosos.
Si queremos ser estratégicos ante la crisis familiar, debemos acercar matrimonios y familias reales a las nuevas generaciones.
No se trata de matrimonios perfectos (no existen), sino de familias que, aun en su humanidad, practiquen mecanismos justos, pidan perdón, vivan relaciones sanas y sin hipocresías.
Las palabras, incluso de conferencistas internacionales, se las lleva el viento. Pero los ejemplos encarnados valen más que mil conferencias.

📖 Aplicación Bíblica:
La Palabra de Dios nos muestra que la transformación no viene solo de discursos o eventos, sino de la vida misma. El apóstol Pablo escribió: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1). Más que conferencias, lo que discipula y da esperanza son modelos vivos que reflejan a Cristo en su matrimonio, familia y servicio.
Jesús mismo nos dejó el mayor ejemplo: no se limitó a predicar multitudes, sino que caminó con doce, compartió su mesa, sus lágrimas y sus victorias. Su estrategia fue relacional y cercana, no basada en grandes escenarios.
Hoy, ante la crisis de familias y matrimonios, necesitamos menos slogans y más testimonios. Una familia que se ama, que pide perdón y que persevera en la fe puede inspirar más que cien charlas sobre la importancia de la familia.
La verdadera revolución comienza en lo cotidiano: en cómo tratamos a nuestro cónyuge, cómo criamos a nuestros hijos y cómo mostramos a Cristo en lo pequeño. Ese es el “antes” que puede cambiar generaciones.
Bibliografía
Adaptado y tomado con licencia de la revista LÍDER 625, edición 16, MULTIFAMILIAS: La nueva realidad que la iglesia puede navegar mejor. Pág. 6-8.
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