La fe que vence
La fe debe ser una de las cualidades que distingue al siervo del Señor. Existe en el pueblo de Dios, sin embargo, bastante confusión acerca de este tema. Para muchos la fe no es mÔs que un deseo de que las cosas salgan bien. Es la esperanza de que las circunstancias se resuelvan favorablemente y que las dificultades no nos afecten demasiado. Una exhortación que escuchamos con cierta frecuencia en la iglesia es la de hacer las cosas con mÔs fe, lo que delata una convicción de que la fe se refiere a manifestar mayor entusiasmo en los emprendimientos.
El versĆculo de hoy nos da una clara idea de que la fe es algo enteramente diferente. Las instrucciones de Dios, que llamaban a Abraham a ofrecer en sacrificio a su Ćŗnico hijo, Isaac, ubicaban al patriarca en el centro de lo que podrĆa ser una profunda crisis personal. La noche posterior a estas instrucciones debe haber sido una interminable agonĆa, mientras Abraham luchaba con las reacciones naturales a tamaƱa petición. ĀæCómo podĆa este gran Dios pedirle el hijo que tantos aƱos habĆa esperado, que Ć©l mismo habĆa prometido?
Sin embargo, Abraham no permitió que sus emociones fueran el factor decisivo en su comportamiento. EntendĆa que el siervo de Dios es llamado a la obediencia, aun cuando no entiende lo que el SeƱor estĆ” haciendo ni el porquĆ© de las circunstancias en las cuales se encuentra. Es, ante todo, en las palabras del apóstol Pablo, un Ā«esclavo de la obedienciaĀ» (Ro 6.16).
Note la abundancia de verbos en el versĆculo de hoy: se levantó, preparó, tomó, cortó, salió, y fue. Sin importar la magnitud de su angustia, el padre de la fe comenzó muy de maƱana con los pasos necesarios para hacer lo que se le habĆa mandado, mostrando, de esta manera, lo que es la esencia de la fe.
La fe es una convicción profunda en la fidelidad de Dios, que conduce indefectiblemente a la acción. Es la certeza de que, no importa cuĆ”n contradictorias y difĆciles sean las circunstancias, Dios no se verĆ” limitado en su propósito de cumplir su Palabra. En este caso, segĆŗn el autor de Hebreos, Abraham creĆa que JehovĆ” era Ā«poderoso para levantar a Isaac aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, tambiĆ©n le volvió a recibirĀ» (Heb 11.19).
Estos son tiempos en los cuales nuestro pueblo se ve constantemente rodeado de crisis, tiempos difĆciles. Si esperamos que actĆŗe con fe, nosotros debemos mostrarle esa misma confianza tenaz en la bondad de Dios, evidenciada en acciones concretas que no pierden tiempo en dudas, vacilaciones ni argumentaciones. Ā”QuĆ© nuestras vidas puedan ser caracterizadas por una abundancia de verbos!
Para pensar:
ĀæCon cuĆ”nta frecuencia se siente profundamente incomodado por la Palabra de Dios? ĀæQuĆ© reacciones producen en usted las demandas de Dios que le desafĆan a la obediencia Ā«ciegaĀ»? ĀæQuĆ© cosas puede hacer para que en su vida haya menos vacilación y mayor acción?
Tomado con licencia de:
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.
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