La fuerza del gozo
No os entristezcĆ”is, porque el gozo de JehovĆ” es vuestra fuerza.Ā (NehemĆas 8.10)
El camino hacia la reconstrucción de los muros de JerusalĆ©n habĆa estado repleto de obstĆ”culos. El pueblo tuvo que luchar con rumores, con divisiones, con oposición y con fatiga. En mĆ”s de una ocasión habĆan sentido el fuerte deseo de desistir de la tarea que tenĆan por delante, la tentación de Ā«tirar la toallaĀ».
Un panorama tan duro es mÔs que propicio para el desÔnimo, tierra fértil para que el agobio se instale en nuestros corazones y andemos con el semblante triste y abatido. Estas son las respuestas normales del alma a situaciones donde la adversidad parece no tener fin. Jesús mismo, frente a la inminencia de la cruz, comenzó a entristecerse y a angustiarse, confesando: «Mi alma estÔ muy triste, hasta la muerte; quedaos aquà y velad conmigo» (Mt 26.37).
El lĆder sabio no se engaƱa a sĆ mismo en cuanto a sus verdaderos sentimientos. Sin embargo, sabe que estos sentimientos deben ser tratados inmediatamente para no afectar su vida espiritual. JesĆŗs no perdió tiempo en convocar a sus tres amigos para que le acompaƱaran mientras oraba. SabĆa que la tristeza que se instala en forma permanente en nuestras vidas afecta profundamente la manera en que vemos y hacemos las cosas. Nos lleva a actitudes negativas y de desesperanza; nos invita a que dejemos de luchar, porque comenzamos a creer que nuestra situación no tiene arreglo. Nos conduce indefectiblemente hacia el camino de la depresión, porque nadie puede vivir en forma indefinida con falta de esperanza. El hombre desanimado ya estĆ” derrotado, porque ha perdido la voluntad de seguir peleando.
JesĆŗs, al igual que NehemĆas, sabĆa que era esencial reavivar el gozo, que es la fortaleza del hombre espiritual. Su agonĆa en GetsemanĆ no terminó hasta que lo habĆa recuperado. Debidamente fortalecido Ā«por el gozo puesto delante de Ć©l sufrió la cruzĀ» (Heb 12.2). Este tipo de gozo no es un sentimiento sino una convicción espiritual. Las circunstancias pueden ser adversas en extremo, pero el gozo viene cuando conseguimos sacar nuestros ojos de las cosas que se ven, y ponerlos firmemente en las cosas que no se ven (2 Co 4.18).
El lĆder cuyo corazón estĆ” lleno de gozo realmente es imbatible, porque su vida estĆ” firmemente anclada en las realidades eternas del reino, y no en las temporales de este mundo. Tiene una convicción inamovible de que hay un Dios que reina soberano sobre todas las cosas, y que la especialidad de ese Dios es utilizar la adversidad y la derrota para traer bendición a su pueblo.
No permita que la crisis lo entristezca. Si es necesario, derrame su alma delante de Dios, como Cristo en GetsemanĆ. Pase lo que pase, recupere el gozo de ser parte de los que vencen. El pueblo que estĆ” con usted necesita ver a un pastor que no le tiene miedo a las dificultades, porque sabe que nuestro Padre celestial siempre tiene la palabra final en todas las circunstancias.
Para pensar:
¿CuÔl es su reacción normal a las dificultades y a las crisis que se le presentan? ¿Qué pasos toma para remediar los sentimientos de abatimiento y desÔnimo? ¿Cómo puede cultivar el gozo en forma cotidiana?
Tomado con licencia de:
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.
Hermoso devocional! En este dĆa renunciamos al desĆ”nimo y la desesperanza, y nos revestimos del gozo del SeƱor que es nuestra fortaleza. Y con los ojos puestos en JesĆŗs, avanzamos con fe hacia Sus propósitos. AmĆ©n!!! ????