TRANSFIRIENDO LA FE CON UN EJEMPLO DE FE
Debemos aprovechar cada momento de la vida cotidiana para transmitirles a nuestros hijos los conceptos de la fe.
Aquà te dejo una lista con ideas que pueden servirte en este propósito.
EL PERDĆN
Una buena idea es que cuando oramos juntos en las noches y hacemos un resumen del dĆa, les preguntemos a nuestros hijos si hay algo o a alguien a quien deban perdonar.
Entonces, podemos ayudarles a hacer efectiva la oración que Jesús nos enseñó cuando dijo:
«Perdona nuestros pecados, asà como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden.»
Pero ellos también quieren ver tu perdón en acción. Aprovecha las oportunidades que tengas con ellos mismos, aceptando sus disculpas cuando se portan de manera grosera o desobediente.
Y cuando los corrijas y hayas aplicado las disciplinas necesarias, procura no guardar resentimiento en tu corazón contra ellos.
Busca maneras de promover el diÔlogo y la reconciliación, sin necesariamente quitar las consecuencias por los actos erróneos.
Evita frases como: Ā«Eso no te lo voy a perdonar nuncaĀ» y, mucho menos, apliques esos ācastigos de silencioā que duran dĆas, y que mĆ”s bien gritan que Ā”el sol sĆ se puso sobre nuestro enojo!
EL AMOR
El amor es lo mƔs tangible que podemos enseƱar. Amamos con palabras, con actos de servicio, con regalos, con caricias tiernas, con respeto y de mil maneras mƔs.
La forma mĆ”s bĆblica en la que podemos enseƱar este concepto es cuando mostramos amor a nuestros esposos, a nuestros hijos, a nuestros vecinos y aun a las personas difĆciles de amar.
Es importante enfatizarles a los niƱos que el amor no es solo pronunciar palabras de cariƱo.
El amor siempre va ligado al compromiso, a la constancia y a los actos que evidencian ese amor.
Cuando les hacemos la comida, aprovechemos para decirles:
«Lo hago con gusto, porque es una forma de expresarte mi amor».

Y cuando les pedimos que recojan el cuarto o que ayuden con las tareas de la casa, aprovechemos para enseƱarles que esa es una forma prƔctica de amar a la familia.
Como madres, debemos tener presente que para que brote de nosotras un amor constante, necesitamos acercarnos a la fuente de donde brota el amor perfecto: Dios.
Solo asĆ podremos vencer el cansancio fĆsico, el agobio de la rutina y las frustraciones de la vida, incluso cuando nuestros hijos no muestran gratitud.
Finalmente, si tĆŗ puedes mostrarles amor, recuĆ©rdales que Dios los ama mucho mĆ”s aĆŗn, y explĆcales que la motivación de JesĆŗs para venir al mundo fue precisamente esa: su gran amor por nosotros.
La vida cristiana que debemos modelar en nuestro hogar tiene que ser genuina.
Cuando fracasamos o pecamos, usamos la humildad como el vehĆculo para ser restaurados por nuestro buen y misericordioso Dios.
LA HUMILDAD
Si hay algo que derrite el corazón de nuestros hijos es cuando venimos a ellos reconociendo nuestros errores.
Seguramente alguna vez cometeremos alguna injusticia al disciplinarlos, ya sea por no creerles o por no tener todos los hechos a la mano.
Seguramente alguna vez se nos āpase la manoā con el castigo o les gritemos, no tanto por lo que hicieron, sino por nuestra propia frustración.
Pero no hay nada mÔs reconciliador que pedirles perdón.
ĀæAcaso esto no nos hace ver vulnerables? SĆ, pero por el bien de la relación vale la pena mostrarnos asĆ.
No podemos modelar una vida cristiana perfecta. Eso es una mentira.
Si les exigimos perfección, tarde o temprano se alejarÔn de Dios.
La vida cristiana que debemos enseñarles debe ser una vida genuina, donde la humildad nos lleva a la restauración y donde nuestros hijos ven en nosotros un ejemplo de gracia.
ACLARANDO LOS CONCEPTOS ACERCA DE DIOS
Cuando nuestra hija Victoria tenĆa unos cuatro aƱos, la animĆ”bamos a dirigir momentos de oración en casa, ya sea a la hora de comer o antes de dormir.
Sin embargo, ella constantemente se negaba a hacerlo.
Un dĆa, ante nuestra insistencia, nos dijo:
«¿Para qué quieren que ore yo? Sigan orando ustedes, que lo hacen muy bien.»

Le explicamos que no se trataba de orar ābienā, sino de que Dios anhelaba tener una relación personal con cada uno de nosotros, y que lo mĆ”s importante para nosotros como padres era que ella tuviera una amistad con JesĆŗs.
Desde ese dĆa, empezamos a orar para que Victoria tuviera un encuentro personal con Dios.
Pocos dĆas despuĆ©s, se levantó contenta contĆ”ndonos un sueƱo:
HabĆa visto una cama grande con cuatro almohadas āuna para papĆ”, otra para mamĆ”, otra para ella y la otra para JesĆŗsā, y tambiĆ©n cuatro lavamanos, uno para cada uno, incluido JesĆŗs.
Esa experiencia marcó su corazón. Desde entonces, sirvió un cuarto plato en la mesa āpara JesĆŗsā, porque entendió que Ćl estaba presente en su hogar.
Su fe se volvió tangible, y su relación con Dios se hizo personal y cercana.
CONVERSACIONES DE FE EN EL HOGAR
Como padres, no debemos asumir que nuestros hijos adoptarƔn nuestra fe fƔcilmente.
Descubrimos que Victoria no querĆa orar porque sentĆa que āDios no le respondĆaā.
Le explicamos que Dios siempre escucha, pero que sus respuestas pueden ser āsĆā, ānoā o āesperaā.
Le enseƱamos a identificar la voz de Dios, que habla a nuestro espĆritu, y a entender que Ćl responde en su tiempo.
Los niƱos muchas veces nos desafĆan con sus preguntas sobre Dios.
Recuerdo que un dĆa Victoria nos dijo:
«¿Cómo puede Dios vivir en el cielo sin caerse?»
Ella pensaba que Dios tenĆa un cuerpo fĆsico, y que, sin alas, debĆa estar āvolandoā.
Otro dĆa preguntó:
«¿Cómo puede Dios vivir en mi corazón si Ćl es muy grande?Ā»
Esas preguntas, aunque parecen ingenuas, nos muestran que los niƱos necesitan explicaciones claras y concretas.
Por eso, no basta con repetir frases religiosas. Debemos ayudarles a comprender con ejemplos sencillos lo que creemos.
Preguntas como:
- āĀæQuĆ© piensas acerca de lo que acabamos de leer?ā
- āĀæCómo le explicarĆas esto a un amigo?ā
son herramientas valiosas para verificar si estƔn entendiendo los conceptos de fe.
A veces no tendremos todas las respuestas, y estĆ” bien. Podemos pedir ayuda a los pastores o maestros de niƱos, y sobre todo al EspĆritu Santo, quien nos da las palabras y la gracia necesarias para enseƱar con verdad y amor.
MOMENTOS PARA HABLAR DE FE
Hablar de la fe con nuestros hijos requiere tiempo e intención.
Las mejores conversaciones no siempre ocurren en momentos āformalesā, sino en lo cotidiano.
Nuestras charlas mĆ”s profundas con Victoria fueron en el automóvil (cuando no habĆa aparatos electrónicos encendidos) y antes de dormir, mientras leĆamos la Biblia juntos.
”Aprovecha también tú esos momentos para cultivar los conceptos de fe en tus pequeños!
BibliografĆa
Adaptado y tomado con licencia de la revista LĆDER 625, edición 27, LA FAMILIA: Los lĆderes mĆ”s importantes. PĆ”g. 32-34.
Por Gloriana Montero (versión ampliada y adaptada)
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