Vivir con injusticias
Podemos convivir con muchas dificultades y sacrificios, pero cuando percibimos que hemos sido tratados con injusticia nos sentimos traicionados en lo mĆ”s profundo de nuestro ser, especialmente cuando viene de aquellos que mĆ”s amamos. La agonĆa de esta insoportable carga la capta el salmista: Ā«No me afrentó un enemigo, lo cual yo habrĆa soportado, ni se alzó contra mĆ el que me aborrecĆa, pues me habrĆa ocultado de Ć©l; sino tĆŗ, hombre, al parecer Ćntimo mĆo, Ā”mi guĆa, y mi familiar!, que juntos comunicĆ”bamos dulcemente los secretos y andĆ”bamos en amistad en la casa de DiosĀ» (55.12ā14).
El lĆder maduro deberĆ” aprender a manejar correctamente las injusticias para evitar un proceso que le quitarĆ” el gozo y la paz y, eventualmente, pondrĆ” fin a la efectividad de su ministerio. Nada ilustra esto con tanta fuerza como la vida de los hermanos de JosĆ©. A pesar de que habĆan pasado 44 aƱos desde aquella terrible decisión de vender a JosĆ© como esclavo, seguĆan atormentados por lo que habĆan hecho, presos del miedo a la venganza. Piense en eso. Ā”La mitad de la vida atormentados por algo que habĆan hecho casi 50 aƱos antes!
No sabemos en quĆ© momento JosĆ© resolvió las devastadoras consecuencias de ser vendido por sus hermanos, pero el texto de hoy nos da pistas acerca de dos cosas que habĆan ayudado a JosĆ© a superar la crisis. En primer lugar, JosĆ© entendĆa que Ć©l no estaba en el lugar de Dios, y que juzgar a sus hermanos era algo que no le correspondĆa. Nuestros juicios siempre van a estar empaƱados por nuestra limitada visión humana. Solamente Dios juzga conforme a la verdad. Por esta razón, no le es dado a los hombres el emitir juicio contra otros. Aun el Hijo de Dios se abstuvo de emitir juicio, diciĆ©ndole a los judĆos: Ā«Vosotros juzgĆ”is segĆŗn la carne; yo no juzgo a nadieĀ» (Jn 8.15).
En segundo lugar, JosĆ© tenĆa una convicción profunda de que Dios estaba detrĆ”s de lo que le habĆa pasado. Esto es algo fundamental para el hijo de Dios. Con demasiada frecuencia nuestra primera reacción en situaciones de injusticia es cuestionar la bondad de Dios, preguntando por quĆ© Ć©l ha permitido lo acontecido. Pasaron aƱos antes de que JosĆ© comenzara a ver el Ā«bienĀ» que el SeƱor tenĆa en mente cuando permitió que la tragedia tocara tan de cerca su vida. Mas la convicción de que Dios puede convertir aĆŗn las peores maldades en bendición siempre existió, y esto guardó su corazón de la amargura y el rencor.
Para pensar:
Note cuĆ”n hermoso es el cuadro que nos presenta el pasaje de hoy. JosĆ©, el hombre que habĆa sido tan injustamente tratado por sus hermanos, llora por la angustia de ellos. Luego les habla cariƱosamente y se compromete a proveer para el futuro de ellos. AllĆ estĆ” la evidencia mĆ”s convincente de que Dios habĆa obrado en lo mĆ”s profundo de su ser. El herido podĆa ministrar a los que le habĆan herido. Ā”Esto es gracia divina!
Tomado con licencia de:
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.
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