Vivimos en una época marcada por la velocidad.
La sensación de estar siempre apurados, de no llegar con el tiempo y de vivir “a mil” se volvió normal. Corremos mucho, pero muchas veces avanzamos poco.
En medio de este ritmo acelerado, Dios nos invita a algo profundamente necesario y contracultural: hacer una PAUSA.
Pausa no como un freno, ni como una pérdida de tiempo, sino como una decisión sabia.
Pausa para detenernos, escuchar, descansar y volver a enfocar el corazón en Él.
Cuando no paramos, nos agotamos. Nos desenfocamos. Perdemos de vista lo verdaderamente importante.
Pero cuando hacemos una Pausa en la presencia de Dios, nuestras fuerzas se renuevan, nuestra mirada se aclara y recuperamos el sentido del camino.
Pausa es transición entre lo que fue y lo que viene.
Pausa es disfrutar el presente.
Pausa no nos detiene: nos prepara para avanzar mejor y más lejos.
Comentarios