Vivimos rodeados de pantallas, conversaciones rĆ”pidas y vĆnculos superficiales, pero con una necesidad profunda de conexión real. El mensaje āEl Dios que me veā nos recuerda que no estamos perdidos en la multitud ni olvidados en nuestras luchas. Dios ve lo que otros no ven, conoce lo que callamos y se acerca con amor para restaurar, fortalecer y devolvernos el gozo de vivir bajo su mirada.
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