Las señales de la Navidad se revelan a los obedientes, humildes y sabios. María, en obediencia, aceptó el mensaje del ángel Gabriel de que sería la madre del Hijo de Dios, confiando en lo imposible. José, también obediente, recibió en sueños la confirmación de Dios y ayudó el llamado, asumiendo riesgos. Los humildes pastores, dispuestos a escuchar, vieron la gloria de Dios a través de los ángeles y creyeron en el mensaje del Salvador. Los sabios de oriente, al reconocer la señal de la estrella, la siguieron con fe y adoraron a Jesús con sus dones. En contraste, los egoístas como Herodes, centrados en sí mismos, y los “sabelotodo”, con conocimiento pero sin fe, no pudieron ver las señales. Las señales de la Navidad nos llaman a obedecer, creer y actuar, siendo parte de los planos divinos con corazones dispuestos y humildes. ¡Gloria a Dios!
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