03) Función básica de cada Cónyuge
Es muy importante que se señalen con claridad los roles que Dios ha asignado al hombre y a la mujer dentro del matrimonio. La confusión existente acerca de las funciones de cada uno es causa principal de muchos conflictos matrimoniales. Dios ha dado a cada cónyuge2 un puesto de servicio diferente al del otro, no superior ni inferior, sino diferente. Para lograr armonía en la vida familiar es esencial que los esposos conozcan y acepten su propio rol y el de su cónyuge.
Lejos de competir o querer ignorar las diferencias, admiremos las capacidades que Dios ha dado a la mujer, y al varón. Cada cónyuge debe conocer, asumir Y desempeñar su propio rol, y a la vez conocer y aceptar el rol del otro.
1. Los Roles y el Propósito de Dios
Dios les encomienda una tarea como matrimonio, les da una comisión: “Fructificad, multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla”.
El Señor se ha propuesto llenar la tierra de hombres y mujeres a su imagen y semejanza. Con este fin otorga al hombre ciertas capacidades y una ayuda idónea con capacidades complementarias. No le da meramente una “compañera;” mucho menos una “sirvienta.” Le concede una AYUDA IDÓNEA, una COLABORADORA EFICAZ para llevar adelante juntos esa noble empresa para la gloria de Dios. De modo que tanto el hombre como la mujer son colaboradores de Dios, con diferentes roles o funciones cada uno.
2. Roles del Marido y de la Esposa
Rol del marido: Ser cabeza, responsable general, colaborador de Dios, autoridad bajo la autoridad de Cristo.
Rol de la mujer: Ser ayuda idónea, responsable asociada, colaboradora del marido y de Dios, autoridad bajo la autoridad del marido.
3. Lo que Implica ser Cabeza
- El marido es responsable de llevar a cabo, con la ayuda de su esposa, lo encomendado por Dios. Es el encargado de ver que la familia se encamine hacia el cumplimiento del propósito divino.
- Es la autoridad que establecerá el gobierno de Cristo en el hogar. El varón debe gobernar con gracia y amor, ser el representante de Jesús para la familia y expresar con su conducta el carácter de Cristo. Su autoridad no lo llevará a imponer sus propios caprichos sobre la familia, y mucho menos a hacerse servir. Jesús dijo: “El que quiera hacerse grande será vuestro servidor” (Marcos 10:43).
- Es responsable de velar, proveer, cuidar y proteger a la familia con la ayuda del Señor.
- Es responsable de guiar a la familia a una convivencia armoniosa y feliz en la que todos puedan desarrollarse física, mental, social y espiritualmente.
- Es responsable de enseñar la palabra de Dios, instruir, animar, edificar, reprender y corregir. Principalmente orientará con su ejemplo.
4. Lo que Implica ser Ayuda Idónea
• La mujer ha sido llamada a ser una ayuda idónea, ya que el hombre en sí mismo es incompleto e incapaz de poder cumplir el propósito de Dios. ¿Cómo tendría hijos y los criaría él solo? Hombre y mujer forman juntos una unidad completa con toda la capacidad de multiplicarse y llenar la tierra.
• Ser ayuda idónea significa para la mujer unirse a su marido, solidarizarse con él, y aportar toda su sabiduría, capacidad y experiencia para el logro del objetivo común, libre de actitudes independientes.
• También implica el reconocimiento de que el ejercicio de la autoridad principal le corresponde al marido. No compite con él, sino que lo complementa.
• El hombre necesita ayuda porque es sensible. Precisa aliento, comprensión, una sonrisa, aprobación, aprecio y cooperación de su mujer en todo cuanto hace o emprende.
• Implica tener la disposición de ayudar a su marido en todo. Inclusive trabajando para cooperar con el sustento de la familia cuando fuese necesario por estrechez económica, enfermedad, ausencia, separación o muerte.
5. Posturas Indebidas del Hombre y la Mujer
1. Del hombre
No asumir su rol como cabeza.
Sea porque la mujer no se lo permite; o simplemente porque le resulta más cómodo, es una salida inaceptable. El marido debe asumir sus funciones con toda responsabilidad. De otro modo, se sobrecargará su esposa, y quedará agobiada bajo el peso de tantas obligaciones familiares. A ella no le corresponde tomar todas las decisiones en cuanto a arreglos de la casa, administración del dinero, cuidado de la salud, disciplina de los niños, vida espiritual, etc. Hay hombres que piensan que su función se limita a trabajar fuera de la casa y traer el sueldo a fin de mes. Luego, su esposa se ocupará de todo el resto. Esto debe ser corregido pues ocasiona un gran desajuste dentro de la familia.
Anular a su mujer.
Dios le concede al varón una ayuda idónea, pero algunos no le dan lugar. Quieren hacerlo todo solos. No conversan con su esposa. No se interesan por su opinión. No le delegan responsabilidades. Son hombres tan absorbentes, tan ‘completos’ y tan necios que subestiman y anulan a su esposa, la valiosa ayuda que Dios les ha dado. La mujer se siente frustrada, amargada. Es preciso que el hombre reconozca las áreas específicas sobre las que la mujer tiene responsabilidad directa, para que ella pueda desempeñar su función con criterio propio, creatividad, gusto y ese ‘casi mágico’ toque femenino.
2. De la mujer
Usurpar el lugar de su marido.
Algunas se extralimitan· en su esfera de responsabilidad. Asumen el liderazgo de la familia y anulan a su marido. Quieren dirigirlo todo, tener siempre la última palabra. Subestiman la opinión del marido. Sienten que toda la carga de la familia cae sobre ellas.
La mujer no ha sido diseñada por Dios para llevar semejante carga. No solo porque arruina a su marido y viola el orden de Dios, sino porque sobrecarga y se agobia a sí misma. Sus nervios se alteran ya que siempre vive tensa, no sabiendo confiar en su marido, relajarse, descansar en Dios. Pasados unos años, su salud se quebranta. No conoce el reposo que trae la sujeción. Y muchas veces reacciona cuando ya es demasiado tarde; con su actitud ha forjado un marido incapaz de gobernar el hogar. Todo esto resulta en un matrimonio infeliz e hijos criados con un mal ejemplo, que volverán a repetir la historia cuando tengan sus propios hogares.
Ser independiente del marido.
Hay quienes buscan independencia en lo personal. Se fijan objetivos propios. Manejan su propio dinero. Cultivan sus propias amistades. Buscan su propia realización. Dan prioridad a su profesión, cuando la tienen. No comparten ciertas áreas de su vida. Hacen sus propios programas. No se interesan mucho en los proyectos, actividades y amistades de su marido.
Cuando estas cosas comienzan a darse, resulta obvio que el matrimonio está errando el camino. iPeligro! Es necesario hacer una revisión de fondo, detectar las causas y subsanarlas urgentemente con la ayuda de Dios. El matrimonio es una unidad total. Los dos son “una sola carne”.
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