Leccion 1, Tema 1
En Progreso

04) Responsabilidades específicas del Hombre y la Mujer

Del hombre

• Gobernar el hogar
“Debe gobernar bien su casa y hacer que sus hijos le obedezcan con el debido respeto.” 1 Timoteo 3:4
“El diácono debe ser esposo de una sola mujer y gobernar bien a sus hijos y su propia casa.”1 Timoteo 3:12

Trabajar para proveer el sustento a la familia. El varón es el principal responsable (Génesis 3: 19; 1 Tesalonicenses 4: 11,12; 1 Timoteo 5:8).

Amparar, proteger, cuidar, sostener (Efesios 5:29). Dios llama a las viudas desamparadas, porque les falta la cobertura total del varón (Salmo 68:5,6).

Jugar un papel preponderante en la formación de los hijos varones y mujeres) Afirmar los valores de su masculinidad y femineidad. Enseñarles habilidades, trabajos manuales, oficios. Formarles comercialmente, iniciarlos en los negocios. Compartir deportes. Brindarles educación sexual, etc.

Asumir la responsabilidad principal en cuanto a disciplina y corrección de los hijos (1 Samuel 3: 12,13, Hebreos 12:7-9).

Ser sacerdote para la familia, el líder espiritual. Enseñar, guiar y edificar a la familia en el Señor (Génesis 18: 19).

De la mujer

Ocuparse más dedicadamente de la crianza de los hijos. El ser MADRE es su más alto oficio. (1 Timoteo 2: 15; 5: 4).

Atender a la familia, cuidar de su alimentación (Proverbios 31:14.15).

Cooperar en mejorar los ingresos económicos, en la medida en que ello sea necesario y factible. En lo posible, evitar ausentarse del hogar (Proverbios 31: 16-18, 24).

Cuidar de la formación integral de los hijos. Enseñarles desde edad temprana todo lo concerniente a educación sexual, modales y comportamiento social, tareas domésticas, habilidades manuales, conducta frente al sexo opuesto, etc.

Enseñar las Sagradas Escrituras a los hijos. Timoteo siendo muy joven, pudo ser un ministro de Dios porque desde niño, su madre y su abuela le enseñaron las escrituras. (2 Timoteo 1:5; 3:14,15)

Instruir a las mujeres jóvenes sobre cómo desempeñar su rol de esposas y madres (Tito 2:3,4).

Responsabilidades conjuntas

Obviamente hay muchas áreas de responsabilidad compartida entre ambos cónyuges: planificación fa miliar, administración de las finanzas, adquisición de nuevos bienes, educación de los hijos, atención de su vida espiritual, formación del carácter y de buenos hábitos, apoyo y control de sus estudios, cuidado de su salud y recreación, realización de la obra del Señor, asistencia a las necesidades, etc. Para un buen desempeño en estas áreas de manejo conjunto, es necesario tener buena comunicación, dialogar con respeto y amabilidad, comprender y valorar el punto de vista del otro. La mujer es más intuitiva y el hombre más cerebral, pero ambas perspectivas son necesarias. A veces conviene consultar a terceros.

Ocupaciones

La mujer esta llamada por el Señor a estar en el hogar, la maternidad es el mas importante servicio al que Dios la ha llamado. Si resulta necesaria su ayuda económica debe buscar, en lo posible, un trabajo que pueda realizar sin salir de su hogar (como la mujer de Proverbios 31)

DEBERES DE LA ESPOSA

1. Sujeción a su Marido

• El propósito de la autoridad es establecer orden, una convivencia armónica, funcional dinámica para el logro de los objetivos. Todos estamos sujetos de uno u otro modo.

• Dios pide que la mujer se sujete a su marido, no que el marido se imponga sobre la mujer. En el reino de Dios toda autoridad es reconocida y no impuesta.

• La mujer sujeta reconoce a su marido como cabeza y en su espíritu se siente unida, ligada a él. La sujeción no es mera obediencia externa, sino una actitud interior de sumisión y respeto.

• La sujeción no anula a la mujer, sino que la ubica para secundar a su esposo con todas sus capacidades. Un ministro de economía no se siente anulado por estar bajo el presidente de la nación, sino por el contrario, en un puesto apto para desempeñar bien su función.

• La sujeción no rebaja, sino que protege a la mujer.

• La mujer debe sujetarse a su marido en todo (Efesios 5:24). El varón es el responsable general de todas las áreas de la vida familiar. La esposa se verá exceptuada de esta norma solamente cuando su marido le ordene hacer algo contra la voluntad de Dios, es decir, cuando la obligue a pecar o apartarse del Señor. En tal caso “es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 4:19).

• Las hermanas que tengan maridos incrédulos también deben sujetarse a ellos y comportarse de modo que sus maridos se conviertan al ver la conducta de sus esposas (1ª Pedro 3: 1,2).

• Sujeción no implica que la mujer no hable, ni opine, ni desarrolle criterio propio, ni haga ningún aporte o tenga injerencia en los asuntos familiares. No precisa decir sí a todo.

• Su rol es el de “ayuda idónea”. Por lo tanto, debe opinar, enterarse, dialogar, dar su punto de vista, asentir o disentir, aprobar o desaprobar, hacer su aporte.

• Cuando una esposa considera que su marido se está excediendo o actuando indebidamente; debe hablarle a solas (con serenidad y en el espíritu del Señor). Si no la escucha volver a hablarle ante uno o dos hermanos espirituales, siguiendo las indicaciones de Jesús en Mateo 18: 15-17.

2. Trato Respetuoso

• El trato respetuoso reviste de dignidad y elegancia a la mujer. En cambio, la insolencia la rebaja, la vuelve vulgar, ordinaria.

• Este respeto, este aprecio interior, debe manifestarse en la forma de conversar, el tono de la voz, los gestos, los modales, la mirada.

• Jamás debe hablar de él en su ausencia subestimándolo, despreciándolo o ridiculizándolo ante otros. “La mujer sabia edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba” (Proverbios 14: 1).

• La mujer es responsable de enseñar a los hijos con su ejemplo a honrar y respetar al padre. Si los esposos no se tratan con respeto, es muy difícil que los hijos sean respetuosos.

DEBERES DEL MARIDO

1. Amar a Su Mujer

Maridos amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ella. Colosenses 3: 19

El marido debe amar a su mujer con la misma calidad de amor con que Cristo amó a la iglesia. Cristo no sólo es el modelo sino la fuente del amor. Únicamente a través de su amor en nosotros es posible amar como él amó.

Pablo nos enseña en Efesios 5, que “los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer a sí mismo se ama … Nadie aborreció jamás a su propia carne … Y los dos serán una sola carne … Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo” (v. 28, 29, 31 y 33).
El varón debe tener la misma visión que Dios tiene con respecto al matrimonio: ambos son una sola carne. Su mujer es parte de él mismo, y él parte de su esposa. Ya no son dos sino uno, así como Cristo y la iglesia. Esta unidad matrimonial debe ser reafirmada, fortalecida y renovada cada día por el amor. El hombre que trata con amor a su esposa se hace un bien a sí mismo y fortalece la unidad matrimonial. El varón que trata mal a su esposa se destruye a sí mismo.

  • Amabilidad. Esta es la primera expresión práctica del amor. “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas” (Colosenses 3: 19). “Dando honor a la mujer como a vaso más frágil” (1ª Pedro 3:7) Debemos ser amables con todos, pero mucho más aún con nuestra propia esposa.
  • Abnegación. Otra expresión práctica del amor es la abnegación. Abnegación es el sacrificio de uno mismo en favor del prójimo. Es negarse a sí mismo, a la propia tranquilidad, comodidad o placer en pro del bien de aquel a quien uno ama. Justamente esto es lo que hizo Cristo por la iglesia: la amó y se sacrificó por ella. Pablo enseña que así deben amar los maridos a sus esposas. Lo contrario al amor es el egoísmo. Un marido egoísta busca en el matrimonio su propia comodidad.
  • Comprensión. La comprensión es otra expresión práctica del amor del esposo hacia la esposa. Saber escuchar es una de las cualidades más valiosas que una persona puede tener. El que se detiene a oír lo que el otro dice es capaz de mantener buenas relaciones con sus semejantes. Es importante que al escuchar el marido lo haga poniéndose al lado de su esposa, y no desde la vereda de enfrente. Porque al entender lo que piensa y lo que siente podrá conducirla y protegerla con sabiduría.
  • Protección y Cobertura. Una de las mayores necesidades de la mujer es el amparo de su marido. Dios llama a las viudas “desamparadas,” pues la viuda ha perdido a su marido, quien era su amparo. El marido que ama a su mujer la cuida, la protege, la cubre y la ampara. Por todo esto, el marido debe cubrir y proteger a la mujer con su fe, su oración, su amor, su sacrificio, su amabilidad, su comprensión y su aliento.
  • Amor y afecto conyugal. En base a Efesios 5:22-33 podemos afirmar que cada marido y mujer cristianos deberían AMARSE tanto que su relación pudiera servir de ilustración del amor entre Cristo y la iglesia.

Cultiva en tu corazón este amor hacia tu esposa. Enamórate de ella, valórala, apréciala, elógiala. Sé expresivo con ella, demuestra tus sentimientos, y persevera en aprender el maravilloso arte del amor Y del afecto conyugal. ¡Así harás feliz a tu esposa y a ti mismo!

2. Representar a Jesús en el Hogar

  • El esposo es responsable de establecer la presencia de Jesús en la familia. Así como Cristo es la imagen de Dios, el esposo debe ser la imagen y presencia de Jesús en el hogar. Su conducta es vital, porque si su ejemplo resulta deficiente, ¿Qué puede demandar de su esposa e hijos? Ser representante de Dios ante la familia tiene que ser una carga que lo lleve a buscar permanentemente el rostro de Dios.
  • Es responsable de establecer el gobierno de Cristo. El hombre no es la cabeza del hogar, sino Cristo (el varón es cabeza de la mujer). Por lo tanto, debe estar bajo la autoridad de Cristo para vivir como él demanda.

Cuando el Señor delega autoridad en el marido, no le da carta blanca para hacer lo que él considera mejor. Por el contrario, le establece pautas concretas y específicas.

Conducir no es imponer. Así que el esposo debe estar siempre dispuesto al diálogo. A escuchar a su esposa y dar la bienvenida a sus aportes. Es importante que sepa discernir la voluntad de Dios y que vele para que en su hogar se cumpla.

  • Es responsable de ministrar la gracia salvadora de Cristo. El hombre debe ejercer el sacerdocio dentro de su familia. No debe descuidar esta área, porque es preciso que lo espiritual sea permanentemente edificado.

Comentarios