B. LA OBRA DEL ESPIRITU SANTO EN RELACION CON CRISTO.
Probablemente la mĆ”s profunda declaración de todos los tiempos se encuentra en las primeras cuatro palabras con las que comienza nuestra Biblia: āEn el principio ⦠Dios.ā Ninguna explicación es dada. NingĆŗn intento es hecho para dar cuenta de su existencia. Simplemente es dada la revelación mĆ”s grande. Sólo en la manera en que Dios haya escogido revelarse podemos esperar tener alguna comprensión respecto a Ćl mismo. Dios ha hecho esto particularmente en la persona de su Hijo. āDios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros dĆas nos ha hablado por [literalmente: āenā] el Hijoā (Heb. 1:1, 2).
JesĆŗs podĆa decir: āEl que me ha visto a mĆ, ha visto al Padreā (Jn. 14:9), porque el Hijo era el āresplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustanciaā (Heb. 1:3). Pero entonces tenemos una revelación posterior del Hijo por el EspĆritu Santo. JesĆŗs dijo del EspĆritu Santo, āĆl me glorificarĆ”, porque tomarĆ” de lo mĆo, y se los harĆ” saber. Todo lo que tiene el Padre es mĆo; por eso dije que tomarĆ” de lo mĆo, y se los harĆ” saberā (Jn. 16:14, 15).
Por lo tanto, vemos la revelación progresiva: El Padre revelado por el Hijo y el Hijo revelado por el EspĆritu Santo. G. Campbell Morgan habla de JesĆŗs como la revelación del Padre, y del EspĆritu Santo como la interpretación de la revelación.
SerĆ” sumamente provechoso, entonces, estudiar la cercanĆa del ministerio del EspĆritu Santo a la persona y ministerio del SeƱor JesĆŗs, especialmente ya que Ćl tomó sobre sĆ mismo la bajeza de nuestra naturaleza humana. Al estudiar la obra del EspĆritu Santo en la vida de Cristo, reconocemos que el EspĆritu Santo tiene poco, si acaso algo que ver, con la deidad de Cristo. Eso no era necesario, porque era perfecto y siempre habĆa sido asĆ. Pero El EspĆritu Santo tuvo mucho que ver con la naturaleza humana de Cristo. Se llamarĆ” la atención a la obra del EspĆritu Santo en (1) la persona de Cristo; (2) el ministerio terrenal de Cristo; (3) concerniendo la muerte y resurrección de Cristo; y (4) el ministerio de Cristo a la iglesia de hoy en dĆa.
1. En cuanto a la persona de Cristo.
1.1. Fue enviado al mundo por el EspĆritu Santo, junto con el Padre.
āDesde un principio no he hablado en secreto; yo estaba allĆ desde que esto se hizo realidad, y ahora el SeƱor y su espĆritu me han enviado. AsĆ dice el SeƱor, tu Redentor, el Santo de Israelā¦ā (Is 48:16-17).
Cristo no tuvo su comienzo en BelĆ©n. Ćl existió desde toda eternidad; se podrĆa decir que aquel que ya existĆa fue enviado al mundo.
1.2. Fue concebido, o engendrado, por el EspĆritu Santo.
Este hecho se confirma en tres pasajes de la escritura:
āRespondiendo el Ć”ngel, le dijo: El EspĆritu Santo vendrĆ” sobre ti, y el poder del AltĆsimo te cubrirĆ” con su sombra; por lo cual tambiĆ©n el santo Ser que nacerĆ”, serĆ” llamado Hijo de Diosā (Lc. 1:35).
āEstando desposada MarĆa su madre con JosĆ©, antes que se juntasen, se halló que habĆa concebido del EspĆritu Santoā (Mt. 1:18).
ā⦠Un Ć”ngel del SeƱor le apareció en sueƱos y le dijo: JosĆ©, hijo de David, no temas recibir a MarĆa tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del EspĆritu Santo esā (Mt. 1:20).
La concepción de JesĆŗs no fue el llamamiento de un nuevo ser a la vida, (como en el caso de todos los nacimientos humanos), sino de uno que habĆa existido eternamente, y quien, por su concepción, ahora entraba a una relación vital con la naturaleza humana. Cuando Cristo nació no fue la concepción de una personalidad humana sino la de una naturaleza humana. Hay sólo una personalidad en Jesucristo, o sea el Eterno, que era y es el Hijo de Dios.
1.3. Su recepción en el templo fue preparada por el EspĆritu Santo.
Y he aquĆ habĆa en JerusalĆ©n un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el EspĆritu Santo estaba sobre Ć©l. Y le habĆa sido revelado por el EspĆritu Santo, que no verĆa la muerte antes que viese al ungido del SeƱor. Y movido por el EspĆritu, vino al templo. Y cuando los padres del niƱo JesĆŗs lo trajeron al templo, para hacer por Ć©l conforme al rito de la ley, Ć©l le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, SeƱor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación ⦠(Lc. 2:25ā30).
Este es un pasaje notable en relación con el ministerio del EspĆritu Santo, al testificar a Simeón y luego preparar el cumplimento de la profecĆa dada a ese antiguo santo.
1.4. Su crecimiento es atribuido al EspĆritu Santo.
La Biblia atribuye el crecimiento fĆsico, intelectual, y espiritual al EspĆritu Santo.
āY el niƱo crecĆa y se fortalecĆa [en el EspĆritu], y se llenaba de sabidurĆa; y la gracia de Dios era sobre Ć©lā (Lc. 2:40).
TambiĆ©n se nos dice en Lucas 2:52: āY JesĆŗs crecĆa en sabidurĆa y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.ā
JesĆŗs no fue creado como un adulto al igual que AdĆ”n. Ćl creció y se desarrolló como crece cualquier otro niƱo, excepto que no poseĆa ninguno de los detrimentos de una naturaleza pecaminosa. Su desarrollo fue rĆ”pido y hermoso. El hecho es que, a la edad de doce aƱos, los rabinos en el templo estuvieron asombrados al escucharlo. Pero esto se debĆa a una operación del EspĆritu Santo dentro de Ćl.
Dice el profeta IsaĆas: āSaldrĆ” una vara del tronco de IsaĆ, y un vĆ”stago retoƱarĆ” de sus raĆces. Y reposarĆ” sobre Ć©l el EspĆritu de JehovĆ”; espĆritu de sabidurĆa y de inteligencia, espĆritu de consejo y de poder, espĆritu de conocimiento y de temor de JehovĆ”ā (Is. 11:1, 2).
La deidad de Cristo no podĆa crecer ni en lo mĆ”s mĆnimo, o en ningĆŗn sentido, porque era perfecta y completa. Pero su humanidad sĆ se desarrolló y se incrementó en sus capacidades. Palmer declara:
Ni era esto debido al hecho que el JesĆŗs hombre estaba inseparablemente conectado a la persona divina, para que como hombre tuviera omnisciencia; eso destruirĆa su verdadera humanidad.
1.5. Fue guiado por el EspĆritu Santo al desierto, para ser tentado por el Diablo.
āEntonces JesĆŗs fue llevado por el EspĆritu al desierto, para ser tentado por el diabloā (Mt. 4:1). āY luego el EspĆritu le impulsó al desierto. Y estuvo allĆ en el desierto cuarenta dĆas, y era tentado por SatanĆ”s ā¦ā (Mr. 1:12, 13). Palmer comenta que Lucas:
⦠usa un tiempo verbal, el imperfecto, que indica no un acto momentĆ”neo, sino un perĆodo de tiempo. La clara indicación, entonces, es que no sólo el EspĆritu Santo llevó a Cristo al desierto, sino que todo el tiempo que Cristo estuvo allĆ, el EspĆritu Santo estuvo con Ćl, guiĆ”ndole y ayudĆ”ndole a vencer las tentaciones. Y cuando todas terminaron, Lucas dice que Ćl āvolvió en el poder del EspĆrituā (4:4). En otras palabras, ese perĆodo entero de tentación, de principio a fin, estuvo bajo el control del EspĆritu Santo, y fue por medio del EspĆritu que le fue dada a la naturaleza humana de JesĆŗs la fuerza para vencer las severas tentaciones puestas ante Ćl. El no tuvo victoria porque su naturaleza divina infundió cualidades divinas a su naturaleza humana, capacitĆ”ndole para resistir. De ser asĆ, entonces ya no hubiera sido hombre. En cambio, siendo un hombre completo, se fió del EspĆritu que moraba en Ćl para obtener la habilidad de resistir el mal.
Note cuidadosamente que JesĆŗs no fue acorralado por el diablo. Ćl fue llevado o como Marcos dice, āimpulsadoā por el EspĆritu a encontrar al enemigo. Esto es de gran instrucción para los creyentes hoy dĆa. EnseƱa fuertemente que el cristiano no estĆ” necesariamente fuera de la voluntad de Dios cuando estĆ” siendo expuesto a una prueba personal. TambiĆ©n, enseƱa que puede tener la misma victoria, porque tiene el mismo EspĆritu Santo morando en Ć©l.
2. En cuanto al ministerio terrenal de Cristo.
JesĆŗs era en realidad el verdadero Dios, pero cuando vino a este mundo parece que se sujetó de tal manera al Padre que su ministerio fue mediante la dirección y el poder del EspĆritu Santo. Note los siguientes ejemplos de la actividad del EspĆritu en el ministerio de Cristo:
2.1. El EspĆritu Santo ungió a JesĆŗs con poder para su ministerio.
Y JesĆŗs, despuĆ©s que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquĆ los cielos fueron abiertos, y vio al EspĆritu de Dios que descendĆa como paloma, y venĆa sobre Ć©l. Y hubo una voz de los cielos, que decĆa: Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia (Mt. 3:16, 17).
2.2. Esta unción del EspĆritu Santo tiene como propósito equipar a JesĆŗs oficialmente para su ministerio pĆŗblico.
2.2.1. Su ministerio de predicación
No es hasta despuĆ©s de esto que leemos que Ćl enseƱa y predica (Lc. 5:14, 15; Mt. 4:17). āEl EspĆritu de Dios estĆ” sobre mĆ, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres ā¦ā (Lc. 4:18).
Es muy comĆŗn pensar que las palabras de gracia que proceden de su boca fueron el resultado de su propia grandeza inherente, pero JesĆŗs las atribuye a la unción del EspĆritu Santo.
2.2.2. Su ministerio como sanador
āCómo Dios ungió con el EspĆritu Santo y con poder a JesĆŗs de Nazaret y cómo Ć©ste anduvo ⦠sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Ć©lā (Hch. 10:38).
En verdad, fue el resultado del poder dado a Ćl por el EspĆritu Santo el que pudo ejecutar milagros.
2.2.3. Su ministerio de liberación echando fuera a los demonios
En Mateo 12:28 JesĆŗs atribuye su habilidad de echar fuera demonios al EspĆritu Santo: āPero si yo por el EspĆritu Santo echo fuera los demonios ā¦ā
Los fariseos acusaron a JesĆŗs de echar fuera demonios por BeelzebĆŗ, el prĆncipe de los demonios. JesĆŗs les mostró la insensatez de SatanĆ”s echĆ”ndose fuera a sĆ mismo. Ćl aclaró muy bien su fuente de poder para este ministerio.
En Hechos 10:38 leemos: āCómo Dios ungió con el EspĆritu Santo y con poder a JesĆŗs de Nazaret y cómo Ć©ste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Ć©l.ā JesĆŗs era consciente de esta unción, al leer en la sinagoga de Nazaret, en IsaĆas 61:1: āEl EspĆritu del SeƱor estĆ” sobre mĆ, por cuanto me ha ungido ā¦ā (Lc. 4:18).
3. En cuanto a la muerte y resurrección de Cristo.
3.1. Fue capacitado por el EspĆritu Santo para ofrecer el sacrificio necesario por los pecados.
āĀæCuĆ”nto mĆ”s la sangre de Cristo, el cual mediante el EspĆritu eterno se ofreció a sĆ mismo sin mancha a Dios, limpiarĆ” vuestras conciencias de obras muertas para que sirvĆ”is al Dios vivo?ā (Heb. 9:14).
No era suficiente que JesĆŗs sufriera y muriera por nuestros pecados, debĆa hacerlo en la forma debida. Como lo expresa Abraham Kuyper:
Cristo no solamente nos redimió a travĆ©s de sus sufrimientos, al ser escupido, azotado, coronado con espinas, crucificado y muerto; sino que esta pasión fue hecha efectiva para nuestra redención por su amor y obediencia voluntaria. Por lo tanto, en los sufrimientos de Cristo hubo mucho mĆ”s que una satisfacción meramente pasiva y penal. Nadie obligó a JesĆŗs. Ćl, participante de la naturaleza divina, no podĆa ser forzado, pero se ofreció voluntariamente: āHe aquĆ que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro estĆ” escrito de mĆ.ā
Y Edwin Palmer explica:
Dios siempre demanda una relación correcta entre el corazón y el acto pĆŗblico. Ćl no se agrada con la simple conformación externa a su voluntad, sino que debe haber la actitud correspondiente del alma. Ćl no mira sólo a los labios que dicen, āSeƱor, SeƱorā, o los vasos que estĆ”n limpios por fuera, sino que Ćl demanda una actitud de amor perfecto hacia Ćl. Si JesĆŗs hubiera ido a la cruz involuntariamente, de mal humor, de mala gana, estoicamente; y no voluntariamente, con un celo perfecto, ardiente, y con fe hacia el Padre, no se hubiera podido hacer ninguna expiación.
Hebreos 9:14, citado anteriormente, indica que la perfección del sacrificio de Cristo, la actitud correcta, obediente y amante fue hecha posible por el EspĆritu Santo. āEl cual mediante el EspĆritu eterno se ofreció a sĆ mismo sin mancha a Dios.ā
Sin la capacitación del EspĆritu Santo, el JesĆŗs hombre nunca hubiera podido hacer esto. El EspĆritu le capacitó para ofrecer un sacrificio perfecto con la actitud que era aceptable a Dios. Ā”Indudablemente, el EspĆritu Santo le dio poder por gracia y lo sostuvo durante los sufrimientos, tanto fĆsicos como espirituales, de ese horrible sacrificio!
3.2. Fue levantado de los muertos por el EspĆritu Santo.
Romanos 8:11 habla de āel EspĆritu de aquel que le levantó de los muertos a JesĆŗs.ā
A veces la resurrección de JesĆŗs es atribuida al Padre. Hechos 2:24, hablando de JesĆŗs, dice: āAl cual Dios levantó.ā
En otros pasajes se dice que la obra fue del Hijo mismo. En Juan 10:17, 18, JesĆŗs dice: ā⦠Yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mĆ mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.ā
Pero tambiĆ©n, en una manera especial, la resurrección es la obra del EspĆritu Santo.
4. En cuanto al ministerio de Cristo a la iglesia.
4.1. Cristo dio mandamientos a sus apóstoles por medio del EspĆritu Santo.
Hechos 1:1, 2 dice ā⦠todas las cosas que JesĆŗs comenzó a hacer y enseƱar, hasta el dĆa en que fue recibido arriba, despuĆ©s de haber dado mandamientos por el EspĆritu Santo a los apóstoles que habĆa escogido ā¦.ā El EspĆritu Santo estĆ” tan vitalmente conectado con el ministerio de los siervos del SeƱor que parece muy lógico que debiera haber sido Ćl quien inspiró al SeƱor JesĆŗs a dar mandamientos a los discĆpulos al ser enviados.
Hoy, al guiar el EspĆritu Santo a cada cristiano en el servicio del SeƱor, es una bendición darse cuenta que es aĆŗn la voz de JesĆŗs hablĆ”ndole. En otras palabras, el mismo Salvador que comandó a esos primeros discĆpulos por medio del EspĆritu Santo, estĆ” guiando y dirigiendo los intentos de sus siervos de hoy por medio del mismo bendito EspĆritu Santo. La iglesia no depende de la presencia corporal del SeƱor a fin de ser guiada por Ćl, porque es guiada por el EspĆritu Santo.
4.2. Cristo es el dador del EspĆritu Santo.
En el mensaje de Pedro en el dĆa de PentecostĆ©s, explicando el derramamiento del EspĆritu que maravilló a todos en JerusalĆ©n, Ć©l dijo acerca de JesĆŗs: āAsĆ que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del EspĆritu Santo, ha derramado esto que ustedes ven y oyenā (Hch. 2:33).
Este fue el cumplimiento de la promesa del SeƱor a sus discĆpulos, āPero cuando venga el Consolador, a quien yo les enviarĆ© del Padre ā¦ā (Jn. 15:26).
QuizĆ” la cosa mĆ”s importante que JesĆŗs ha hecho por sus seguidores, despuĆ©s de haber comprado la redención por su muerte y resurrección, es bautizarlos con el EspĆritu Santo. Juan el Bautista, movido por el EspĆritu Santo, al hablar de aquello que caracterizarĆa la venida de JesĆŗs, dijo, ā⦠él los bautizarĆ” en EspĆritu Santo y fuegoā (Mt. 3:11).
El EspĆritu estaba tan vitalmente presente en todo el ministerio del Salvador, que no era extraƱo que Ćl estuviera ansioso de que, aquellos que iban a continuar su obra, tuvieran igualmente el mismo poder del EspĆritu Santo. Ā”Es verdaderamente maravilloso que los creyentes hoy en dĆa tengan este mismo y gran privilegio! ĀæDe quĆ© otra forma podrĆa ser lograda su obra? Este es el verdadero ministerio del Nuevo Testamento, siendo JesĆŗs nuestro gran ejemplo.
Esto es lo que JesĆŗs indicó cuando dijo: ā⦠El que en mĆ cree, las obras que yo hago, Ć©l las harĆ” tambiĆ©n y aĆŗn mayores harĆ”, porque yo voy al Padreā (Jn. 14:12).