05) ¿Cuáles son las distinciones entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo?
Después de revisar los errores respecto a la Trinidad, podemos pasar a preguntarnos si se puede decir algo más respecto a las distinciones entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Si decimos que cada miembro de la Trinidad es plenamente Dios, y que cada persona comparte y participa de todos los atributos de Dios, ¿hay alguna diferencia entre las personas?
1. Las personas de la Trinidad tienen diferentes funciones primarias al relacionarse con el mundo.
Cuando la Biblia habla de la manera en que Dios se relaciona con el mundo, tanto en la creación como en la redención, dice que las personas de la Trinidad tienen diferentes funciones o actividades primarias.
A veces a esto se llama «economía de la Trinidad» usando economía en el sentido antiguo de «ordenación de actividades». (En este sentido la gente solía hablar de la «economía de una casa» o «economía del hogar» para referirse no sólo los asuntos financieros de un hogar, sino a la «ordenación de actividades» dentro de la casa.)
La «economía de la Trinidad» quiere decir las diferentes maneras en que las tres personas actúan al relacionarse con el mundo y entre sí por toda la eternidad.
Vemos estas diferentes funciones en la obra de la creación.
Dios Padre dijo las palabras creadoras para hacer que el universo llegara a existir.
Pero fue Dios Hijo, el eterno Verbo de Dios, el que realizó estos decretos creativos: «Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir» (Jn 1:3; ver 1 Co 8:6; Col 1:16; He 1:2).
El Espíritu Santo estaba también activo de una manera diferente, al «moverse» o «ir y venir» sobre la superficie de las aguas (Gn 1:2), al parecer sustentando y manifestando la presencia inmediata de Dios en su creación (cf. Sal 33:6, en donde «soplo» tal vez se traduzca mejor «Espíritu»; vea también Sal 139:7).
Distintas funciones en la obra de la redención.
Dios Padre planeó la redención y envió a su Hijo al mundo (Jn 3:16; Gá 4:4; Ef 1:9–10).
El Hijo obedeció al Padre y realizó nuestra redención (Jn 6:38; He 10:5–7; et ál.).
Dios Padre no vino y murió por nuestros pecados, ni tampoco Dios Espíritu Santo, fue la obra particular del Hijo.
Después que Jesús ascendió al cielo, el Padre y el Hijo enviaron al Espíritu Santo para que aplicara la redención a nosotros.
Jesús habla del «Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre» (Jn 14:26), también dice que él mismo enviará al Espíritu Santo, porque dice: «Si me voy, se lo enviaré a ustedes» (Jn 16:7).
Es papel especialmente del Espíritu Santo darnos regeneración, o vida nueva espiritual (Jn 3:5–8), santificarnos (Ro 8:13; 15:16; 1 P 1:2), y darnos poder para el servicio (Hch 1:8; 1 Co 12:7–11).
La obra del Espíritu Santo es “llevar a término la obra que fue planeada por Dios Padre y empezada por Dios Hijo”.
Así que podemos decir que el papel del Padre en la creación y en la redención ha sido planear, dirigir y enviar al Hijo y al Espíritu Santo.
2. Las personas de la Trinidad existieron eternamente como Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Pero, ¿por qué las personas de la Trinidad asumen estos diferentes papeles al relacionarse con la creación? ¿Fue accidental o arbitrario?
¿Podría Dios Padre haber venido en lugar del Dios Hijo para morir por nuestros pecados?
¿Podría el Espíritu Santo haber enviado a Dios Padre para que muriera por nuestros pecados, y entonces enviar a Dios Hijo para que pusiera en práctica la redención?
No; no parece que esto pudiera haber sucedido, porque la función de ordenar, dirigir y enviar es apropiada a la posición del Padre, por quien se modela toda la paternidad humana (Ef 3:14–15).
El papel del obediente que va conforme envía el Padre y revela a Dios es apropiado al papel del Hijo, al que también se le llama el Verbo de Dios (cf. Jn 1:1–5, 14, 18; 17:4; Fil 2:5–11).
Estas funciones no se podían haber invertido porque el Padre habría dejado de ser Padre y el Hijo habría dejado de ser Hijo. Por analogía de esa relación podemos concluir que el papel del Espíritu Santo es de igual modo adecuado a la relación que tenía con el Padre y el Hijo antes de que el mundo fuera creado.
Segundo, antes de que el Hijo viniera a la tierra, e incluso antes de que el mundo fuera creado, por toda la eternidad el Padre ha sido el Padre, el Hijo ha sido el Hijo, y el Espíritu Santo ha sido el Espíritu Santo. Estas relaciones son eternas, no algo que sucedió sólo en el tiempo. Podemos concluir esto primero de la inmutabilidad de Dios (vea cap. 4). Si Dios ahora existe como Padre, Hijo y Espíritu Santo, siempre ha existido como Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Podemos también concluir que las relaciones son eternas a partir de otros versículos bíblicos que hablan de las relaciones que tenían entre sí los miembros de la Trinidad antes de la creación del mundo.
Por ejemplo, cuando la Biblia habla de la obra de Dios en la elección antes de la creación del mundo, habla que el Padre nos escogió «en» el Hijo: «Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que … nos escogió en él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él» (Ef 1:3–4).
El acto de iniciación de la elección se atribuye a Dios el Padre, quien nos consideró unidos a Cristo o «en Cristo» antes de que siquiera existiéramos (vea también Ro 8:29: El Padre nos «predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo»). Incluso el hecho de que el Padre «dio a su Hijo unigénito» (Jn 3:16) y «envió a su Hijo al mundo» (Jn 3:17) indica que hubo una relación de Padre a Hijo antes de que Cristo viniera al mundo.
Cuando la Biblia habla de la creación, de nuevo habla de que el Padre creó a través del Hijo, lo que indica una relación anterior al momento en que empezó la creación (vea Jn 1:3; 1 Co 8:6; He 1:2). Pero en ninguna parte dice que el Hijo o el Espíritu Santo crearon a través del Padre.
Estos pasajes de nuevo implican que hubo una relación de Padre (como autor) e Hijo (como agente activo) antes de la creación, y que esta relación hizo apropiado que las diferentes personas de la Trinidad cumplieran los papeles que cumplieron.
Por consiguiente, las diferentes funciones que vemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo realizar son simplemente resultado de una relación eterna entre las tres personas, relación que siempre ha existido y siempre existirá por la eternidad. Dios siempre ha existido como tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Estas distinciones son esenciales para la naturaleza de Dios, y no podría ser de otra manera.
Finalmente, se puede decir que no hay diferencias en deidad, atributos o naturaleza esencial entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cada persona es plenamente Dios y tiene todos los atributos de Dios. Las únicas distinciones entre los miembros de la Trinidad están en la manera en que se relacionan entre sí y con la creación. En esas relaciones desempeñan funciones o papeles apropiados para cada persona.
Esta verdad acerca de la Trinidad a veces se ha resumido en la frase «igualdad ontológica pero subordinación económica», en la que la palabra ontológica quiere decir «ser» y económica se refiere a las diferentes actividades o papeles. Otra manera de expresar esto en forma más sencilla sería decir «igual en ser pero subordinados en papeles». Ambas partes de esta frase son necesarias para una doctrina verdadera de la Trinidad: Si no tenemos igualdad ontológica no todas las personas son plenamente Dios. Pero si no tenemos subordinación económica,5 no hay diferencia inherente en la manera en que las tres personas se relacionan entre sí, y consecuentemente no tenemos tres personas distintas existiendo como Padre, Hijo y Espíritu Santo por toda la eternidad.
Algunos escritos evangélicos recientes han negado una subordinación eterna en el papel entre los miembros de la Trinidad, tal vez pensando que un papel subordinado necesariamente implica menor importancia o menos personalidad. Por supuesto, no hay posición de inferioridad entre los miembros de la Trinidad a pesar de sus diferentes funciones, y la idea de una subordinación eterna en función ha sido claramente parte de la doctrina de la Iglesia sobre la Trinidad por lo menos desde el concilio de Nicea (325 d.C.). Así lo dice Charles Hodge:
La doctrina nicena incluye (1) el principio de subordinación del Hijo al Padre, y del Espíritu al Padre y al Hijo. Pero esta subordinación propuesta es sólo lo que tiene que ver con el modo de subsistencia y operación.…
Los credos no son sino el arreglo bien ordenado de los hechos de la Biblia que tienen que ver con la doctrina de la Trinidad. Afirman la distinta personalidad del Padre, Hijo y Espíritu … y su resultante perfecta igualdad; y la subordinación del Hijo al Padre, y del Espíritu al Padre y al Hijo, en lo que tiene que ver con modo de subsistencia y operación. Estos son hechos bíblicos, a los que los credos en cuestión no añaden nada; y es en este sentido que la Iglesia universal los ha aceptado.6
3. ¿Podemos entender la doctrina de la Trinidad?
Los errores que se han cometido en el pasado deberían servirnos de advertencia.
Todos han resultado de intentos de simplificar la doctrina de la Trinidad y hacerla completamente comprensible, quitándole todo misterio. Esto nunca se podrá hacer. Sin embargo, no es correcto decir que no podemos entender nada de la doctrina de la Trinidad. Claro que podemos entenderla y saber que Dios es tres personas, y que cada persona es plenamente Dios, y que hay un solo Dios.
Podemos saber estas cosas porque la Biblia las enseña. Es más, podemos saber algunas cosas de la manera en que las personas se relacionan entre sí.
Pero lo que no podemos comprender totalmente es cómo todas estas enseñanzas bíblicas encajan unas con otras. Nos preguntamos cómo puede haber tres personas distintas y cada persona tener todo el ser de Dios en sí mismo, y sin embargo Dios es un solo ser indiviso.
Esto no podemos entenderlo.
Pero también hay que decir que la Biblia no nos pide creer en una contradicción. Una contradicción sería: «Hay sólo un Dios y no hay un solo Dios», o «Dios es tres personas y Dios no es tres personas», o incluso «Dios es tres personas y Dios es una persona». Pero decir que «Dios es tres personas y hay sólo un Dios» no es una contradicción.
Es algo que no entendemos, y es por consiguiente un misterio o una paradoja, pero no debe significar problema por cuanto los diferentes aspectos del misterio están enseñados claramente en la Biblia, porque mientras seamos criaturas finitas y no omnisciente deidad, siempre habrá (por toda la eternidad) cosas que no entenderemos plenamente.
5 Hay que distinguir con todo cuidado entre la subordinación económica y el error del «subordinacionismo», que sostiene que el Hijo y el Espíritu Santo son inferiores en ser al Padre (vea la sección C.2, pp. 112–114.)
6 Systematic Theology, 3 vols., Eerdmans, Grand Rapids, 1970; publicado primero en 1871–73, 1:460–62 (cursivas mías).
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