Leccion 1, Tema 1
En Progreso

E. INSTRUCCIONES ESPECIALES SOBRE LOS DONES DE LENGUAS Y PROFECÍA.

Todo el capítulo catorce de I Corintios fue escrito para instruir a la iglesia sobre el uso correcto de los dones espirituales, especialmente los dones vocales de lenguas, interpretación de lenguas y profecía. Algunos han concluido que Pablo escribió a los corintios para desanimar el uso de lenguas. Tal no puede ser el caso, porque él dijo en el versículo cinco: “Así que, quisiera que todos ustedes hablen en lenguas …” El apóstol que dijo: “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos ustedes …” (Vs 18) no estaba desanimando el uso de las lenguas, pero sí estaba prohibiendo las lenguas no interpretadas en reuniones públicas.

Pablo quería que todos usaran las lenguas como un idioma de oración (Vs 2, 4). Aparentemente, los corintios pensaban que cuando el Espíritu se movía se esperaba que ejercieran su don, aún si todos hablaban al mismo tiempo, y aún si no había interpretación. No sabían que el espíritu de la persona dotada estaba sujeto al control personal (v. 32). Pasaron por alto el hecho de que Dios da privilegios a los creyentes para ser usados inteligentemente, de acuerdo con la escritura, y con el único propósito de la edificación espiritual del cuerpo entero.

Los dones realmente pertenecen a la iglesia más de lo que pertenecen a los individuos que los ejercen. Los dones no deben ser utilizados egoísta u ostentosamente, o sin amor (I Cor. 13). El uso de los dones vocales entre miembros del cuerpo no debe usarse todo el tiempo de la reunión, causando que el ministerio de la enseñanza de la palabra y la predicación del evangelio sean desplazados o desaparecidos (Vs 27, 29). Lo opuesto, por supuesto, también es cierto. Los dones son una gran bendición cuando están en sumisión al modelo bíblico y a un sabio liderazgo espiritual.

1. La prioridad de la profecía.

Sigan el amor; y procuren los dones espirituales, pero sobre todo profeticen” (14:1). Profecía es el don vocal de preferencia. Ha sido dicho que las lenguas más la interpretación es igual a la profecía (Vs 5). Esto no es del todo cierto. El versículo treinta y nueve dice: “Así que, hermanos, procuren profetizar, y no impidan el hablar lenguas.” Las lenguas referidas aquí, deben haber sido interpretadas, dado a que Pablo ya les había prohibido hablar en lenguas sin interpretación. La conclusión es que las lenguas deben ser permitidas, pero la profecía ha de ser procurada y animada. La profecía logra la edificación en una operación; es más directa y con menos posibilidad de distracción. Las lenguas son principalmente dirigidas a Dios, y son preferidas para la oración y alabanza; la profecía es preferida para la edificación, exhortación y consolación de la iglesia.

2. El uso privado de las lenguas.

El uso más importante del don de lenguas es aquel de lenguas como idioma de oración personal (Vs 2, 14, 15; Rom. 8:26, 27). Algunos han sugerido que Jesús habló en lenguas interiormente cuando oró por el hombre sordomudo en Marcos 7:34, porque la misma palabra griega stenazo es usada en Romanos 8:26 y es traducida como “gemidos indecibles.” La oración en lenguas es normal para un creyente lleno del Espíritu. Los creyentes son ordenados a orar así: “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu …” (Ef. 6:18) (Vea también Ef. 5:18, 19).

La oración en el Espíritu promueve una profundización de la vida de oración y el desarrollo de la personalidad espiritual. Muchos críticos del don de lenguas concluyen que el hablar en lenguas puede estorbar la sanidad mental. El hecho es que estudios psicológicos han mostrado que el hablar en lenguas tiende a integrar y solidificar la personalidad y hacer a los poseedores del don más capaces de enfrentar los problemas de la vida.

Pablo, en Romanos 8:26, 27 dice que el Espíritu puede ayudar en nuestra debilidad a través de la oración que se deriva de nuestra falta de conocimiento en cuanto al por qué y sobre qué orar. El Espíritu que conoce nuestra necesidad mejor que nosotros y ora a través de nosotros con gemidos indecibles, logrando intercesión en un nivel más alto que aquel de nuestro pedir consciente.

3. Lenguas e interpretación.

Hay tres usos del don de lenguas además de las lenguas como evidencia física e inicial del bautismo con el Espíritu Santo:

3.1.   Lenguas ejercitadas en alabanza como lenguaje de oración, lo cual es un poderoso canal de comunicación con Dios y un vehículo de alabanza.

3.2.   Lenguas como una señal a los incrédulos (I Cor. 14:22, 23). Una “señal” no es necesariamente un medio para convertir a los incrédulos. Según Pablo (Vs 22–24), la profecía es la que convence al incrédulo; las lenguas, la “señal”, testifican al incrédulo de arrepentimiento y condenan al que no se arrepiente. En el versículo veintiuno, Pablo había dicho, refiriéndose a la cita de Isaías: “… En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo, y ni aun así me oirán, dice el Señor.” (Vea Is. 28:11–13) No obstante, la “señal” cuando es dada por Dios es necesaria.

3.3.   Las lenguas como un don vocal dirigido a la iglesia, que siempre deben ser interpretadas. Si el que habla en lenguas no está seguro de la presencia de un intérprete, debe mantenerse callado u orar que él pueda ser capacitado para interpretar (Vs 13, 28).

4. Oración y alabanza en el Espíritu.

Mucho ha sido escrito sobre este aspecto de las lenguas como un vehículo provisto por el Espíritu para orar y alabar. Sin embargo, hay ocasiones cuando las lenguas de oración y alabanza en el Espíritu requieren interpretación. “¿Qué pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento” (Vs 15). En el versículo 16 se indica que éste es un ministerio al cuerpo (quizá un grupo menor) “Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho.” Claramente, esta manifestación difiere de las lenguas como un idioma privado de oración como es descrito en I Corintios 14:14, 28.

5. Limitaciones sobre las lenguas y profecías.

Aparentemente, las reuniones en Corinto estaban tan entregadas al ejercicio de los dones vocales, especialmente el hablar en lenguas (con o sin interpretación), que todo otro ministerio era reducido o eliminado. Primera de Corintios capítulo catorce fue escrito para colocar a los dones vocales en perspectiva y dar una enseñanza sobre un ejercicio maduro de los dones. El capítulo doce (Vs 4–6) ya había enfatizado la necesidad de variación en la distribución de los dones. Si todos los dones han de ser ejercitados, y si todo creyente ha de ejercer algún don (Vs 11), los dones vocales no deben ocupar el cuerpo entero.

La profecía y las lenguas con interpretación ejercidas en orden bíblico son muy edificantes, pero debe haber también una enseñanza ungida, la predicación del evangelio y otros ministerios. Por lo tanto, las manifestaciones con lenguas deben estar a cargo de dos o tres y con su debida interpretación. Asimismo las profecías deben ser limitadas a dos o tres en cualquier reunión. Las declaraciones sobrenaturales no deben ser tan numerosas que llegan a ser el común y corriente. Esto puede haber ocurrido en Tesalónica, causando a Pablo advertir “No menosprecen las profecías” (I Tes. 5:20). Un importante hecho sobre la operación de los dones es expresado por el apóstol en el versículo treinta y dos: “Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas.” Luego agrega: “Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos …” (Vs 33).

Todos aquellos que ejercen los dones vocales deberían orar por sabiduría en el reconocimiento de aquellos momentos de una reunión en donde una declaración está edificando. Sólo en ocasiones muy raras se debe interrumpir al que está ministrando, a través de hablar en lenguas. El Espíritu Santo es un caballero. Hay momentos diferentes en la reunión donde el don para la edificación de la iglesia puede ser ejercitado; no hay necesidad de que ninguno sea interrumpido. Hay excepciones, pero son raras.

6. No ha de ser considerado infalible.

Otro principio para el ejercicio de los dones es que ninguna operación lograda por medio de instrumentos humanos es infalible. El don de discernimiento de espíritus deber estar activo en toda asamblea donde los dones sean ejercidos. Esto no significa que cada vez que un don vocal se active en la iglesia, se debe juzgar públicamente. Pablo escribió: “Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen [disciernan]” (I Cor. 14:29). Todo creyente lleno del Espíritu tiene alguna medida de habilidad para juzgar si lo dicho resulta ser edificante espiritualmente. Si todos han de discernir, entonces cada uno debe discernir si la declaración tiene o no valor espiritual para él mismo. Si tiene valor y aplicación, él debería recibir el mensaje y actuar de acuerdo con él en su propia vida.

No todos los mensajes son aplicables a todos los presentes. Si la declaración es completamente del espíritu humano y no es edificante, entonces, con el don de discernimiento puede ser juzgada sin provecho. Si la declaración es del espíritu del maligno, entonces se denuncia y los creyentes son advertidos. El liderazgo debería procurar el don de discernimiento. “Sigan el amor, y procuren los dones espirituales, pero sobre todo profeticen” (I Cor. 14:1).

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