Leccion 1, Tema 1
En Progreso

Tito 3

Este capítulo continúa la exhortación de Pablo a Tito concerniente a su ministerio en las iglesias locales. Ha hablado respecto a los creyentes ancianos, los jóvenes y los siervos. Ahora se refiere a dos clases adicionales de personas.

I. Los gobernantes civiles (3.1–7)

Los cristianos deben ser buenos ciudadanos. Es cierto que Ā«nuestra ciudadanĆ­a estĆ” en los cielosĀ» (Flp 3.20), pero mientras estemos aquĆ­ en la tierra, debemos aplicar nuestra fe cristiana a la vida diaria prĆ”ctica. La iglesia no debe inmiscuirse en partidos polĆ­ticos, pero es cierto que el pueblo cristiano debe procurar aplicar los principios cristianos a los asuntos de la ciudad y la nación (Ro 13; 1 P 3.8–17).

Incluso en el caso de que el creyente no pueda honrar la conducta personal de un gobernante, debe honrar el oficio y las leyes de la nación. Por supuesto, si las leyes contradicen la Palabra de Dios, la primera lealtad del cristiano es hacia Dios (Hch 4.19; 5.29). «Dispuestos a toda buena obra» (v. 1) sugiere que los cristianos deben respaldar lo que es bueno en el programa del gobierno. No es menos cierto que muchas reformas humanitarias del pasado las han promovido hombres de principios cristianos y no debemos ser meros espectadores cuando es posible hacer el bien. Los cristianos son la sal de la tierra y la luz del mundo; por consiguiente, debemos involucrarnos en las buenas causas del gobierno, siempre y cuando no comprometamos nuestras convicciones o estorbemos la obra del Señor.

Algunos cristianos piensan que lograrĆ”n sus propósitos mediante discusiones y en el versĆ­culo 2 Pablo advierte en contra de esparcir con malas intenciones mentiras y empezar peleas. Ā«La ira del hombre no obra la justicia de DiosĀ» (Stg 1.20). La amabilidad y la mansedumbre pueden ser mĆ”s fuertes aun que el poder polĆ­tico. Los cristianos dependen de diferentes armas al luchar contra el pecado (2 Co 10.1–6). El creyente sabe cómo confiar en que Dios librarĆ” sus batallas despuĆ©s de que Ć©l (el creyente) ha hecho todo lo que puede (Ro 12.17–21). La mansedumbre no es debilidad; antes bien, poder bajo control. JesĆŗs fue manso (Mt 11.29), sin embargo, sabĆ­a cómo ejercer poder.

En los versĆ­culos 3–7 Pablo les recuerda a estos creyentes el motivo para una vida honesta: la gracia de Dios. El Ć©nfasis de esta carta es que la gracia de Dios no sólo nos salva, sino que tambiĆ©n controla nuestras vidas diarias y nos hace mĆ”s semejantes a Cristo. Ā«Recuerden su vida vieja antes de ser salvosĀ», escribió Pablo. Ā«Esto les ayudarĆ” a comprender mejor a sus amigos inconversos y a tener compasión de ellosĀ». Hemos sido salvados por la Ā«bondad y amor de DiosĀ». Dios detesta los pecados mencionados en el versĆ­culo 3, pero ama a los pecadores. Mediante la muerte de Cristo en la cruz Dios ha reconciliado consigo al mundo (2 Co 5.14–21) y asĆ­ puede salvar a todo el que viene a Ɖl por fe. La palabra griega para Ā«amorĀ» en el versĆ­culo 4 es similar a nuestra palabra Ā«filantropĆ­aĀ». Es la actitud de la gracia de Dios, altruista y desprendida, a favor de pecadores que no la merecen. Las nuevas del amor de Dios Ā«se manifestaronĀ» en Cristo, su Persona, obra, sus enseƱanzas y, sobre todo, su muerte y resurrección.

Pablo aclara que nuestra salvación no es por obras, aun cuando resulta en buenas obras (v. 8; vĆ©ase Ef 2.8–10). El Ā«lavamientoĀ» (v. 5) no tiene nada que ver con el bautismo; en el griego esta palabra significa un Ā«lavatorioĀ» y se refiere al artefacto que se usaba en el tabernĆ”culo en el AT. Pablo usa el mismo tĆ©rmino en Efesios 5.26, donde el lavamiento se recibe por la Palabra. A travĆ©s de toda la Biblia esta se compara al agua para lavarse (Jn 15.3; Sal 119.9; Ef 5.26). Dicho de otro modo, el versĆ­culo 5 describe a los dos agentes de nuestro nuevo nacimiento (regeneración): la Palabra y el EspĆ­ritu de Dios (Jn 3.5). VĆ©anse tambiĆ©n 1 Pedro 1.23 y Santiago 1.18. El EspĆ­ritu ha sido Ā«derramadoĀ» sobre todos los creyentes y el tiempo del verbo aquĆ­ indica que la acción ocurrió de una vez por todas, o sea, en el derramamiento del EspĆ­ritu al bautizar a los creyentes en PentecostĆ©s. El creyente es justificado por gracia y es un heredero de Dios. QuĆ© bendita posición tenemos en Cristo. Esta maravillosa salvación debe motivarnos a ser mejores ciudadanos, que los perdidos que nos rodean puedan ver a Cristo en nosotros y quieran conocerle.

II. Herejes (3.8–11)

La palabra «hereje» proviene de una palabra que significa «escoger» y sugiere una persona que causa divisiones en la iglesia debido a que obliga a las personas a escoger: «¿EstÔn conmigo o con el pastor?» GÔlatas 5.20 menciona a las «herejías» (formar partidos, divisiones) como una de las obras de la carne; era algo que prevalecía en la iglesia carnal en Corinto (1 Co 11.19). A estos buscapleitos de la iglesia les encantaba discutir respecto a palabras y genealogías, lo cual sugiere que tenían un trasfondo judaizante y trataban de construir doctrinas novelescas basÔndose en las ideas del AT. Era preciso evitar tales discusiones inútiles y vacías; nunca convencerían al enemigo y solamente dividirían a la iglesia.

¿Cómo debía Tito enfrentar a esta gente problemÔtica? Por un lado, debía evitar discutir con ellos. Luego, si persistían en causar divisiones incluso después de dos amonestaciones (y esto implica advertencias públicas), debían separarse del compañerismo. A los miembros de la iglesia que causaban divisiones y luego se llevaban miembros a otra iglesia se les debía permitir que se fueran. Si regresaban, pero manifestaban un espíritu arrepentido, se les debía amonestar y recibirlos de nuevo. Si causaban problemas otra vez; se les podía dar el derecho a irse una segunda vez; pero si intentaban regresar de nuevo, no se les debía recibir en la congregación. Algunos creyentes que obran con simpatía, pero sin comprensión tal vez digan: «Pero a lo mejor se han reformado esta vez». Pablo recalca en el versículo 11 que tales personas no se reformarÔn; se han «pervertido» y estÔn en un estado constante de pecado; o sea, ya no tienen remedio. Nuestras iglesias locales tendrían menos divisiones si los pastores y dirigentes observaran este importante principio.

Pablo cierra esta breve carta con información respecto a los viajes de sus colegas en la obra del SeƱor. Informa a Tito que Ā«los refuerzos estĆ”n en caminoĀ» para ayudarle en el difĆ­cil ministerio en Creta. Bien sea Artemas o TĆ­quico le reemplazarĆ­an para que Ć©l pudiera unirse a Pablo en Nicópolis; pero mientras tanto Tito debĆ­a quedarse en el trabajo hasta que alguien llegara para continuar la obra. Es bueno tener presente que Dios no destruye un ministerio para edificar otro. Cuando Ɖl mueve a un siervo tiene ya listo a alguien que tome su lugar. Si no hay un sustituto listo, quizĆ”s sea esto una indicación de que no es el tiempo para mudarse.

Parece que Zenas y Apolos eran los que entregaron esta carta a Tito. Pablo le pide a Tito que les ayude a continuar su viaje, lo cual quizĆ”s era una misión de Pablo. Los cristianos deben ayudarse unos a otros mientras cumplen el servicio; vĆ©anse 1 Corintios 16.6, 11 y Romanos 15.24. No obstante, debemos tener cuidado de no brindar ayuda a los que enseƱan falsas doctrinas (2 Jn 9–11).

El versículo 14 es un recordatorio de Pablo a los cristianos locales para que ayuden a Tito en su obra y en su ministerio de ayudar a otros a continuar su camino. El pastor y el pueblo deben realizar este ministerio de hospitalidad y aliento. «Llevando fruto en toda buena obra» (Col 1.10) debe describir a todos los cristianos y no únicamente al pastor y los líderes.

Finaliza con este saludo apostólico, ligando el amor con la fe. «La gracia sea con todos vosotros» identifica la carta como genuinamente de Pablo (2 Ts 3.17).