Principios para Construir un Hogar

Si centras tu vida alrededor de los principios correctos tendrás garantizado que las cosas marcharán bien. La Biblia nos muestra cuáles son esos principios y, si los aplicas, serás bendecido. En Deuteronomio 28:1–2 dice que si escuchas al Señor tu Dios, y cumples fielmente todos sus mandamientos, él te dará honor, y las bendiciones que trae la obediencia vendrán sobre ti y te acompañarán siempre. Dios se rige por los principios que él mismo ha establecido, y si dice que te bendecirá, ¡así lo hará! En Números 23:19 leemos: “Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer. ¿Acaso no cumple lo que promete ni lleva a cabo lo que dice?

1) El principio de la Siembra y la Cosecha

El primer principio que queremos compartir contigo es el principio de la siembra y la cosecha. Si plantas una semilla de naranjo, al tiempo crecerá una planta, un naranjo, que luego dará frutos: naranjas. Pero para que esto sea posible debes remover la tierra, plantar la semilla, regarla, esperar un poco, y cuidar el suelo y la planta que ha crecido. Todo este proceso requiere de esfuerzo, sacrificio y dedicación. ¿Cuál es el resultado de todo tu trabajo? Como resultado podrás disfrutar de los frutos. ¡Podrás tomar refrescantes jugos de naranja y comer deliciosos budines de naranja!

Generalmente la gente se olvida de este principio. Todo lo que siembras en la vida, requiere de tiempo y paciencia. La ley de siembra y cosecha dice: si plantas hoy, recogerás frutos ¡más tarde! Uno dice: “Si tuviera un mejor salario, cumpliría mejor con mis responsabilidades”. Otros sostiene: “El día en que trabaje en algo que realmente me apasione, pondré todo mi empeño y llegaré temprano al trabajo”. Una mujer afirma: “Si mi esposo fuera más cariñoso, le daría toda la atención que él espera”.

Las cosas en la vida no funcionan así. ¡Conviértete en el mejor en lo que haces! Si barres el piso de una oficina, que sea el piso más brillante del edificio. Si lavas platos en un restaurante, que tus platos sean los más limpios. Tener este tipo de mentalidad hará que te sientas mejor contigo mismo, que te saques la carga de la inconformidad y de la frustración, y además te abrirá mayores oportunidades para el futuro. Lo que estás haciendo es sembrar bien. Si eres constante, paciente y trabajador, tarde o temprano alguien lo verá. Te ganarás el reconocimiento de las personas para quienes trabajas, y hasta puede que te aumenten el salario o que te asciendan de puesto. Y aun si nadie lo ve, de seguro tu visión se extenderá, y hasta podrías abrir tu propia empresa de limpieza. Primero viene el esfuerzo, luego la recompensa. “¿Has visto a alguien diligente en su trabajo? Se codeará con reyes, y nunca será un Don Nadie” (Proverbios 22:29).

¿Quieres que en tu futuro matrimonio la fidelidad sea uno de los fundamentos de tu hogar? Entonces sé fiel, en palabras y acciones, desde el principio. No coquetees con otra persona, aunque te parezca solo un juego. Es una traición. No deberías hacerlo, en primer lugar porque deberías ser íntegro, de una sola pieza, lo cual significa que no tienes una doble vida. Y en segundo lugar, porque debes cuidar el corazón de la persona que te ama y espera lo mejor de ti. Si lo haces podrías involucrarte en situaciones comprometedoras y dolorosas, e incluso perder a la persona que amas.

¿Quieres ser prosperado en lo económico y gozar de buena salud? Entonces, no gastes dinero que no tienes en tarjetas de crédito y préstamos, porque según el principio de la siembra y la cosecha, lo que obtendrás serán deudas, y estas te llevarán a situaciones de mucha presión. Si quieres gozar de buena salud, cuida tu alimentación, haz ejercicio, y no dañes tu cuerpo con cigarrillos, drogas, sustancias nocivas o una alimentación desmedida.

Cuando los principios de la Palabra de Dios son los cimientos de tu vida, sobre los cuales tomas tus decisiones y actúas, entonces con el tiempo recogerás lo que sembraste. Siembra en tu relación de pareja respeto, consideración, buenas palabras, y amabilidad, y entonces cosecharás respeto, agradecimiento, afecto, y valoración.

2) El principio de “Causa y Efecto”

Toda causa tiene un efecto, y toda decisión trae una consecuencia. De esto se trata el principio de causa y efecto. ¿Eres amable con tus compañeros de trabajo? De seguro ellos tendrán buen concepto de ti. ¿Te alimentas bien y te ejercitas? Disfrutarás de una buena salud física.

Si bien es cierto que en ocasiones las cosas podrían no salir bien, porque pueden estar más relacionadas con el ambiente y con las personas que nos rodean, lo cierto es que son nuestras propias decisiones las que determinan el rumbo que tomará nuestra vida.

En lugar de mirar todo el tiempo a tu alrededor y ver lo bien que les va a los demás, debes concentrarte en ti mismo. No te victimices, ni tampoco le eches toda la culpa a “las circunstancias”. Tus acciones determinan en gran medida tus circunstancias. Por eso, más que llorar y desanimarte porque las cosas no te salen bien, debes examinarte a ti mismo, evaluarte sinceramente, y reconocer qué ajustes y correcciones necesitas hacer para mejorar.

3) El principio del Progreso

Sé diligente en lo que haces, aunque te parezca poca cosa. Debes entender que la vida se construye con detalles, de menos a más.

Crecer implica progresión. Te encontrabas en un punto y luego pasaste al siguiente, y así sucesivamente. Las personas que renuncian muchas veces lo hacen porque no entienden este principio. Quieren llegar directo a la cima sin antes haber escalado. Y apenas tienen un resbalón retroceden, porque piensan que ya todo terminó.

Recuerda: en la vida tendrás subidas y bajadas, pero lo que marcará la diferencia será tu constancia, determinación, esfuerzo y trabajo duro. “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos” (Gálatas 6:9).

4) El principio del Amor

La humanidad ha interpretado, erróneamente, al amor como si fuera un sentimiento. Y Hollywood ha reforzado esta equivocación mostrando siempre un amor condicional, mientras las cosas funcionen, o una demostración de amor sujeta al sexo.

En la vida real, es imposible que una relación de pareja perdure por una simple emoción. Lo mismo sucede con las demás relaciones interpersonales. Las emociones van y vienen, y están condicionadas por el estado de ánimo. ¡Imagínate el caos que se produciría si ayer amaneciste con ganas de ser amable porque te sentías de buen humor, y hoy estás áspero y desagradable porque en la noche no dormiste bien! Si el amor fuera un sentimiento, ¡hoy amarías a tu esposa y mañana posiblemente no!

El amor es mucho más que sentir. El amor es una decisión. Y debe ser la base de todas nuestras relaciones interpersonales. El principio del amor dice que debes amar por encima de las diferencias, las circunstancias, los intereses, los errores, y las decepciones.

En los primeros versículos de 1 Corintios 13 leemos que podemos tener dones espirituales, pero si no tenemos amor, somos huecos, estamos vacíos y solo alardeamos. Incluso si tenemos una gran fe y entendemos todo, pero nos falta amor, no somos nada. Hasta podemos dar a los pobres todo lo que tenemos, y aún entregar nuestros cuerpos para ser quemados, pero si no tenemos amor, nada ganamos con eso. Luego en los versículos 4 al 8 se describe el amor de esta manera:

“El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue…”

En cierta oportunidad participamos de una dinámica en donde teníamos que reemplazar en este pasaje la palabra “amor” con nuestros propios nombres. Cuando lo hicimos, todos compartimos lo mismo: ¡sentíamos que nos quedaba grande la descripción! Ninguno cumplía con todo lo que se lista allí. No siempre somos lo suficientemente pacientes o bondadosos. Esto lo podemos comprobar fácilmente cuando estamos en el tráfico y el conductor que va delante nos exaspera. A todos nos cuesta pasar por alto las ofensas. Todos a veces sentimos envidia, todos guardamos rencor… y la lista podría seguir. Luego de compartir nuestras experiencias, la siguiente consigna fue que reemplazáramos en el pasaje la palabra “amor” con el nombre de Jesús. ¡Ah, así todo sonó diferente! ¡El zapato le calzaba perfecto! Esos adjetivos lo describían muy bien. ¡Jesús es todo eso!

Por un momento nos sentimos aliviados de la carga, de la responsabilidad de amar así de bien. Pero en seguida se nos pidió que leyéramos Juan 13:34–35, y la cosa cobró un giro inesperado. Allí encontramos a Jesús diciendo: “Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos…”.

¡Jesús nos enseñó con su ejemplo cómo debemos amar, para que nosotros amemos de la misma manera! Si él supiera que no lo podemos lograr, nunca nos lo hubiese mandado. Entonces, ya no amamos con nuestras propias fuerzas, o de la manera en que nos han amado otras personas (menos mal, porque ninguna de estas formas realmente funciona), sino que ahora podemos amar como Jesús nos ama. ¡Que gran noticia!

Al comprender que el amor en su forma más pura es incondicional, tus relaciones interpersonales mejorarán drásticamente. Tu amor hacia los demás no dependerá de su comportamiento, de sus logros, de su reputación, de cómo te traten, o de cualquier otra condición. Ahora sabes que debes amarlos como Jesús te amó a ti.

Stephen R. Covey resaltó en su libro “Los 7 hábitos de las familias altamente efectivas” las tres leyes principales del amor: “Aceptación más que rechazo, comprensión más que juicio, y participación más que manipulación”. Él enseña que estas leyes son el fundamento de una cultura familiar hermosa, porque solo cuando vivimos las leyes principales del amor tenemos el valor de obedecer las leyes principales de la vida, tales como la honestidad, la responsabilidad, y otras…

Cuando haces esto, no necesitas luchar con tus seres queridos para conducirlos hacia donde crees que es el camino correcto. Como el ambiente familiar es de aceptación, respeto, consideración, confianza y amor incondicional, ellos se sentirán amados. Y, como consecuencia de esto, desearán buscar caminos de crecimiento. El amor debe ser la base de todas nuestras relaciones humanas, y el motor que nos impulse a ser mejores personas cada día.


Escrito por: Paolo y Karen Lacota.

Tomado del libro: Cómo salvar tu matrimonio antes de casarte M. Gallardo, ed., Dallas, TX: e625.

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Tenemos vidas complicadas. Cada vez es más desafiante acomodar nuestros tiempos en una agenda repleta de compromisos. Cada vez nos cuesta más cumplir con las responsabilidades, agradar a todos. Cada vez es más difícil llegar a horario y parecería que las horas pasan más rápido.

Lo que más me sorprende es que en medio de esta pandemia, parecería que estamos más ocupados que antes.

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