Día 193: “Seamos sencillos”
“Jehová guarda a los sencillos; estaba yo postrado, y me salvó. Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Jehová te ha hecho bien” ( Salmo 116:6-7). La sencillez por definición es algo que carece de ostentación, que no ofrece dificultad. Cuántas personas difíciles existen, ¿te diste cuenta? Difíciles en el trato, en la manera de pensar o de relacionarse. Por otra parte es una virtud que, con el paso del tiempo, nunca deberíamos abandonar. ¡Cuántas personas al llegar a lugares de poder o luego de lograr ciertas cosas en la vida, cambian su comportamiento y su manera de actuar! Lentamente van abandonando la humildad y se van volviendo arrogantes. La arrogancia se muestra cuando alguien se siente mejor o superior a otras personas. Cuando no poseemos nada, no tenemos de qué arrogarnos; pero el riesgo es cuando vamos logrando ciertas metas, estudios, trabajos, puestos o cargos, y por eso hay un cambio de rol y, en ocasiones, de actitud. El verdadero problema no radica en crecer y avanzar en la vida, sino en no guardar el corazón del orgullo y la altivez. Cuanto más Dios nos dé o más nos levante, más humildemente debemos comportarnos. La humildad se desarrolla aun teniendo o siendo algo. Debemos actuar como si nada tuviéramos o nada fuéramos. Nunca nos olvidemos de que Dios resiste a los soberbios y que Su gracia se manifiesta sobre el humilde y el humilde de corazón. Desafío: Te propongo que examines tu corazón; y si en el último mes has actuado con arrogancia, puedas pedir perdón si ofendiste y cambiar de actitud.
- 2 Crónicas 17:1-19 | (Leer)
- 2 Crónicas 18:1-34 | (Leer)
- Salmos 116:1-19 | (Leer)
- Salmos 117:1-2 | (Leer)
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