Amor que perdura

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasara de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. (Juan 13.1)

ĀæNunca se ha sentido cansado de amar a otra persona? Muchas veces, en situaciones de consejerĆ­a pastoral, escucho a personas que dicen: Ā«yo ya amĆ© demasiado a esa personaĀ». ĀæSerĆ” posible afirmar que hemos amado demasiado a otra persona? ĀæExiste alguna medida que, una vez superada, nos permite afirmar que nosotros ya hemos superado el nivel de amor requerido de un creyente? ĀæQuiĆ©n establece este nivel? 

Cuando hacemos este tipo de afirmaciones, lo que estamos queriendo seƱalar es que hemos hecho muchas cosas en favor de la otra persona, pero hemos cosechado muy poco como resultado de nuestra inversión. Por supuesto, que la otra persona quizĆ”s tambiĆ©n piense que ha hecho mucho y ha recibido muy poco a cambio de todo lo que ha hecho. 

Juan nos dice que Cristo, habiendo amado a los suyos, Ā«los amó hasta el finĀ». QuĆ© contundente que suena semejante afirmación. Ā”CuĆ”n dĆ©bil parece nuestro propio esfuerzo a la luz de esta declaración! JesĆŗs ciertamente no cosechó ni un dĆ©cimo del fruto que tendrĆ­a que haber cosechado segĆŗn la inversión que habĆ­a hecho. Seguramente Ć©l podrĆ­a haber dicho que habĆ­a amado demasiado a los suyos. Sin embargo, a pocas horas de morir, lo encontramos dedicado, con la misma consideración de siempre, a bendecir a sus discĆ­pulos. 

La verdad es que el MesĆ­as no medĆ­a el nivel de su inversión segĆŗn la clase de retorno que recibĆ­a. Sus parĆ”metros eran otros, y no dependĆ­an de la desigualdad que pudiera haber entre su propio esfuerzo y el de sus discĆ­pulos. El parĆ”metro de lo que era correcto lo establecĆ­a el pacto que habĆ­a hecho con el Padre. Este pacto descansaba sobre la distancia que estaba dispuesto a recorrer por los demĆ”s, una distancia que llegaba hasta la muerte misma. Su compromiso, por lo tanto, no dependĆ­a ni del reconocimiento, ni de la recompensa, ni de la respuesta de los que estaban a su alrededor. Era un compromiso unilateral, cuya medida habĆ­a sido acordada con el Padre mismo. 

He aquĆ­, entonces, la verdadera dimensión del amor. No es un sentimiento, sino un compromiso. Un compromiso que estĆ” mĆ”s allĆ” del comportamiento de la otra persona o de las circunstancias en las que nos encontramos. Es un pacto que depende enteramente de nosotros mismos, y que nos debe llevar a un amor que no cesa nunca. Cristo mismo ilustra dramĆ”ticamente esta verdad cuando, colgado de la cruz, intercede por los que lo persiguen y pide misericordia por ellos. 

Para pensar:

Como líder, necesita establecer esta clase de pacto con su gente. De no hacerlo, va a desistir de amarlos cada vez que lo desilusionan, lastiman o traicionan. El pacto que usted elabora no puede depender de ellos, sino del Dios al cual le ha hecho su voto de fidelidad. ”Solamente él lo podrÔ mantener firme en su compromiso! 

Tomado con licencia de:

Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.

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Comentarios

  1. Gracias SeƱor por tu fidelidad sin lĆ­mites. Ayudanos a amar a los discĆ­pulos que nos has dado, con el amor con el cual nos has amado… hasta el fin. AmĆ©n ! šŸ™šŸ» šŸ™ŒšŸ»