Confianza Peligrosa
Ā”Maldito aquel que confĆa en el hombre, que pone su confianza en la fuerza humana, mientras su corazón se aparta de JehovĆ”! (JeremĆas 17.5)
ĀæCómo hemos de entender esta dramĆ”tica declaración a la luz de pasajes como el de 1 Corintios 13.7, donde el apóstol Pablo afirma que el amor Ā«todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soportaĀ»? ĀæSerĆ” que el profeta JeremĆas estĆ” condenando toda actitud de confianza en el prójimo? ĀæNos estarĆ” invitando a transitar por esta vida con una postura de permanente desconfianza hacia todo?
Si usted alguna vez ha estado en contacto con una persona que es, por naturaleza, desconfiada, seguramente me dirĆ” que esto no puede ser lo que tenĆa en mente el profeta. Ā”Y tiene razón! El desconfiado es aquella persona que piensa que los demĆ”s siempre quieren sacarle ventaja. Cuando se le presenta una oferta atractiva, inmediatamente comienza a buscar dónde estĆ” la trampa en el asunto. Mira el mundo y se dice a sĆ mismo: Ā«si yo no velo por mis propios intereses, nadie lo va a hacerĀ». EstĆ” convencido de que si deja esta postura de vigilancia permanente, los demĆ”s se aprovecharĆ”n de Ć©l y le harĆ”n daƱo. Es muy difĆcil llegar a entablar una relación Ćntima con Ć©l, porque la sospecha todo lo contamina. En resumen, es evidente que en tales personas no estĆ” operando la gracia de Dios sino el temor de los hombres.
ĀæA quĆ©, pues, se refiere el profeta? El resto del versĆculo nos da claros indicios acerca del problema que denuncia. Habla de la persona que ha renunciado a depositar su confianza en Dios para depositarla en los hombres. La confianza a la cual el SeƱor invita a todos los hombres, consiste en permitir que «él sea nuestro Dios y nosotros seamos su puebloĀ». Es decir, que nosotros dejemos que Ć©l provea para nuestras necesidades, guĆe nuestras decisiones y sea nuestro consuelo en tiempos de crisis. El hombre que ha escogido confiar en los hombres y hacer de la carne su fortaleza ha decidido transferir estas atribuciones a otros hombres: pretende que ellos provean para sus necesidades, le guĆen en sus decisiones y lo consuelen en tiempos de crisis.
En realidad, estos comportamientos son parte de nuestras relaciones con otros. Muchas veces otros proveen para nosotros, nos orientan en tiempos de confusión y proveen consuelo en momentos de crisis. En esto estĆ” la bendición de poder disfrutar de relaciones profundas e Ćntimas con otros, y lo recibimos como un regalo. El problema radica en pretender que los demĆ”s siempre cumplan con estas funciones en nuestras vidas. Una vez que transferimos esta carga a otros, cada vez que nos fallen nos sentiremos traicionados, defraudados o desilusionados. La esencia del problema, no obstante, no es lo efĆmero de nuestras relaciones con los demĆ”s, sino que pretendamos recibir de los hombres lo que solamente Dios puede dar. Quien busca entre los seres humanos lo que el SeƱor se ha comprometido a darnos se abrirĆ” a una vida de desilusiones constantes.
Para pensar:
Resista la tentación de buscar entre los hombres aquello que es solamente de Dios. Si los hombres le fallan, no se enoje con ellos. PĆdale perdón al SeƱor por tener expectativas irreales para con sus pares y vuelva a transferir su lealtad al Ćnico cuyo compromiso es seguro.
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.
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