Dar con sacrificio
Arauna dijo a David: Tome y ofrezca mi seƱor el rey lo que bien le parezca; ahĆ tienes bueyes para el holocausto, los trillos y los yugos de los bueyes para leƱa. Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al rey: JehovĆ”, tu Dios, te sea propicio. El rey dijo a Arauna: No; la comprarĆ© por su precio; porque no ofrecerĆ© a JehovĆ”, mi Dios, holocaustos que no me cuesten nada. Y David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata.( 2 Samuel 24.22ā24)
El SeƱor habĆa instruido a David, conforme a la palabra del profeta Gad, que subiera a la era de Arauna, Jebuseo, para ofrecer un sacrificio que detuviera la plaga que habĆa caĆdo sobre Israel por causa del censo del pueblo. Cuando llegó a la casa de Arauna este le dio libertad de escoger todo lo que quisiera de entre sus pertenencias, para realizar el holocausto necesario. En la respuesta de David observamos dos importantes principios.
En primer lugar, hemos de notar que como rey se podrĆa haber servido de lo que quisiera. Era uno de los Ā«privilegiosĀ» que acompaƱaba la investidura que llevaba. Es mĆ”s, el mismo Arauna le ofreció al rey, de su propia voluntad, que se sirviera libremente de sus pertenencias. Mas David entendĆa que a un gobernante le correspondĆa velar por los derechos de los demĆ”s, haciendo a un lado privilegios que podĆan ser perfectamente legĆtimos. A mayor autoridad, mayor cautela en el uso de ella, de manera que los mĆ”s dĆ©biles no sientan que se aprovechan de ellos.
A muchos pastores les vendrĆa bien recordar que la posición que ocupan estĆ” acompaƱada por un llamado a ser extremadamente cuidadosos a la hora de ejercer algĆŗn privilegio especial con los que pastorean.
En segundo lugar, David se rehusó a tomar de lo que Arauna le ofreció, porque entendĆa que los sacrificios que no tienen precio no tienen validez para la vida espiritual. Este principio tiene especial importancia porque con frecuencia damos no de lo que nos cuesta, sino de lo que nos sobra. Lo que sobra, sin embargo, rara vez duele, precisamente porque no lo necesitamos.
Pero Āæpor quĆ© es importante que nuestra ofrenda tenga una cuota de sacrificio personal? En la respuesta a esta pregunta radica la esencia misma del reino de Dios. El precio por resolver la situación pecaminosa del hombre fue la vida del Hijo de Dios. Es un precio sumamente elevado porque las dimensiones del problema son de una gravedad absoluta. Las soluciones fĆ”ciles son el resultado predecible de considerar con frivolidad la realidad del ser humano. Y quien considera con liviandad la problemĆ”tica del pecado estĆ” condenado a seguir atormentado y atado por sus devastadores efectos en la vida. Solamente cuando estamos dispuestos a acompaƱar el sacrificio de Cristo con una devoción que exige la negación de uno mismo, veremos un fruto genuino en nuestra vida espiritual. David entendĆa esta realidad, y por eso ofrendó con sacrificio.
Para pensar:
«Una religión que no cuesta nada, tampoco vale nada». J. C. Ryle.
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.
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