La eficacia del amor

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva en sĆ­ castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.( 1 Juan 4.18)

Un indicio de la forma incorrecta en que nos fue administrada la disciplina durante nuestra niñez es que hoy, de adultos, vemos toda disciplina con ojos negativos. En demasiadas ocasiones la disciplina que impone un padre sobre su hijo estÔ contaminada con la ira, produciendo un efecto de castigo desmedido, en lugar de corrección y restauración. Como resultado el niño no desobedece, motivado mayormente por miedo. Si bien esta motivación puede ser medianamente eficaz durante la niñez, a medida que una persona va creciendo debería producirse un proceso de maduración en su ser interior que lleve a la obediencia por decisión propia, no impuesta.

El texto de hoy nos da una clara indicación de la razón por la cual este estado es deseable en los hijos de Dios. La obediencia por temor libra a la persona del castigo, pero carece del poder necesario para producir en su vida una transformación profunda.

Es importante que nosotros reconozcamos la clara diferencia que existe entre los dos caminos. En demasiadas congregaciones se intimida a las personas, por medio de una serie de amenazas disfrazadas de espiritualidad, para que obedezcan los deseos de los que estÔn al frente del ministerio. Esto producirÔ, en un amplio sector de la congregación, suficiente temor como para garantizar actitudes de sumisión al liderazgo. Una minoría que se resiste a ser presionada de esta manera, cuestionarÔ las intenciones de los líderes y, con el tiempo, terminarÔn por irse de la congregación. El ambiente de temor en la congregación casi siempre llevarÔ a que se tilde a este último grupo de «rebeldes».

Nuestro llamado principal no es asegurar la lealtad de la congregación a nuestra persona o a la institución a la cual pertenecemos. Hemos sido llamados a participar del ministerio de la transformación, que es la prioridad del Espíritu de Dios. Trabajamos y nos esforzamos para presentar a todo hombre «perfecto en Cristo Jesús» (Col 1.28). Es imposible llevar a cabo este cometido si los únicos instrumentos que utilizamos son la intimidación y el castigo. Esta era la herramienta preferida de los fariseos y toda una sociedad daba testimonio de la poca eficacia que tenía a la hora de producir cambios en la vida de las personas. Solamente un puñado de fanÔticos podían realmente cumplir con la interminable lista de requisitos para ser «aceptables» delante de Dios.

Note, en el ministerio de Cristo, cuÔn eficaz era el amor. Logró la dramÔtica transformación de un endurecido materialista como Zaqueo. Produjo el quebranto de una prostituta, despreciada y condenada, que se echó a besar sus pies en una cena pública. Trajo vida nueva a un puñado de guerrilleros cuyo idioma era el odio y la venganza. Ablandó el corazón de una mujer que había caído en adulterio. El amor es el instrumento mÔs poderoso sobre la faz de la tierra y debe, por esta razón, ser el medio predilecto de todos aquellos que estÔn sirviendo en el ministerio.

Para pensar:

La madre de un amigo solía decir: «es mÔs fÔcil cazar moscas con miel, que con vinagre». ”Qué gran verdad!

Tomado con licencia de:

Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.0000

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