Un camino de doble mano
Permaneced en mĆ, y yo en vosotros. Como el pĆ”mpano no puede llevar fruto por sĆ mismo, si no permanece en la vid, asĆ tampoco vosotros, si no permanecĆ©is en mĆ. Yo soy la vid, vosotros los pĆ”mpanos; el que permanece en mĆ, y yo en Ć©l, Ć©ste lleva mucho fruto; porque separados de mĆ nada podĆ©is hacer. (Juan 15.4ā5)
Ni bien la rama es quitada de la planta, se seca y muere. No puede subsistir por si sola, y mucho menos podrÔ llevar fruto. Todos los elementos que necesita para la vida estÔn en la vid. No puede almacenarlos, ni tampoco desarrollar la capacidad de eventualmente proveer para sus propias necesidades. Su única esperanza es la de nutrirse de la vid, y para eso debe permanecer en ella.
Cristo llamó a los discĆpulos a permanecer en Ć©l, porque sin Ć©l no podĆan hacer nada. Es importante que notemos lo categórico de esta frase. No es que, separados de Ć©l, las cosas van a ser mĆ”s difĆciles, o que los logros serĆ”n insignificantes. Cristo les dijo que no habrĆa una sola cosa que podrĆan realizar si no estaban unidos a Ć©l.
ĀæQuĆ© significa, entonces, este Ā«permanecerĀ» en Ć©l? La rama tiene una relación continua con la planta. No se encuentra con la vid una vez por dĆa, o dos veces por semana. Se nutre de la vid en todo momento. De manera que Ā«permanecerĀ», en su sentido mĆ”s sencillo, implica abrirse a cada paso a la vida que Cristo quiere producir en nosotros. Es poner toda la atención y el enfoque en Ć©l, buscando que Ć©l sea el todo de nuestra existencia.
Cristo, sin embargo, aƱadió otra condición para dar fruto. Le seƱaló a los discĆpulos que tambiĆ©n era necesario que Ć©l permaneciera en ellos. En esto vemos claramente que la relación no depende enteramente de nosotros. Muchas veces, con nuestra lista de actividades que intentan cultivar una vida espiritual, creemos que estamos permaneciendo en Ć©l. Mas Cristo dijo que todo esto tendrĆa poco valor si Ć©l no permanecĆa en nosotros.
ĀæY cómo permanece Ć©l en nosotros? Ćl les dijo Ā«Si permanecĆ©is en mĆ y mis palabras permanecen en vosotrosĀ» (Jn 15.7), dando a entender que se trataba no solamente de buscarlo, sino de prestar atención a lo que Ć©l querĆa decirnos. En el caso de que siguieran sin entender, aƱadió: Ā«si guardareis mis mandamientos, permanecerĆ©is en mi amorĀ» (Jn 15.10). Es decir, toda nuestra devoción, nuestra alabanza y nuestras oraciones, no tienen sentido si no estĆ”n acompaƱadas de una vida de obediencia a Ć©l. Es en el cumplimiento de sus mandamientos que nos aseguramos que Ć©l tiene participación en nuestras vidas, y no solamente nosotros en la de Ć©l.
Debe quedar claro, entonces, que esta vida a la que hemos sido llamados no podrƔ prosperar si insistimos en ser nosotros los que la dirigimos. No se nos ha pedido que nos esforcemos por buscarlo, sino que dejemos que Ʃl dirija nuestra vida. Esto implica que nuestras actividades no son tan importantes como las actividades que Ʃl realiza en nosotros.
Para pensar:
«El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama serÔ amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él» (Jn 14.21).
Tomado con licencia de:
Shaw, C. (2005) Alza tus ojos. San JosƩ, Costa Rica, CentroamƩrica: Desarrollo Cristiano Internacional.
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