AMPLIAR EL CÍRCULO
El poder de las influencias
Si alguna vez usaste una palanca, sabes que te permite mover algo mucho más grande de lo que podrías levantar con tus propias fuerzas. Tú haces tu parte, y la palanca multiplica tu esfuerzo.
De forma similar, en la crianza de nuestros hijos hay “palancas” que amplifican nuestra influencia. Cada una representa un tipo de relación o conexión que afecta cómo los niños se ven a sí mismos, cómo toman decisiones y cómo entienden a Dios. Aunque no podemos controlar todo lo que sucede en sus vidas, sí podemos aplicar energía en el lado correcto de la palanca.
Las tres palancas principales

1. La relación con tus hijos.
Esta palanca se activa cuando decides estar presente, escuchar y comunicarte con ellos de manera intencional. No se trata solo de tiempo, sino de calidad emocional. Tu atención, tu empatía y tu disposición a compartir la vida forjan una amistad duradera que fortalecerá su corazón.
2. La relación de tus hijos con Dios.
Más importante aún es ayudarles a desarrollar una fe personal. Como padre o madre, tienes la oportunidad de reflejar el amor incondicional del Padre celestial. Cuando modelas una relación viva con Dios, les enseñas que pueden confiar en Él incluso cuando tú no estés.
3. La conexión con otros adultos de fe.
Esta palanca cobra especial importancia en la adolescencia. A medida que tu influencia directa cambia, tus hijos necesitan otras voces sabias y amorosas fuera del hogar. Los líderes, mentores y amigos de la iglesia pueden reforzar los valores y la fe que sembraste en casa.
Una lección del pueblo de Israel
La cultura de Israel era profundamente comunitaria. En Deuteronomio 6, cuando Moisés instruye a las familias a enseñar los mandamientos a sus hijos, no se dirige solo a los padres: había abuelos, tíos, vecinos y todo un círculo de adultos escuchando. La fe se transmitía en comunidad.
Esa estructura multigeneracional ofrecía apoyo y ejemplo constante. Cada niño crecía rodeado de múltiples voces que reforzaban los valores del hogar. Hoy, necesitamos redescubrir ese principio: la crianza no es solo una tarea individual, sino un esfuerzo colectivo entre familia e iglesia.
El valor de una comunidad de fe
En un mundo cada vez más individualista, ampliar el círculo significa intencionalmente buscar relaciones espirituales para nuestros hijos. No se trata de reemplazar tu rol como padre, sino de complementarlo.
Las investigaciones muestran que los adolescentes que tienen al menos un adulto de su iglesia que invierte tiempo en ellos son mucho más propensos a permanecer en la fe. Aquellos que cuentan con cinco o más adultos comprometidos, incluso duplican las probabilidades de seguir asistiendo a la iglesia.
Por eso, tu tarea es fomentar esas relaciones: animar a tus hijos a confiar en líderes espirituales, conectarse con mentores y participar en grupos pequeños. En esas relaciones florecen la confianza, la fe y el sentido de propósito.
De “yo” a “nosotros”
Cuando amplías el círculo, ayudas a tus hijos a pasar de un enfoque individual a uno comunitario. Les enseñas que forman parte de algo más grande que su familia: el pueblo de Dios.
El autor Seth Godin escribió: “Los seres humanos necesitamos pertenecer. Formar parte de una tribu, contribuir y recibir de un grupo con el que compartimos algo en común.”
La iglesia es esa tribu. No solo un lugar donde ir los domingos, sino una comunidad viva donde los niños descubren su propósito y ejercitan su fe sirviendo a otros.
Asociarse con otras influencias
Cuando te asocias con otros adultos que buscan inculcar una fe genuina en tus hijos, estás expandiendo su visión. Esas relaciones les muestran lo que Dios puede hacer, no solo en la familia, sino a través de cada uno de ellos.
La líder Heather Zempel compara esto con la diferencia entre un agente de viajes y un guía turístico: el primero da instrucciones desde un escritorio; el segundo camina junto al viajero, responde preguntas y acompaña el proceso.
Necesitamos más guías espirituales que caminen junto a nuestros hijos, no solo instructores que les den órdenes.
Busca una iglesia que valore la comunidad
Todos recordamos a alguien que apareció en nuestra vida en el momento justo y fue una voz clave para orientarnos. Eso mismo necesitan tus hijos: una comunidad donde se sientan vistos, valorados y acompañados.
Busca una iglesia donde puedan construir relaciones reales, donde los líderes conozcan sus nombres, oren por ellos y los desafíen a crecer. Los grupos pequeños, por ejemplo, son una herramienta poderosa: en ellos se crean lazos genuinos que pueden durar años.
Un buen líder de grupo no solo enseña, sino que se convierte en un espejo que refleja a los chicos su valor, y en un mentor que los inspira a alcanzar su mejor versión.

Enseñar a servir: una fe que actúa
Nada impacta más el corazón de un adolescente que servir. No basta con que tus hijos asistan a la iglesia; necesitan experimentar lo que significa ser la iglesia.
Ayúdales a involucrarse en actividades donde puedan servir: en su comunidad, en su congregación o en un viaje misionero. Servir les da propósito, fortalece su fe y los conecta con el corazón de Dios.
La mayoría de los jóvenes no creerán realmente que son importantes hasta que les demos algo importante que hacer. Enseñarles a servir es enseñarles a vivir.
Un círculo antes de que lo necesiten
Ampliar el círculo no se trata solo de buscar ayuda cuando haya un problema, sino de preparar el terreno antes. Busca adultos confiables que ya estén presentes en la vida de tus hijos antes de que los necesiten, para que estén disponibles cuando llegue el momento.
Moisés entendió que la fe y la identidad de una generación no podían depender de una sola voz, sino de una comunidad entera. La tarea de formar discípulos comienza en casa, pero florece en comunidad.
Reflexión final
Tu influencia como padre o madre es poderosa, pero no infinita. Dios diseñó la familia y la iglesia para trabajar juntas en el crecimiento espiritual de los hijos. Cuando permites que otros adultos piadosos caminen junto a ellos, estás levantando una generación más fuerte, más sabia y más conectada con Dios.
Ampliar el círculo es más que una estrategia: es una expresión del amor de Dios que se multiplica a través de las relaciones.
Bibliografía
Adaptado y tomado con licencia de la revista LÍDER 625, edición 27, LA FAMILIA: Los líderes más importantes. Pág. 6-10.
Por Lucas Leys (versión adaptada)
Comentarios