Dime con quién andas y te diré en quién te convertirás

Proverbios 27:17 (VBL) dice:
“Una hoja de hierro se afila con una herramienta de hierro. De la misma manera, la mente de una persona se moldea con la mente de otra.”
Ninguna mentalidad se forma en el vacío. Siempre hay otro que influye, y nosotros también influimos. La mentalidad es plástica: se moldea, se estira, se corrige, se fortalece. Por eso es clave revisar con quién caminamos en la vida.
La calidad de tu mentalidad está directamente vinculada a la calidad de tus relaciones
Las personas que te rodean modelan tu manera de pensar. Y a la vez, tu mentalidad modela la de quienes comparten tu camino.
Por eso vale la pena hacerte preguntas incómodas:
> ¿Qué aportan las personas que caminan conmigo?
> ¿Qué me permiten aportar yo a ellas?
> ¿El molde que tengo alrededor es el molde que necesito para la vida que quiero construir?
No podés cambiar tu mentalidad sin cambiar el molde. Lo que te rodea te forma, quieras o no. Por eso debés elegir cuidadosamente el molde adecuado para la mentalidad que buscás desarrollar.
Pero no olvides esto: vos también moldeás a otros. Gran parte de lo que las personas que caminan con vos llegarán a lograr tendrá relación directa con tu mentalidad. Si vos crecés, ellos crecen. Si te estancás, ellos también lo sentirán.
Una vez que tomás conciencia de este principio, llega la parte que realmente cuenta: actuar. Y para eso, acá van tres pasos prácticos:
1. Usá tu facultad de elección
Dios nos dio libre albedrío. Confía tanto en esa libertad que hasta permite que lo rechacemos. Si Él nos respeta de esa manera, también espera que seamos responsables con las decisiones que tomamos.
Relacionarte con ciertas personas en una etapa de tu vida no te obliga a seguir haciéndolo para siempre.
La pregunta correcta es:
¿Este molde acompaña la vida que quiero construir?
Si querés crecer, rodeate de personas que afilen tu vida, no que la desgasten.
2. Equilibrá para compensar
Hay ambientes a los que no podés renunciar: trabajo, estudio, familia ampliada. Hay personas con las que tenés que tratar sí o sí.
Pero justamente por eso, en el resto de tu tiempo necesitás ser intencional. Compensá. Buscá relaciones que eleven, que estiren tu mente, que te expongan a conversaciones más grandes que tus problemas.
El equilibrio no se da solo: se crea.
3. Influenciá para desarrollar
No elegimos dónde nacimos, pero sí podemos elegir la vida que queremos construir.
Y parte de esa construcción es influenciar bien: elevar, animar, empujar a otros hacia una mejor versión de sí mismos.
Donde vos creces, otros crecen. Donde vos te transformás, otros encuentran inspiración para transformarse.
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