COMPARTE TU HISTORIA

ā€œPor tanto, id y haced discĆ­pulos a todas las nacionesā€¦ā€
— Mateo 28:19a


1. Vivir la vida de forma diferente

Si realmente queremos vivir de una manera distinta y experimentar un crecimiento espiritual genuino, debemos aprender a cuidar la condición espiritual de los demÔs.
Cuando hablamos de ā€œcuidarā€, no se trata solo de ser amables o educados —eso tambiĆ©n es bueno—, sino de algo mucho mĆ”s profundo.

Ser amable es abrir una puerta o ceder el asiento, pero cuidar es interesarse por el alma del otro. Cuidar es preguntarse:

ā€œĀæCómo estĆ” su relación con Dios?ā€
ā€œĀæConoce realmente el perdón y la vida eterna que solo Cristo puede dar?ā€

Este cuidado espiritual es el corazón del evangelismo.


2. El amor que impulsa a compartir

Hablar de evangelismo no siempre es popular. Muchos cristianos sienten incomodidad con esa palabra, tal vez porque la asocian con mƩtodos rƭgidos o experiencias negativas. Pero el evangelismo no es una estrategia de ventas: es una respuesta natural al amor de Dios.

No te estoy invitando a hacer algo radical ni a forzar conversaciones. Te estoy invitando a enamorarte mƔs de Dios.
Cuando conocƩs su majestad, su gracia y su bondad, cuando experimentƔs su amor personalmente, algo cambia.
El apóstol Pablo lo expresó así:

ā€œEl amor de Cristo nos impulsaā€ (2 Corintios 5:14).

Cuanto mÔs conocemos a Dios, mÔs nos importa la condición espiritual de otros. Evangelizar entonces deja de ser una obligación y se convierte en una expresión de amor.


3. Escuchar: el primer paso del amor

Antes de hablar, escuchĆ”.
JesĆŗs mismo, el mejor comunicador de la historia, primero escuchaba.
Escuchó al ciego Bartimeo, a la mujer samaritana, al joven rico y a Nicodemo. Escuchó sus historias, sus preguntas, sus temores.

Si querés compartir el amor de Cristo, aprendé a escuchar con el corazón.
Muchos no necesitan un sermón, sino un oído que los entienda.
A veces, escuchar es la puerta que abre el alma para que entre el evangelio.

Proverbios 18:13 lo resume con sabidurĆ­a:

ā€œAl que responde antes de escuchar, le es fatuidad y oprobio.ā€


4. Pasar tiempo con las personas

JesĆŗs no evangelizaba solo con palabras, sino con presencia.
ComĆ­a con pecadores, caminaba con sus discĆ­pulos, se quedaba en las casas de quienes querĆ­a alcanzar.

Compartir tu historia no se trata solo de predicar, sino de vivir cerca de las personas.
VisitƔ, compartƭ un cafƩ, acompaƱƔ sus procesos.
A veces, la evangelización comienza con un simple:

ā€œĀæCómo estĆ”s realmente?ā€

El amor se demuestra en el tiempo que decidimos invertir en otros.
EclesiastƩs 4:9-10 nos recuerda:

ā€œMejores son dos que uno… porque si caen, el uno levantarĆ” a su compaƱero.ā€

El evangelismo florece en relaciones autƩnticas, no en eventos ocasionales.


5. Servir antes de hablar

JesĆŗs dijo:

ā€œEl Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servirā€ (Marcos 10:45).

El evangelismo comienza con un corazón dispuesto a servir sin esperar nada a cambio.
Un plato de comida, una visita al hospital, una mano extendida en medio de una crisis —todas son oportunidades para reflejar el amor de Cristo antes de decir una palabra.

Cuando servimos, la gente ve a Jesús en acción.
Tu servicio puede ser el primer sermón que alguien escuche.


6. Predicar con tu historia

Cada creyente tiene una historia que contar.
Tal vez no tengas todos los versĆ­culos memorizados ni todas las respuestas, pero nadie puede refutar tu testimonio.

Contale a otros lo que JesĆŗs hizo en tu vida:

  • Cómo te encontró en medio del dolor.
  • Cómo te liberó del miedo o del pecado.
  • Cómo te dio una nueva esperanza.

Las personas necesitan saber que no estÔn solas, que alguien mÔs ha pasado por el valle y encontró la luz.

La mujer samaritana, después de su encuentro con Jesús, corrió a su pueblo diciendo:

ā€œVengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hechoā€ (Juan 4:29).

Ella no dio una lección teológica. Simplemente compartió su historia. Y todo su pueblo fue impactado.


7. Evangelismo que transforma a ambos

Cuando compartƭs tu fe, no solo el otro es transformado: vos tambiƩn crecƩs.
Cada conversación, cada oración por otro, cada acto de servicio te recuerda que la vida cristiana no se trata de ti, sino de reflejar a Cristo.

A veces pensamos que el crecimiento espiritual ocurre solo en la lectura, la oración o la adoración (y claro que son vitales), pero también crecemos cuando vivimos el evangelio en acción.

ā€œEl que saciare, Ć©l tambiĆ©n serĆ” saciado.ā€ (Proverbios 11:25)

El amor que das vuelve a tu vida multiplicado.


8. Superando el miedo a evangelizar

Muchos no comparten su fe por miedo: miedo al rechazo, a no saber quƩ decir o a parecer invasivos.
Pero el evangelismo no es una tarea que hacemos solos.
Jesús prometió:

ā€œY yo estarĆ© con ustedes todos los dĆ­as, hasta el fin del mundo.ā€ (Mateo 28:20)

Ɖl no solo nos envƭa, va con nosotros.
RecordĆ”: no sos responsable de convertir a nadie. Tu parte es sembrar con amor; el EspĆ­ritu Santo se encarga del crecimiento.


9. Un llamado a la acción

QuizƔs hoy Dios te estƔ recordando a alguien: un amigo, un familiar, un compaƱero de trabajo.
No ignores ese impulso.
OrĆ” por esa persona.
BuscĆ” una oportunidad para escucharla, servirla o simplemente contarle tu historia.

PodƩs decir algo tan simple como:

ā€œSĆ© que estĆ”s pasando por un momento difĆ­cil… Āæte puedo contar algo que cambió mi vida?ā€

No necesitƔs ser un predicador, solo alguien que haya sido alcanzado por la gracia.


10. Una fe que se contagia

El evangelismo no es un programa, sino un estilo de vida.
Es vivir de tal manera que otros quieran conocer al Dios que vos conocƩs.
Tus palabras pueden impactar, pero tu testimonio de amor, paciencia y humildad abre puertas donde antes habĆ­a muros.

Cuando amƔs a Dios, inevitablemente vas a amar a las personas.
Y cuando amÔs a las personas, vas a querer compartirles al Dios que cambió tu vida.


šŸ•Šļø Conclusión

El mundo no necesita mÔs discursos sobre religión, sino vidas transformadas que reflejen el amor de Jesús.
No tenƩs que ser perfecto, solo disponible.
Dios puede usar tu historia —con todas tus caĆ­das, luchas y victorias— para tocar el corazón de alguien mĆ”s.

ā€œEstĆ©n siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes, pero hĆ”ganlo con mansedumbre y respeto.ā€
— 1 Pedro 3:15

AsĆ­ que contĆ” tu historia, servĆ­, escuchĆ”, caminĆ” junto a otros…
Y recordÔ: cada vez que compartís a Jesús, Dios también estÔ escribiendo un nuevo capítulo en tu vida.


BibliografĆ­a

Adaptado y tomado con licencia de la revistaĀ LƍDER 625, edición 30, ENSEƑAR LA BIBLIA EN EL SIGLO XXI. PĆ”g.Ā 28.

Por Doug Fields (versión ampliada y adaptada)

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