
por Leslie J. Barner
Como padres, aprendimos de primera mano que uno puede hacer todo bien y las cosas todavĆa pueden salir mal. Cuando una de nuestras hijas adolescentes tomó una decisión insensata cuyas consecuencias eran drĆ”sticas, nuestro mundo quedó de cabeza. Quedamos desolados. Pero en medio de sobrellevar nuestras circunstancias difĆciles, descubrimos que Dios se interesa por cada detalle de nuestra vida, y aun cuando nuestra vida haya sido sacudida hasta lo mĆ”s profundo, su amor por nosotros nunca sufre
alteraciones. Dios entiende que ser padres significa tener, en ocasiones, un corazón quebrantado. Ćl, tambiĆ©n, tiene hijos rebeldes (ver GĆ©nesis 6:5-6).
Si tuvieras el corazón quebrantado por enfrentar circunstancias en tu familia que parecieran abrumadoras, o incluso sin esperanza, te compartimos siete promesas de la Palabra de Dios a las cuales,
como nosotros hemos hecho, podrƔs aferrarte para navegar hacia la esperanza y la sanidad.
- Dios promete estar contigo. Ā«El SeƱor mismo marcharĆ” al frente de ti y estarĆ” contigo; nunca te dejarĆ” ni te abandonarĆ”. No temas ni te desanimesĀ» (Deuteronomio 31:8). Al batallar con las malas decisiones de un hijo, puede que te sientas totalmente solo. Pero nunca estĆ”s solo. Sean cuales fueran los desafĆos que enfrentes, puedes confiar en esto: Dios estĆ” contigo. Ćl nunca quita la mirada de sus hijos. Aun cuando te preguntes cómo empezar a recoger los pedazos cuando las cosas estĆ”n tan mal, Dios estĆ” presente ⦠amĆ”ndote mĆ”s allĆ” de nuestra comprensión y sosteniendo tu vida.
- Dios promete librarte de la desesperación. Ā«El SeƱor estĆ” cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espĆritu abatido. Muchas son las angustias del justo, pero el SeƱor lo librarĆ” de
todas ellasĀ» (Salmo 34:18-19).
Luego de enterarse de las malas decisiones de un hijo, puede que los padres batallen con la desesperanza y un fuerte sentido de fracaso. Podemos quedar abatidos y llenos de remordimientos, pensando «si tan solo ⦠»,y preguntÔndonos dónde nos equivocamos.
Librar una guerra contra nuestro propio corazón solo produce mĆ”s dolores. Es como meternos en un abismo oscuro. Pero afortunadamente, incluso allĆ no podemos escondernos de Dios (ver Salmo 139:7, 10). Podemos confiar en que Ć©l nos librarĆ” de la desesperación. Al rendir nuestras circunstancias ante Ć©l, nuestro corazón puede ser restaurado. - Dios promete darte paz. «”TĆŗ guardarĆ”s en perfecta paz a todos los que confĆan en ti; a todos los que concentran en ti sus pensamientos!Ā» (IsaĆas 26:3, NTV).
Cuando viene la tormenta, es fĆ”cil sentirnos abrumados. PodrĆamos preguntarnos «¿Cómo ocurrió esto? ĀæQuĆ© vamos a hacer? ĀæDe quĆ© modo lograremos pasar por esto?Ā». Cuanto mĆ”s giremos en tomo a nuestras circunstancias, mĆ”s nos hundiremos. Pero si, en cambio, nos enfocamos en la grandeza de Dios, podemos comenzar a experimentar su paz. - Dios promete darte fuerzas. Ā«Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustiaĀ» (Salmo 46:1).
Requiere una gran dosis de fortaleza formar hijos en un mundo lleno de pecado, como el nuestro. Confiar solo en nosotros mismos puede hacer que nos cansemos y desalentemos, en especial cuando nuestro hijo nos decepciona. Pero Dios no nos llamó a esta maravillosa tarea en nuestra propia fuerza; nos llama a depender de Ć©l. En Ć©l podemos hallar la fortaleza para enfrentar nuestras circunstancias. Podemos hallar la fuerza para amar, perdonar Y animar a un hijo rebelde, y seƱalarle el camino de regreso a Cristo. - Dios promete honrar la humildad. Ā«HumĆllense delante del SeƱor, y Ć©l los exaltarÔ» (Santiago 4:10).
La verdadera humildad permite que otros vean a Dios en nosotros aunque enfrentemos los desafĆos mĆ”s grandes. A su vez, esta actitud hace que otros se sientan libres de compartir con honestidad sobre sus propias circunstancias. Esta clase de humildad facilita que la comunidad cristiana funcione segĆŗn el propósito de Dios: amarse mutuamente, llevar las cargas de los demĆ”s, perdonarse y ayudarse mutuamente (ver Efesios 4:2). - Dios promete darte sabidurĆa. Ā«ConfĆa en el SeƱor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Ć©l allanarĆ” tus sendasĀ» (Proverbios 3:5-6).
Al enfrentar circunstancias difĆciles con un hijo, detĆ©n tus pasos y pregĆŗntate: «¿He reconocido a Dios en estas circunstancias o confĆo en mis propios planes e ideas?Ā». Queremos hacer lo correcto, decir las palabras adecuadas, tomar las decisiones apropiadas, guiar a .nuestro hijo por la senda recta, pero en nuestra debilidad y dolor como humanos, podemos equivocarnos por
completo. Necesitamos buscar la sabidurĆa de Dios. - Dios promete darte esperanza para un futuro mĆ”s radiante. Ā«Pero los planes del SeƱor quedan firmes para siempre; los designios de su mente son eternosĀ» (Salmo 33:11).
Cuando un hijo toma malas decisiones, los padres pueden perder la esperanza de un buen futuro. Pero Dios nunca se rinde; en Ʃl siempre hay esperanza. Piensa en ello. Al considerar tus propios
desafĆos como padre, recuerda que no hay nada Imposible para Dios (ver JeremĆas 32:17
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