LA OBRA DEL ESPIRITU SANTO EN RELACION CON EL MUNDO EN GENERAL (Parte 2)
2. En relación con la humanidad en su totalidad.
2.1. El EspĆritu Santo da testimonio de la obra redentora de Cristo.
El plan y el mĆ©todo de salvación de Dios es atestiguado por el EspĆritu Santo. Nadie lo sabrĆa mejor que el EspĆritu Santo.
El Dios de nuestros padres levantó a JesĆŗs, a quien ustedes mataron colgĆ”ndolo de un madero. A Ć©ste, Dios ha exaltado con su diestra por PrĆncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y tambiĆ©n el EspĆritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen (Hch. 5:30ā32).
2.2. El EspĆritu Santo convence al mundo de pecado, justicia y juicio.
āY cuando Ć©l venga, convencerĆ” al mundo de pecado, de justicia, y de juicioā (Jn. 16:8).
En versiones diferentes se utilizan distintas palabras para āconvencerā, tales como: dar convicción, exponer y redargüir.
Alguien ha declarado: āEstas tres cosas son las mĆ”s difĆciles de inculcar en cualquier ser humano, porque Ć©ste siempre intentarĆ” justificarse con alguna excusa para sus acciones malignas, pidiendo una escala relativa de normas Ć©ticas en lugar de justicia absoluta, o asumiendo que el juicio es indefinidamente diferido y que por lo tanto no hay una verdadera amenaza.ā
2.2.1. āDe pecado, por cuanto no creen en mĆā (Vs. 9)
AquĆ hay algo que es imposible que el hombre logre. Nadie puede producir convicción en el corazón de otro. Sólo el EspĆritu Santo puede vencer la ceguera y el engaƱo del pecaminoso corazón humano y hacer que un hombre se dĆ© cuenta de la grandeza de su propia iniquidad. Note el pecado particular del cual el EspĆritu Santo traerĆ” convicción. No es el pecado de robar, o de borrachera o de adulterio. La conciencia darĆ” convicción al hombre de que tales cosas son incorrectas, pero el EspĆritu Santo es el que da convicción de un pecado del cual la conciencia nunca convencerĆa; el pecado de incredulidad. āDe pecado, por cuanto no creen en mĆ ā¦ā (Jn. 16:9).
La incredulidad en Jesucristo es el mÔs grande de todos los pecados. Causa el rechazo del único medio de perdón de Dios, y trae toda la condenación de cada pecado sobre el que uno fracasa en apropiarse de la salvación de Cristo mediante la fe. Como George Smeaton lo ha dicho tan apropiadamente:
El pecado de incredulidad estĆ” descrito aquĆ, con toda la enorme culpa ligada a Ć©l, como el rechazo de la propuesta de reconciliación, como el supremo principal pecado porque es un pecado contra el remedio, tan pecaminoso en sĆ, que previene la remisión de los demĆ”s pecados ⦠todos los otros pecados, originales y reales, con toda su culpa, son remisibles mediante la fe en Cristo. Pero Ć©ste pecado involucra el rechazo del remedio provisto por gracia; y la incredulidad final no tiene nada que interponer entre el pecador y la justa condenación ⦠El pecado de incredulidad es descrito aquĆ como si fuera el Ćŗnico pecado, porque, segĆŗn el comentario de Agustino, mientras continĆŗa, todos los demĆ”s pecados son retenidos y cuando Ć©ste parte, todo los demĆ”s pecados son remitidos.1
2.2.2. āDe justicia, por cuanto voy al Padre, y no me verĆ©is mĆ”sā (Vs 10)
La justicia de la cual el EspĆritu trae convicción no es la justicia humana, sino la justicia de Cristo. La justicia de Cristo estĆ” atestiguada por el hecho que Ćl fue levantado de los muertos y ascendió al Padre. Si hubiera sido un impostor, como insistĆa el mundo religioso al rechazarlo, el Padre no lo hubiera recibido. El hecho de que el Padre sĆ lo exaltó a su propia diestra, demuestra que Ćl es completamente inocente de todas las acusaciones puestas en su contra. AdemĆ”s, prueba que Ćl habĆa pagado el precio completo por lo pecados del creyente que habĆan sido puestos sobre Ćl. Nuevamente, Smeaton declara:
Convencer al mundo de justicia debe significar que el EspĆritu da evidencia convincente, no meramente que su causa fue buena, y que Ćl era inocente, sino tambiĆ©n que en Ćl se encuentra la justicia que el mundo necesita, la justicia imputada que fue provista para nosotros por gracia y se hace nuestra por la fe.
Su regreso al Padre dio evidencia de que Ćl habĆa enteramente finalizado la tarea por la cual habĆa sido enviado al mundo, aquella de proveer justicia para aquellos que creerĆan en Ćl.
2.2.3. āDe juicio, por cuanto el prĆncipe de este mundo ha sido ya juzgadoā (Vs. 11)
El mundo es culpable al rechazar creer en Cristo; su condenación es atestiguada por la justicia de Cristo exhibida en su regreso al Padre; por lo tanto, no le espera sino juicio. La demostración mĆ”s grande de juicio es que el prĆncipe de este mundo serĆ” juzgado. āAhora es el juicio de este mundo; ahora el prĆncipe de este mundo serĆ” echado fueraā (Jn. 12:31). Si Cristo va a juzgar al prĆncipe de este mundo, entonces todos los que le siguen serĆ”n asimismo juzgados.
Es importante que todo cristiano se dĆ© cuenta de cómo este ministerio de convicción del EspĆritu Santo es logrado. El EspĆritu Santo no opera en esta capacidad mediante la atmósfera. Ćl ministra mediante creyentes llenos del EspĆritu Santo. JesĆŗs dijo, āSi yo no me fuere, el Consolador no vendrĆa a ustedes; mas si me fuere, yo lo enviarĆ©. Y cuando Ć©l venga, convencerĆ” al mundo de pecado, de justicia, y de juicioā (Jn. 16:7, 8). Esto enfatiza la importancia que cada creyente viva una vida llena del EspĆritu.
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