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Doctrina Bíblica 5 (2023)

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  1. PRESENTACIÓN

    Sílabo
  2. LECCIONES
    1) La obra del Espíritu Santo en el mundo y en relacion con Cristo.
    4 Temas
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    1 Cuestionario
  3. 2) La obra del Espíritu Santo en el creyente.
    4 Temas
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    1 Cuestionario
  4. 3) El Ministerio del Espíritu Santo.
    3 Temas
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    1 Cuestionario
  5. 4) El Fruto del Espíritu.
    4 Temas
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    1 Cuestionario
  6. 5) El Bautismo del Espíritu Santo.
    5 Temas
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    1 Cuestionario
  7. 6) Los Dones del Espíritu.
    5 Temas
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    1 Cuestionario

Cuestionarios

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1. Él levantará los cuerpos de los creyentes en el día final.

Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús habita en ustedes, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también sus cuerpos mortales por su Espíritu que mora en ustedes” (Romanos 8:11)

El cuerpo humano es una parte definitiva e importante del ser humano, y está incluido en la redención de Cristo (Rom. 8:23). Como Cristo fue levantado de los muertos, y ahora vive en un cuerpo glorificado, así también cada creyente, que muere en Cristo, experimentará una resurrección similar. Esto es atribuido a la morada interna del Espíritu Santo. No entendemos el misterio, pero se nos dice aquí que el Espíritu Santo “vivificará” o “hará vivo” nuestro cuerpo mortal.

Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Filipenses 3:20, 21)

2. El Espíritu Santo nos da un gozo anticipado de esta resurrección al sanar nuestros cuerpos mortales.

La expresión “vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu” parece prometer que ahora mismo el Espíritu Santo trae fuerzas y sanidad al creyente. Efesios 1:13, 14 dice que el Espíritu Santo es un anticipo, como una garantía de nuestra herencia con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios.” Por lo tanto, la promesa, o el gozo anticipado de la vida resucitada, es la sanidad de nuestro cuerpo mortal ahora. Pablo habla de esta vida de resurrección como siendo manifestada “en nuestro cuerpo mortal” (II Corintios 4:10, 11)

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