1. El creyente es nacido de nuevo del Espíritu Santo.
Jesús dijo a Nicodemo, “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:5,6).
Adán perdió la vida espiritual cuando pecó. Muchos creen que perdió la morada interior del Espíritu Santo. Dios había advertido que la muerte seguiría a la desobediencia a su palabra (Gn. 2:17) y, como resultado de su pecado, Adán quedó en oscuridad espiritual.
¿Cuál es el resultado de la falta del Espíritu Santo en el hombre no regenerado?
- En relación con el entendimiento, el inconverso no puede saber las cosas del Espíritu de Dios (I Cor. 2:14)
- En relación con la voluntad, no puede ser sujeto a la ley de Dios (Rom. 8:7)
- En relación con la adoración, no puede llamar a Jesús “Señor” (I Cor. 12:3)
- En lo que respecta a lo práctico, no puede agradar a Dios (Rom. 8:8)
- Con respecto al carácter, no puede dar fruto espiritual (Jn. 15:4)
- Con respecto a la fe, no puede recibir el espíritu de verdad (Jn. 14:17).
Esta nueva vida espiritual es impartida al creyente mediante el Espíritu Santo que mora en él.
“Pero ustedes no viven según las intenciones de la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” (Romanos 8:9)
“Una de las definiciones más completas de lo que es un cristiano, consiste en que en él mora el Espíritu Santo. Su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, y en virtud de dicha experiencia es santificado, así como el tabernáculo fue consagrado como la morada de Jehová.”
“¿Acaso ignoran que el cuerpo de ustedes es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, y que recibieron de parte de Dios, y que ustedes no son dueños de sí mismos?” (1 Corintios 6:19)
Esto no debe ser confundido con el bautismo del Espíritu Santo, que es un derramamiento del Espíritu posterior a la salvación. El bautismo no es la impartición de la vida espiritual, sino de poder para el servicio espiritual.
2. El Espíritu Santo da testimonio al creyente de ser hijo.
“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16).
Es importante notar en este versículo que el Espíritu es el que toma la iniciativa. Él es el que da testimonio dentro del corazón del creyente. Esto no es sólo un sentimiento interior. Es el testigo divino de una nueva relación llevada a cabo por el Espíritu Santo; y cuando es lograda, Él es quien testifica de su realidad.
3. El Espíritu Santo bautiza al creyente en el cuerpo de Cristo.
“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres …” (I Corintios 12:12,13)
Aquí no se está refiriendo al bautismo con el Espíritu que los ciento veinte recibieron en el día de Pentecostés.
El bautismo del que se habla es conducido por el Espíritu Santo, y tiene que ver con la posición del creyente en Cristo. Nos enseña que todo creyente es hecho miembro del cuerpo de Cristo, la iglesia, mediante una operación del Espíritu Santo llamado bautismo.
Los creyentes cristianos son bautizados “en Cristo.” Bautismo significa muerte, sepultura y resurrección. Se dice que el pecador es bautizado en el cuerpo de Cristo porque por la fe toma el lugar de la muerte con Cristo en el Calvario, y se levanta con vida nueva en unión con Cristo. El bautismo en agua es un símbolo exterior de aquello que en realidad es logrado por el Espíritu Santo.
4. El Espíritu Santo sella al creyente.
“Y no contristen al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sellados para el día de la redención” (Efesios 4:30).
El sello del creyente trae al pensamiento la idea de posesión. Cuando somos salvos, Dios coloca su sello de dominio sobre nosotros.
El sello de posesión de Dios a sus santos es la presencia del Espíritu Santo morando en sus corazones. Esta es la garantía o contrato de que somos suyos, hasta el día cuando Él regrese a tomarnos para sí mismo.
“Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Timoteo 2:19a)
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