La obra del Espíritu Santo posterior a la Salvación
Hemos estudiado el papel tan importante que el Espíritu Santo ocupa en la salvación de un alma, y nos hemos dado cuenta de que sin este ministerio nadie podría llegar a ser un hijo de Dios. Sin embargo, después de que el corazón humano ha sido regenerado por el Espíritu de Dios y la vida de Cristo ha sido impartida, el Espíritu Santo no se retira. Él es el secreto de la fuerza y progreso de la nueva vida espiritual.
1. El creyente es santificado por el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo tiene una parte integral y vital en esta fase del desarrollo cristiano.
“Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo …” (1 Pedro 1:2; vea también 2 Tesalonisenses. 2:13).
La santificación tiene dos fases:
- la primera consiste en ser separados para el Señor.
- y la segunda consiste en limpieza necesaria y continua.
El pasaje recién citado enfatiza que la salvación, es mediante la elección del Padre, la separación o santificación del Espíritu Santo, el rociado de la sangre de Jesucristo, y el creer en la verdad de la palabra de Dios. El mundo, la carne y el Diablo están siempre presentes en el diario andar del cristiano. Por lo tanto, un creyente no puede sostenerse fuera de la fuerza diaria impartida por el Espíritu Santo. El cristiano disfruta de este ministerio de gracia al creer en la palabra de Dios y al rendirse al Espíritu Santo.
2. El creyente se capacita para humillar la carne mediante el Espíritu Santo.
Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz … Pero ustedes no viven según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en ustedes … Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, pero el espíritu vive a causa de la justicia … Así que, hermanos, deudores somos, conforme a la carne; porque si viven conforme a la carne, mirarán; pero si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán (Romanos 8:5–13).
Pablo nos dice que es imposible hacer la voluntad de Dios con la mente carnal:
“… porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:7,8)
Es el Espíritu Santo quien nos capacita para humillar, hacer morir a la carne y vivir victoriosamente en el Espíritu. Hacemos morir las obras de la carne al reconocer al viejo hombre crucificado con Cristo (Rom. 6:11), y al elegir el andar bajo la guía y el poder del Espíritu Santo.
3. El Espíritu Santo transforma al creyente a la imagen de Cristo.
Este pensamiento también tiene que ver con la influencia santificadora del Espíritu Santo al transformar la naturaleza de los hijos de Dios.
“Por tanto nosotros todos, mirando a cara descubierta como un espejo de gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18)
Lo asombroso es que mientras nosotros reflejamos la gloria del Señor y otros la ven, algo ocurre dentro de nuestra vida. Somos cambiados (literalmente la palabra es “trasformados”) por la operación del Espíritu Santo a la misma imagen de Cristo que estamos esforzándonos por reflejar. Si mantenemos nuestro enfoque en Jesús, la impresión de su imagen va a ser implantada sobre nuestras propias vidas mediante el ministerio interior del Espíritu Santo.
4. El Espíritu Santo fortalece al creyente y le revela a Cristo con mayor intensidad.
"Para que les dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu [¿con cuál propósito?] para que habite Cristo por la fe en sus corazones, a fin de que arraigados y cimentados en amor, sean plenamente capaces de comprender con todos los santos cual sea la altura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que sean llenos de toda plenitud de Dios" (Efesios 3:16–19)
Lo que Jesús tuvo en mente cuando dijo sobre el Espíritu Santo, “El me glorificará” (Jn. 16:14), está expresado en los versículos anteriormente citados. ¿Quién sino el Espíritu de Dios podría capacitamos para comprender tales revelaciones de gracia sobre la persona y naturaleza de nuestro maravilloso Señor? Este ministerio de revelación que el Espíritu Santo ejerce sobre la mente renovada del creyente es con el propósito de traerlo al lugar donde este puede ser lleno de toda la plenitud de Dios” (Ef. 3:19). A medida que Él revela estas cosas es que el creyente experimenta el deseo de tenerlas, y entonces la fe y el deseo se extienden para poseerlas.
5. El Espíritu Santo guía a los hijos de Dios.
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Rom. 8:14). “Pero si son guiados por el Espíritu, no están bajo la ley” (Gálatas 5:18)
“El los guiará”, Jesús dijo del Espíritu Santo (Juan 16:13).
Uno de los privilegios más grandes de los hijos de Dios es el de ser guiados por el Espíritu Santo. ¡Que bendición es tener a un guía que conoce todo lo que hay por delante! El Espíritu Santo es una persona, y su guía convierte nuestra vida en un viaje personalmente conducido por Él. Y no solamente el Espíritu Santo guía a los hijos de Dios, sino que les capacita y da poder a cada uno para andar por sus caminos.
6. El Espíritu Santo ejecuta el oficio de Consolador.
En cuatro pasajes de la escritura en el Evangelio de San Juan, Jesús se refiere al Espíritu Santo como el Consolador. Los pasajes son 14:16–18; 14:26; 15:26; y 16:7–15. Este tema será tratado más adelante en detalle.
7. El Espíritu Santo produce fruto en la vida del creyente.
El tema del fruto del Espíritu será tratado en detalle en otra sección más adelante.
Comentarios