“Él les enseñará todas las cosas” (Jn. 14:26).
1. Él nos guía a la verdad.
“El los guiará a toda la verdad” (Jn. 16:13).
La obra del Espíritu es guiar a toda la verdad. La mitad de la verdad es a veces peor que la ignorancia. Cristo desea que lleguemos a un pleno conocimiento de toda verdad divina relacionada con la redención y la gloria de Dios.
El Espíritu Santo guía a la verdad de la palabra de Dios, revelando el significado escondido, haciendo claras sus enseñanzas, y causando que aún los pasajes más familiares irradien nueva belleza y significado. La razón es que el lector necesita que alguien le enseñe y le guíe a sus verdades, dado a que la Biblia es un libro espiritual. (Vea Hch. 8:30, 31; Lc. 14:35; I Cor. 2:14.) ¿Quién puede guiar mejor que aquel que inspiró a sus escritores?
Note la ignorancia de los discípulos antes de que fueran llenos con el Espíritu Santo. Ellos fracasaron en comprender lo que Jesús quería decir cuando se refirió a “la levadura de los fariseos y de los saduceos” (Mt. 16:6–11). No podían entender el significado de sus parábolas (Mr. 4:10). Fracasaron en percibir a lo que Jesús se refería cuando habló de la muerte de Lázaro como un sueño (Jn. 11:11–14). Ignoraron completamente la verdad concerniente a su resurrección (Jn. 20:9).
Sin embargo, después del día de Pentecostés fueron hombres diferentes, dando exposiciones maravillosas de pasajes del Antiguo Testamento, estando perfectamente familiarizados con sus significados. Ahora podían entender enteramente lo bíblico de su resurrección (Hch. 2:25–31). Antes de Pentecostés, no podían entender que Jesús debía sufrir; pero ahora si entendían las profecías del Antiguo Testamento acerca de su crucifixión (Hch. 4:25–28). Muchos de los mensajes que predicaron fueron nada más que exposiciones de pasajes del Antiguo Testamento (Hch. 2:16–21; 3:12–26; 7:2–53). ¡Qué maravillosa profundidad tenían ahora en la verdad!
2. Él actúa como boca de Dios para revelar su palabra y deseos.
“Hablará todo lo que oyere” (Jn. 16:12, 13).
2.1. Las Escrituras:
Esto se refiere probablemente, en su aplicación más amplia, al Espíritu Santo inspirando a hombres escogidos para escribir las escrituras del Nuevo Testamento. Pablo declara que él recibió las maravillosas verdades contenidas en sus epístolas por revelación (Gál. 1:12–16; Ef. 3:3–5). Sin duda esto fue logrado mediante el ministerio del Consolador, el Espíritu de verdad.
2.2. Revelación personal:
También Él habla individualmente a los corazones cristianos revelando lo que Dios querría que cada uno hiciere en su servicio para el Señor. Note cómo el Espíritu guió a Felipe a unirse con el eunuco etíope, para que lo llevara a Cristo (Hch. 8:26–29). Vea también al Espíritu Santo guiando a Pablo respecto a dónde debería ministrar (Hch. 16:6–10).
3. Él revela lo que aún ha de venir.
“Les hará saber las cosas que habrán de venir” (Jn. 16:13).
3.1. Las bendiciones posteriores en nuestra vida espiritual.
Primera de Corintios 2:9–12 habla de las cosas posteriores para el hijo de Dios que éste jamás se ha imaginado. Esto se refiere a la plenitud de la gloriosa redención que es en Cristo Jesús. Pablo declara: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu …” (I Cor. 2:10). Hay también maravillosas verdades espirituales en relación con el Señor que todavía no han sido entendidas, y que Pablo ora que puedan ser conocidas (Ef. 1:17–21). El Consolador continuamente mueve el corazón de cada creyente a un mayor intento por buscar la plenitud de Dios.
3.2. Verdad dispensacional.
El Espíritu Santo dará testimonio a los que oyen, en cuanto a lo que hay en el futuro para el mundo y la iglesia, haciendo claras las escrituras proféticas (Am. 3:7; Gn. 18:17). Cada uno debe ser cuidadoso, sin embargo, de que ninguna revelación personal sea aceptada si no está perfectamente de acuerdo con las enseñanzas de Jesús y la palabra de Dios escrita. El Paracleto no tiene ninguna enseñanza independiente. Que nadie diga que el Espíritu ha revelado algo que está en conflicto con las enseñanzas claras de Cristo. Seamos precavidos de cualquiera de los tales llamados “nuevos” movimientos del Espíritu Santo donde se dice que las enseñanzas de Cristo están fuera de época o regidas por nuevas revelaciones. Ninguna enseñanza que minimiza a la palabra de Dios procede del Espíritu Santo.
3.3. Lo que hay en el futuro del creyente.
Cuando Dios escoge a ciertos hombres para tareas específicas, su llamado llega a los corazones por el Espíritu Santo. Muchas veces hará saber ciertas cosas que se encuentran en el futuro y lo prepara para eventualidades imprevistas. Agabo fue enviado por el Espíritu Santo para decirle a Pablo de los peligros que se encontraban delante de él en Jerusalén (Hch. 21:10, 11); y así Pablo fue fortificado y preparado para el conflicto venidero. Es importante que el cristiano sea sensible a la guía del Espíritu Santo con relación a estas cosas.