C. EL ESPÍRITU SANTO REVELA A JESÚS Y REDARGUYE AL MUNDO
“Él dará testimonio acerca de mí” (Jn. 15:26); “El me glorificará” (Jn. 16:14). Estas promesas de Cristo fueron ciertamente cumplidas en la iglesia primitiva, y se cumplen cada vez que el ministerio del Espíritu Santo es honrado. En cualquier momento que el Espíritu esté moviéndose poderosamente dé por seguro que Jesús está siendo glorificado poderosamente. Mediante la operación del Espíritu Santo hay una revelación triple de Jesucristo.
1. Cristo es revelado al creyente por el Espíritu Santo.
“Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío y os lo hará saber” (Jn. 16:14–15).
Nadie conoce a Jesús como el Espíritu Santo. Él estuvo con Cristo a través de las eternidades y a través de su ministerio terrenal, aún hasta su sacrificio sobre la cruz. Como el siervo de antaño le dijo a Rebeca de Isaac, el novio desconocido (Gn. 24:33–36), así también el Espíritu Santo revela las glorias del novio celestial del cristiano.
2. Cristo es revelado en el creyente por el Espíritu Santo.
“Pero cuanto agradó a Dios que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles …” (Gál. 4:19; vea también Ef. 4:14; II Cor. 3:18).
Uno de los grandes propósitos de la salvación es restaurar al hombre a la imagen de Dios de la cual cayó por el pecado. Después de la conversión, el Espíritu Santo busca modelar el nuevo bebé en Cristo a la imagen del mismo Cristo e implantar su semejanza dentro de su corazón. El fruto del Espíritu (Gál. 5:22–23) es una descripción del carácter de Cristo, que a medida que se hace notorio en el creyente, va creciendo a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef. 4:13).
3. Cristo es revelado a través del creyente por el Espíritu Santo.
“No hablará por su propia cuenta … él me glorificará” (Jn. 16:13, 14).
El Espíritu Santo nunca se magnifica a sí mismo ni al vaso humano mediante el cual opera. El vino a magnificar la persona y el ministerio de Jesucristo. Cada vez que logra su objetivo, Cristo y ningún otro es exaltado. Note el corazón del mensaje de Pedro en el día de Pentecostés: “Sepa pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hch. 2:36). Note lo que dice Saulo bajo la dirección del Espíritu Santo: “En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios” (Hch. 9:20).
En el tiempo del Antiguo Testamento Dios era manifestado mediante la ley y los profetas. En los días de su carne, Jesús fue la manifestación de Dios al mundo. Ahora Dios se manifiesta mediante la revelación del Espíritu Santo de Cristo por medio de vasos humanos.
4. El Espíritu Santo redarguye al mundo
“De pecado por cuanto no creen en mí; de justicia por cuanto voy al Padre y no me veréis más; de juicio por cuanto el príncipe del mundo ha sido juzgado” (Jn. 16:9–11).
Hemos estudiado esta fase del ministerio del Espíritu Santo en una lección previa. (Vea lección I. “La Obra del Espíritu Santo”, sección A. 2.2”: “El Espíritu trae convicción …”)