En Juan 15:1ā8, JesĆŗs nos enseƱa la importancia y los secretos de llevar fruto. Este pasaje habla de aquel que āno lleva frutoā y el āechado fuera como pĆ”mpano, y se secarĆ”ā (Vs 6). Se dice de otro que lleva āfrutoā, āmĆ”s frutoā, y āmucho fruto.ā Este fruto al que se refiere es, sin duda, el fruto del EspĆritu, la verdadera esencia de la vida espiritual.
El primer secreto para llevar fruto es permanecer en Cristo.
āPermanezcan en mĆ, y yo en ustedes. Como el pĆ”mpano no puede llevar fruto por sĆ mismo, si no permanece en la vid, asĆ tampoco ustedes, si no permanecen en mĆ. Yo soy la vid, ustedes los pĆ”mpanos; el que permanece en mĆ, y yo en Ć©l, Ć©ste lleva mucho fruto; porque separados de mĆ nada pueden hacerā (Vs 4, 5).
El llevar fruto es el resultado de la vida en Cristo; la vid, fluyendo por el pĆ”mpano en la vida del creyente. JesĆŗs dijo, āSeparados de mĆ [lit. āApartados de mĆā o āsin mĆā nada podĆ©is hacerā (Vs 5). Por lo tanto, el pĆ”mpano debe permanecer en la vid.
Es importante darse cuenta de que el fruto del EspĆritu en la vida del creyente no es directamente el resultado del bautismo con el EspĆritu. Todo creyente tiene al EspĆritu Santo morando en Ć©l, y a medida que Ć©ste continĆŗa permaneciendo en Cristo experimentarĆ” el fruto del EspĆritu en su vida. Ciertamente, uno que estĆ” ālleno del EspĆritu Santoā experimentarĆ” āfrutoā, āmĆ”s frutoā y āmucho frutoā en su vida; pero de nuevo, esto viene de permanecer en Cristo. El hecho de que todo creyente puede tener el fruto del EspĆritu en su vida explica el por quĆ© algunos cristianos profundamente espirituales nunca han dado evidencia de haber recibido una experiencia pentecostal. El fruto no viene como resultado del bautismo con el EspĆritu, sino de permanecer en Cristo.
Esto tambiĆ©n explica por quĆ© algunos, que han recibido el bautismo con el EspĆritu, pueden no estar manifestando las cualidades del fruto del EspĆritu. Muchos de los que son bautizados con el EspĆritu fracasan en continuar en una vida llena de la plenitud del EspĆritu. Muchos de los gĆ”latas, al igual que algunos de los corintios, que habĆan recibido la unción pentecostal, estaban al mismo tiempo vacĆos de amor. HabĆan experimentado la plenitud en un tiempo, pero no estaban viviendo en la plenitud.
Nosotros erramos en suponer que el ser bautizado con el EspĆritu Santo en una sola experiencia, es la adquisición mĆ”xima de la vida cristiana. La adquisición que corona es una vida diaria llena del EspĆritu, abundante en el fruto del EspĆritu. Si el EspĆritu que mora en nosotros estĆ” angustiado y apagado, si caminamos en la carne en vez del EspĆritu, podemos esperar una vida sin fruto. Este tema serĆ” ampliado mĆ”s adelante en este estudio.
Es tremendamente importante darse cuenta de la necesidad de permanecer en Cristo. āTodo pĆ”mpano que en mĆ no lleva fruto, lo quitarĆ”ā (Vs 2). Esto se refiere a cristianos o los que una vez se convirtieron en tales y no solamente a creyentes profesantes. La expresión āen mĆā muestra claramente que algunos de los que son quitados por fracasar en producir fruto fueron originalmente verdaderos pĆ”mpanos en la vid. Eran pĆ”mpanos, pero no se mantuvieron en contacto con la fuente de vida por suficiente tiempo para llevar fruto.
Note que es el pĆ”mpano el que se quita, no el fruto. El versĆculo cinco dice: āustedes los pĆ”mpanosā La gente que dice que son āuna vez salvos, siempre salvosā les gustarĆa que creyĆ©semos que Dios rechaza sólo el āfrutoā del apóstata, pero no al hombre mismo. No obstante, la palabra dice que el pĆ”mpano reprobado es removido y echado en el fuego, porque no lleva fruto. No es irrazonable esperar que el creyente lleve fruto dado a que es Dios quien provee los elementos para ello. El creyente tiene una sola responsabilidad, que es el permanecer en Cristo. El fruto es el producto natural del permanecer. Sin embargo, si uno no permanece, no lleva fruto, consecuentemente es echado fuera.
El segundo secreto para llevar fruto, que JesĆŗs no da en el capĆtulo quince de Juan, se encuentra en el versĆculo dos: āTodo pĆ”mpano ⦠que lleva fruto, lo limpiarĆ”, para que lleve mĆ”s fruto.ā Esto sugiere el proceso de podar. Todo pĆ”mpano que no lleva fruto es echado fuera, pero el pĆ”mpano que sĆ lleva fruto es podado para que lleve aĆŗn mĆ”s fruto. El proceso de podar en la vida de un cristiano sincero nunca es fĆ”cil. Podar sugiere disciplinar, y ā⦠ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero despuĆ©s da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitadosā (Heb. 12:11).
Las hojas pueden ser muy hermosas, pero los Ć”rboles a los que se les deja crecer hojas en exceso rara vez producen mucho fruto. Algunas veces el SeƱor debe cortar algunas de las āhojasā de indulgencia personal de la vida del cristiano para que pueda llevar āmĆ”s frutoā, y aĆŗn āmucho fruto.ā Para que no tenga una tendencia a alejarse de esta disciplina en su vida, y que el creyente pueda recordar que JesĆŗs dijo, āMi Padre es el labradorā (Jn. 15:1). Ćl es quien poda, el que emplea las tijeras de podar. Seguramente podemos confiarnos a su amante cuidado.
¿Qué significa permanecer en Cristo?
Al contestar esta pregunta, tenga en mente la figura de la vid y los pĆ”mpanos. El pĆ”mpano es una parte integral de la vid. Crece de ella, y nunca debe ser cortado de la vid; nada se debe interponer entre el pĆ”mpano y la fuente de su vida. Considerando la relación del creyente con Cristo, esto significarĆa una comunión inviolable con Ćl. Esta relación es sostenida primeramente por una fe no vacilante en lo que Cristo ha hecho por Ć©l, y lo que Ć©l es en Cristo. El creyente debe regocijarse continuamente en la gracia salvadora de Jesucristo y estar constantemente consciente de que estĆ” redimido, justificado, que ha nacido a la familia de Dios, ha sido colocado como hijo y hecho heredero y coheredero con Jesucristo. Como resultado de estas gloriosas percepciones, se mantendrĆ” entonces en constante agradecimiento y adoración, comunión en oración, y comunión consciente con el SeƱor. HabrĆ” un intento honesto, de siempre ceder al EspĆritu Santo que habita en Ć©l, de obedecer sus mandatos, y de caminar en su voluntad. El debe āvivir por el EspĆrituā (GĆ”l. 5:25), ser āguiado por el EspĆrituā (GĆ”l. 5:18), y āandar en el EspĆrituā (GĆ”l. 5:16, 25).